Espectáculos
16.06.2010
Empleo para jóvenes, un proyecto innovador que combina capacitación e inserción laboral
En combinación con esfuerzos estatales o exclusivamente bajo la bandera de la iniciativa privada, diversos proyectos destinados a mejorar la empleabilidad de los sectores más vulnerables.
Por:
INFOnews
Por Héctor Medina
En ese marco, el proyecto Programar, impulsado por la Fundación Desarrollar, apunta a capacitar e insertar en el competitivo marco del sector tecnológico a jóvenes de entres 17 y 25 años con secundario completo, y pertenecientes a familias de bajos recursos.
El proyecto “apunta no sólo a la formación técnica sino también al desarrollo personal, el trabajo en equipo y el desarrollo general de facultades que permitan a los jóvenes insertarse en el mercado laboral de manera adecuada, potenciando sus posibilidades”, aseguran desde la Fundación Desarrollar.
El programa consiste en 520 horas de capacitación, distribuidos en módulos de: Desarrollo Profesional, Desarrollo Humano, Capacitación Técnica, Inglés Técnico, Acompañamiento de Equipo con Tutores y talleres para la inserción laboral.
El proyecto se encuentra en plena expansión, ya que, luego de una etapa “piloto” en la Ciudad de Buenos Aires, se afincó en la Universidad Nacional de La Matanza, para incorporar un centro en el barrio del Abasto junto con Fundación IRSA, y próximamente incorporará dos centros más en la ciudad de Córdoba y en la provincia de Salta. Asimismo, están próximos a inaugurar otras dos sedes en los barrios de Barracas y Chacarita.
Al respecto, el director de Desarrollo Institucional, Luis María Bullrich, reseñó que “el proyecto nació en 2007 como una iniciativa de responsabilidad social del Banco Industrial, arrancó con una prueba piloto en la escuela ORT en su sede de Yatay, con un formato diferente pero que nos sirvió para ir testeando procesos y sacar varias conclusiones”.
Sobre la forma en la que fue creciendo el proyecto, Ignacio Dodero, director ejecutivo, dijo que “de 2007 a 2008 mantuvimos la cantidad de chicos, y pasó de ser un curso anual de dos veces por semana a un curso más concentrado. En el 2008 pasó a ser full time y se modificó la currícula a otras tecnologías más demandadas por el mercado”.
Agrega Dodero que “pasamos de un curso de 250 a 400 horas, y otro cambio fuerte se dio con la parte logística, porque en la ORT de Yatay recibíamos a chicos de Capital Federal y el conurbano bonaerense. Cerramos esa sede y abrimos con un acuerdo con la Universidad de La Matanza una sede dentro de esa casa de estudios para chicos que viven en ese municipio, lo que reduce sustancialmente el viático en términos de tiempo, que pasó de dos horas a entre media hora y una hora y media, porque el municipio es muy grande y hay cursantes que igual tardan bastante para llegar a San Justo”.
Junto con la reducción de tiempo de viaje se redujo el nivel de deserción, que actualmente oscila entre el 10% y el 20% de los cursantes, agrega Bullrich.
Consultados sobre el universo de alumnos a los que está dirigido el proyecto Programar, Dodero puntualiza que “son chicos con secundario terminado. Ése fue otro cambio que se dio con el tiempo, porque en 2007 teníamos a jóvenes de entre 15 y 19 años, y lo extendimos de 17 a 25, básicamente porque queríamos que estén mucho más cerca de la finalización del secundario, no por una idea nuestra, porque creemos que por un tema de inclusión, cuando más chicos mejor, sino porque las empresas no contratan a los jóvenes si no tienen el secundario, con lo que empezamos a pedir entre los requisitos que estén recibidos o cerca de recibirse”.
Los jóvenes, además, no deben estar cursando otros estudios como carreras universitarias o terciarias.
Dodero agrega otro requisito clave, y es que sean jóvenes de bajos recursos económicos. “La idea es que tengan ingresos del orden de los $600 mensuales por unidad familiar, ya que uno de los objetivos al que se apuntaba cuando surgió el proyecto por parte del Banco Industrial, era que llegáramos realmente a chicos que lo necesitaran”. Ésa es la razón, dicen los directivos, por lo cual se excluye a aquellos jóvenes que ya están en la universidad o estudiando una carrera terciaria, “porque es gente que tiene otra vía. Acá casi el 50% de nuestros alumnos no sabe que la universidad nacional es gratis; por ejemplo, son chicos que están excluidos del sistema”, dice Bullrich.
La propuesta apunta a la base de la pirámide social “y dentro de esa base, son gente a la que en seis meses le puede cambiar la vida, porque el proyecto en sí es súper intenso, son cinco horas todos los días, más estudio en las casas, trabajos prácticos”, señala el director ejecutivo, que recalca que “tampoco es que son para cualquiera; los procesos de selección son muy importantes para ubicar dentro del universo a gente que pueda estar siete horas delante de una computadora, por ejemplo”.
