Si hay un personaje controvertido en el mundo de la economía heterodoxa, ese es Raúl Prebisch. Tucumano, nacido en 1901, contador público y profesor de economía en la UBA durante más de 20 años, llegó a ocupar un sitio de referencia indiscutible para el estructuralismo latinoamericano. Lo vemos como uno de los promotores del Banco Central de la República Argentina, del que fue su primer Gerente General en 1935. De ese paso quedan aportes y críticas.
 
Por un lado, se sostiene que el BCRA fue esencial para salir de la crisis mundial gracias a sus políticas expansivas y por el otro, se le achaca que su proyecto de banca central mixta –es decir conducida por los bancos privados y el sector público– gestado bajo el asesoramiento del Banco de Inglaterra, era la pantalla para "privatizar" la regulación bancaria y la emisión monetaria.
 
Fue también el principal escriba del Plan Pinedo de 1940, donde la oligarquía terrateniente plasmaba bajo un supuesto plan de industrialización del país, cómo hacer para que el Estado salve su fenomenal renta agraria, cruelmente amenazada por la caída de los precios y los volúmenes de las exportaciones argentinas, a partir de la crisis del 30. En este sentido mientras que para el historiador económico Manuel Fernández López, Prebisch era una "keynesiano reformador de instituciones", Jorge Abelardo Ramos, lo llamó "el famoso agente británico, hijo dilecto de la Década Infame".
 
En el ámbito académico, el punto más alto de su carrera ha sido sin dudas el denominado Manifiesto Latinoamericano de 1949 (El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas), que le valió su pasaporte hacia la Secretaría Ejecutiva de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) al año siguiente. Ese trabajo introduce conceptos fundantes del estructuralismo económico latinoamericano como el análisis centro-periferia, la no apropiación de los frutos del progreso técnico por parte de esa periferia, la necesidad de industrialización por sustitución de importaciones, el rol del capital extranjero para el desarrollo y los límites a la industrialización por la "escasez de dólares" en nuestros países.
 
Pero, lo que tal vez confunda más de la trayectoria de Prebisch sea la distancia entre su pensamiento y su acción política. Un punto crítico de ese recorrido ha sido sin lugar a dudas su rol como asesor económico de la autodenominada Revolución Libertadora.  Todavía con el olor a pólvora en las calles, el 2 de octubre de 1955 aterrizó en Buenos Aires el Secretario General de la CEPAL y en menos de un mes elaboró un informe donde se concluía que "La Argentina atraviesa la crisis más aguda de su desarrollo económico; más que aquella que el presidente Avellaneda hubo de conjurar ahorrando sobre el hambre y la sed, y más que la del 90, y que la de hace un cuarto de siglo, en plena depresión mundial…..están seriamente comprometidos los factores dinámicos de la economía".
 
Pareciera una exageración monumental comparar la situación en 1955 con las crisis del modelo agroexportador y más, teniendo en cuenta que los datos tomados en su informe llegaban hasta 1952. Ese año nuestro país había padecido los efectos de una severa sequía, la que provocó el desplome de la producción agropecuaria y su impacto tanto en el mercado interno (desabastecimiento e inflación) como en el externo (crisis de balanza de pagos).
 
Por el contrario, ya para 1955, la situación se había casi normalizado pero el Plan Prebisch justificó decisiones de política económica de cúneo fuertemente conservador con un informe desactualizado y sesgado. Las principales medidas fueron: la desnacionalización del BCRA, la eliminación del IAPI y del control de los precios de la canasta básica, el freno al aumento de salarios, la eliminación de las restricciones a las importaciones y una devaluación del 244% que impactó fuertemente sobre los precios.
 
Su consecuencia inmediata, un crecimiento económico bajo y una caída de entre 5 y 8 puntos porcentuales (según diferentes autores) en los ingresos de los trabajadores. Por más conciliadoras que parecían las palabras del dictador Lonardi, el objetivo era lo que Federico Pinedo llamaba el regreso a los gloriosos Tiempos de la República o sea el desmantelamiento acelerado de todos los "principios sociales que Perón ha establecido" y la vuelta al modelo agroexportador.
 
Pensadores del campo nacional como Scalabrini Ortiz y Jauretche salieron al cruce del plan antiperonista y este último lo retrata cabalmente en su libro: El Plan Prebisch, retorno al coloniaje. Es importante resaltar que el cuerpo conceptual del estructuralismo –el Prebisch del Manifiesto –, puesto en dudas hasta por la misma CEPAL durante los años noventa, sigue siendo de suma importancia para analizar los procesos de desarrollo que viven actualmente los países de nuestra región.
 
Del otro lado, la posibilidad de crear un clima de inestabilidad y desasosiego a partir de trabajos supuestamente serios pero de escasa rigurosidad académica y que conduzcan a medidas antipopulares debido a que se deben tomar por culpa de las "malas herencias recibidas" o por "haber dilapidado una oportunidad histórica" –el Prebisch del Plan de 1955– también es de gran actualidad.
 
En estos tiempos, hemos visto a menudo, economistas y políticos opositores pasearse orondos por canales de televisión y radios vociferando desde hace años sobre supuestas recesiones, estanflaciones, hiperinflaciones y crisis que nunca llegan, mientras la población viene recuperando ingresos y derechos como no se veía desde los años del primer peronismo. Y las medidas que se proponen son muy parecidas a las llevadas adelante por el triunvirato Lonardi-Rojas-Aramburu: devaluación, enfriamiento de la economía, regreso al endeudamiento externo, desmantelamiento de los controles y de la administración del comercio exterior, eliminación de subsidios.
 
Por lo tanto, otra vez, como a mediados de los años 50, se ponen en disputa dos modelos: el del futuro –profundizar el actual proyecto político– o la vuelta al pasado –los gloriosos tiempos de la "República para 4". El Plan M&M (Massa-Macri) se presenta como un chocolate pero, un análisis serio de sus lineamientos, determina que no se puede ejecutar sin un fuerte retroceso sobre las conquistas sociales alcanzadas con el actual gobierno. Las condiciones políticas son diferentes.
 

Los tiempos de los golpes militares han pasado, pero los actores titulares son los mismos. Mantener el rumbo, superar los errores, sumar, organizar y explicar hasta aburrir por qué se toman ciertas medidas y cuáles serían los efectos por no tomarlas o hacer la plancha, es la única forma de superar la historia y no retornar al coloniaje.