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06.07.2010

Litio: ¿podrá la Argentina ponerse las pilas?

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Los “recursos no renovables”, aquellos que existen en una cantidad determinada y por sus características no pueden reproducirse biológicamente, se distribuyen azarosamente en las diferentes regiones del planeta, principalmente en los países del Tercer Mundo. A lo largo de la historia las naciones más poderosas se dedicaron a apropiarlos y explotarlos, sea a través de guerras e invasiones, o mediante su versión moderna de inversión extranjera directa.

Ante el inevitable agotamiento de los recursos no renovables los países centrales desarrollan tecnologías que permitan reemplazar el uso de algunos recursos por otros, y el caso paradigmático es el de la energía. Ante el aumento de la población, la disminución progresiva de las reservas de hidrocarburos, el desarrollo económico de países populosos, la inestabilidad política de algunas regiones y la percepción de un cambio climático asociado a las emisiones derivadas del aumento en la tasa de uso de los hidrocarburos, ha tenido como resultado un considerable aumento del costo de la energía.

En la industria automotriz la apuesta del futuro son los vehículos híbridos, que funcionan con carburantes tradicionales y con electricidad. Pero para esto resulta imprescindible contar con baterías de escaso peso y volumen, y con alta capacidad energética. El mineral que cumple con estos requisitos es el litio, el más ligero y con mayor potencial electroquímico de todos los metales. Justamente es por estas propiedades que las baterías de ion-litio son las que actualmente se utilizan en los celulares, las notebooks y en toda la gama de artefactos electrónicos portátiles. El uso de este tipo de baterías no sólo es atractivo por su escaso peso, sino también por su potencia, su ciclo de vida y su rango de soporte en cuanto a temperaturas.

El uso extensivo de baterías recargables impulsó la demanda por carbonato de litio y convirtió al litio en un mineral de enorme y creciente interés a nivel mundial. En los últimos 10 años la demanda aumentó alrededor de un 8% anual, impulsando el precio del carbonato de litio de 1.760 a 6.000 dólares por tonelada. Ante este panorama los países poseedores del preciado mineral podrían utilizarlo estratégicamente para impulsar sus economías. Pero, ¿cuáles son estos países? Chile, en el Salar de Atacama; Bolivia, en el Salar de Uyuni, y Argentina, en los Salares del Hombre Muerto, Rincón y Olaroz, concentran cerca del 85% de las reservas de litio en salmueras, y 50% de las reservas totales de litio a nivel mundial. La concentración de las reservas de litio en lo que se denomina el “Triángulo del Litio” llevó a la revista Forbes a llamar a esta zona como “La Arabia Saudita del Litio”.

En la actualidad, Chile y la Argentina exportan cerca del 55% del litio que demandan los países industrializados, abasteciendo casi por completo los requerimientos de Estados Unidos. Pero resulta imprescindible y urgente un rol activo de las políticas públicas que permitan que nuestros países puedan aprovechar las ventajas de la explotación y desarrollo de la minería del litio.

Bolivia podría ser un ejemplo a seguir en este sentido. El gobierno de Evo Morales tomó la decisión de iniciar el proceso de industrialización del litio, evitando que se repita el saqueo de la riqueza de Potosí, donde los explotadores se llevaron todo y dejaron para los pueblos mineros sólo pobreza y contaminación. En un sentido parecido, un grupo de senadores chilenos presentaron un proyecto de ley para declarar al litio como elemento estratégico, reservando al Estado su exploración, explotación y beneficio.

En la Argentina la situación es compleja. A partir de la reforma constitucional de 1994 las riquezas del subsuelo pertenecen a las provincias, por lo que son estas unidades políticas las que manejan las negociaciones con las corporaciones multinacionales. Por otro lado, el código prohíbe al Estado (nacional, provincial), o cualquier otro ente de origen público, la explotación de los recursos mineros, llegando incluso al extremo de que si el Estado encuentra recursos minerales debe entregarlos a un privado en un lapso menor a un año.

Lamentablemente, nuestro país todavía no cuenta con un plan estratégico de desarrollo, donde la explotación de los recursos no renovables, las “joyas de la abuela”, se encuentre en manos del Estado, quien debe administrarlos para mejorar las condiciones de vida del conjunto de la población y de las generaciones futuras. Quizá las oportunidades asociadas a la industrialización del litio puedan constituirse en un punto de partida para empezar a desarticular el entramado de expoliación de las riquezas mineras en la Argentina.

*Economista. Investigador del CEMOP (Madres de Plaza de Mayo) y del IDEHESI (UBA-CONICET)






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