Otro aspecto que se verificó al realizar un seguimiento de la trayectoria posterior de los chicos que realizaron los cursos de capacitación, es que un importante porcentaje de ellos decidió luego seguir carreras terciarias o universitarias relacionadas con el sector tecnológico.
“Un 38% de los alumnos del segundo semestre del año pasado siguieron una carrera universitaria o terciaria después que lo terminaron. Pero siempre combinado con un trabajo, porque son chicos que necesitan el dinero así que una vez salen, consiguen un trabajo y después siguen estudiando. Con lo cual para nosotros es un doble objetivo cumplido, porque se reinsertan y además les queda el incentivo para continuar estudiando”, dice Bullrich, que informa que los salarios que ganan los jóvenes una vez que ingresan en el mercado “está entre los $2.000 y $4.000, porque el sector tecnológico tiene una gran demanda de recursos humanos capacitados, lo que cierra por otro lado con el hecho de que tenemos un alto nivel de desempleo juvenil, con lo que tenemos las dos patas de este programa”.
En este punto, Dodero señala que “decimos que en seis meses les cambia la vida porque los chicos pasan de no tener ingresos a ganar más de $2.000 por mes, lo que les permite tener un horizonte mucho más positivo”.
Sobre los objetivos del proyecto, Dodero señala que “la idea este año es llegar a 450 chicos, y además de Programar, que es un curso de 400 horas de empleo, estamos lanzando otro de alfabetización digital de 40 horas, donde la idea es que sea una suerte de primer vínculo que tienen los chicos con el mundo de la tecnología. Está destinado a chicos de 16 a 18 años y en el nivel de cuarto año del secundario”.
Siguiendo con esa línea, “los números para el 2011 son importantes. Si se concreta todo esto que está previsto estaríamos capacitando a entre 1.000 y 1.200 alumnos en el marco de Programar el año que viene y unos 400 alumnos del proyecto de alfabetización digital”.
Bullrich destaca a su vez que “en este punto nos sirve alfabetizar, porque por un lado captamos a potenciales alumnos futuros de Programar, y por otro, aspiramos a que los docentes de esos cursos sean egresados nuestros, alumnos de Programar que tengan un perfil docente, y por otro lado, trabajar con una fundación de primer nivel en educación como es Cimientos”.
El equipo de Programar incluye un docente cada 25 alumnos y un tutor cada 50. A cada alumno se le da una beca de $150 mensuales para viáticos, y tanto el curso como los materiales de estudio se le proveen en forma gratuita.
En ese marco, el proyecto Programar, impulsado por la Fundación Desarrollar, apunta a capacitar e insertar en el competitivo marco del sector tecnológico a jóvenes de entres 17 y 25 años con secundario completo, y pertenecientes a familias de bajos recursos.
El proyecto “apunta no sólo a la formación técnica sino también al desarrollo personal, el trabajo en equipo y el desarrollo general de facultades que permitan a los jóvenes insertarse en el mercado laboral de manera adecuada, potenciando sus posibilidades”, aseguran desde la Fundación Desarrollar.
El programa consiste en 520 horas de capacitación, distribuidos en módulos de: Desarrollo Profesional, Desarrollo Humano, Capacitación Técnica, Inglés Técnico, Acompañamiento de Equipo con Tutores y talleres para la inserción laboral.
El proyecto se encuentra en plena expansión, ya que, luego de una etapa “piloto” en la Ciudad de Buenos Aires, se afincó en la Universidad Nacional de La Matanza, para incorporar un centro en el barrio del Abasto junto con Fundación IRSA, y próximamente incorporará dos centros más en la ciudad de Córdoba y en la provincia de Salta. Asimismo, están próximos a inaugurar otras dos sedes en los barrios de Barracas y Chacarita.
Al respecto, el director de Desarrollo Institucional, Luis María Bullrich, reseñó que “el proyecto nació en 2007 como una iniciativa de responsabilidad social del Banco Industrial, arrancó con una prueba piloto en la escuela ORT en su sede de Yatay, con un formato diferente pero que nos sirvió para ir testeando procesos y sacar varias conclusiones”.
Sobre la forma en la que fue creciendo el proyecto, Ignacio Dodero, director ejecutivo, dijo que “de 2007 a 2008 mantuvimos la cantidad de chicos, y pasó de ser un curso anual de dos veces por semana a un curso más concentrado. En el 2008 pasó a ser full time y se modificó la currícula a otras tecnologías más demandadas por el mercado”.
Agrega Dodero que “pasamos de un curso de 250 a 400 horas, y otro cambio fuerte se dio con la parte logística, porque en la ORT de Yatay recibíamos a chicos de Capital Federal y el conurbano bonaerense. Cerramos esa sede y abrimos con un acuerdo con la Universidad de La Matanza una sede dentro de esa casa de estudios para chicos que viven en ese municipio, lo que reduce sustancialmente el viático en términos de tiempo, que pasó de dos horas a entre media hora y una hora y media, porque el municipio es muy grande y hay cursantes que igual tardan bastante para llegar a San Justo”.
Junto con la reducción de tiempo de viaje se redujo el nivel de deserción, que actualmente oscila entre el 10% y el 20% de los cursantes, agrega Bullrich.
Consultados sobre el universo de alumnos a los que está dirigido el proyecto Programar, Dodero puntualiza que “son chicos con secundario terminado. Ése fue otro cambio que se dio con el tiempo, porque en 2007 teníamos a jóvenes de entre 15 y 19 años, y lo extendimos de 17 a 25, básicamente porque queríamos que estén mucho más cerca de la finalización del secundario, no por una idea nuestra, porque creemos que por un tema de inclusión, cuando más chicos mejor, sino porque las empresas no contratan a los jóvenes si no tienen el secundario, con lo que empezamos a pedir entre los requisitos que estén recibidos o cerca de recibirse”.
Los jóvenes, además, no deben estar cursando otros estudios como carreras universitarias o terciarias.
Dodero agrega otro requisito clave, y es que sean jóvenes de bajos recursos económicos. “La idea es que tengan ingresos del orden de los $600 mensuales por unidad familiar, ya que uno de los objetivos al que se apuntaba cuando surgió el proyecto por parte del Banco Industrial, era que llegáramos realmente a chicos que lo necesitaran”. Ésa es la razón, dicen los directivos, por lo cual se excluye a aquellos jóvenes que ya están en la universidad o estudiando una carrera terciaria, “porque es gente que tiene otra vía. Acá casi el 50% de nuestros alumnos no sabe que la universidad nacional es gratis; por ejemplo, son chicos que están excluidos del sistema”, dice Bullrich.
La propuesta apunta a la base de la pirámide social “y dentro de esa base, son gente a la que en seis meses le puede cambiar la vida, porque el proyecto en sí es súper intenso, son cinco horas todos los días, más estudio en las casas, trabajos prácticos”, señala el director ejecutivo, que recalca que “tampoco es que son para cualquiera; los procesos de selección son muy importantes para ubicar dentro del universo a gente que pueda estar siete horas delante de una computadora, por ejemplo”.
Otro aspecto que se verificó al realizar un seguimiento de la trayectoria posterior de los chicos que realizaron los cursos de capacitación, es que un importante porcentaje de ellos decidió luego seguir carreras terciarias o universitarias relacionadas con el sector tecnológico.
“Un 38% de los alumnos del segundo semestre del año pasado siguieron una carrera universitaria o terciaria después que lo terminaron. Pero siempre combinado con un trabajo, porque son chicos que necesitan el dinero así que una vez salen, consiguen un trabajo y después siguen estudiando. Con lo cual para nosotros es un doble objetivo cumplido, porque se reinsertan y además les queda el incentivo para continuar estudiando”, dice Bullrich, que informa que los salarios que ganan los jóvenes una vez que ingresan en el mercado “está entre los $2.000 y $4.000, porque el sector tecnológico tiene una gran demanda de recursos humanos capacitados, lo que cierra por otro lado con el hecho de que tenemos un alto nivel de desempleo juvenil, con lo que tenemos las dos patas de este programa”.
En este punto, Dodero señala que “decimos que en seis meses les cambia la vida porque los chicos pasan de no tener ingresos a ganar más de $2.000 por mes, lo que les permite tener un horizonte mucho más positivo”.
Sobre los objetivos del proyecto, Dodero señala que “la idea este año es llegar a 450 chicos, y además de Programar, que es un curso de 400 horas de empleo, estamos lanzando otro de alfabetización digital de 40 horas, donde la idea es que sea una suerte de primer vínculo que tienen los chicos con el mundo de la tecnología. Está destinado a chicos de 16 a 18 años y en el nivel de cuarto año del secundario”.
Siguiendo con esa línea, “los números para el 2011 son importantes. Si se concreta todo esto que está previsto estaríamos capacitando a entre 1.000 y 1.200 alumnos en el marco de Programar el año que viene y unos 400 alumnos del proyecto de alfabetización digital”.
Bullrich destaca a su vez que “en este punto nos sirve alfabetizar, porque por un lado captamos a potenciales alumnos futuros de Programar, y por otro, aspiramos a que los docentes de esos cursos sean egresados nuestros, alumnos de Programar que tengan un perfil docente, y por otro lado, trabajar con una fundación de primer nivel en educación como es Cimientos”.
El equipo de Programar incluye un docente cada 25 alumnos y un tutor cada 50. A cada alumno se le da una beca de $150 mensuales para viáticos, y tanto el curso como los materiales de estudio se le proveen en forma gratuita.







