Las propuestas económicas y políticas de algunos candidatos bien posicionados para las elecciones del 27 de octubre encienden luces de alarma en torno a la continuidad de las políticas que configuran el modelo de distribución de la riqueza con inclusión que transitamos desde el año 2003. Una lectura fina de los contenidos de estos proyectos nos muestra que, lejos de apuntar hacia una perspectiva superadora, se intenta volver a inclinar el fiel de la balanza en beneficio de sectores minoritarios que desde hace años demandan una vuelta hacia la sociedad conservadora y excluyente que tuvimos durante gran parte del Siglo XX.
Un claro ejemplo de este tipo de políticas es el que encarna el actual intendente de Tigre, Sergio Massa, quien armó un equipo de economistas "expertos", mezclando neoliberales de pura cepa como Martín Redrado, y otros de matriz duhaldista como Lavagna, o como José de Mendiguren, ex titular de la UIA y activo militante de la tristemente célebre pesificación asimétrica y actualmente de la "causa devaluacionista". El cuadro de recientes incorporaciones se completa con la llegada de "nuevos valores" de la política, como Luis Barrionuevo, Eduardo Amadeo o Felipe Solá.

Las ideas económicas del equipo de Massa se plasman en consignas que intentan presentarse con medias palabras y disfraces diversos, pero cuando se corre el fino velo que los recubre, aparece con toda crudeza su verdadero sentido. Muchas de esas ideas fueron expresadas en una cena con grandes empresarios en el mes de agosto. Allí, Massa les habló de "seguridad jurídica para las empresas privadas", pero no dijo nada de seguridades sociales para el resto de la población. Sin rubor, propuso "tomar crédito en el exterior, no sólo para el sector público sino para el sector privado", lo que en buen romance quiere decir desandar el sendero del desendeudamiento llevado a cabo con éxito durante los últimos años y volver a construir la lápida de deuda externa con banqueros y financistas globales. El candidato convocó a la "superación de fricciones con el campo"; a tener "un régimen complementario" en materia de jubilaciones, lo que implicaría volver al sistema de AFJP mixto del menemismo; a "la mejora de la competitividad industrial tocando el tipo de cambio", lo que no sería otra cosa que una devaluación lisa y llana de la moneda, a pesar de que también dice preocuparse por el tema de la inflación.

En los hechos, no son más que propuestas que se sustentan en el más puro ideario del mercado, y que niegan cualquier forma de planificación por parte del Estado para alcanzar el desarrollo y una sociedad más inclusiva. No por nada algunas consignas mencionadas nos traen recuerdos noventistas, como el de la "generación de confianza para atraer inversiones", o "mirar al futuro y no al pasado", algo bien visto por algunos sectores reaccionarios que siguen abrevando en la idea de la "reconciliación nacional", o sea un eufemismo de "borrón y cuenta nueva", que se basa en un criterio que está en las antípodas de cualquier noción de auténtica justicia como sustento de una sociedad profundamente democrática.

En materia económica, la idea de "no mirar al pasado" resulta engañosa, ya que no se cumple para aquellos sectores que, en su búsqueda por retomar privilegios, añoran las viejas recetas que dañaron a las amplias mayorías de nuestro pueblo. Por ello, resulta trascendente recuperar las enseñanzas de nuestra historia, ya que allí se observan ejemplos de grandes avances para las mayorías sociales, que luego se transforman en dramáticos retrocesos. Aquí podemos observar lo ocurrido en el año 1955 con la autodenominada "Revolución Libertadora", que apuntó con éxito a revertir la lógica redistribucionista y las políticas contenidas en los "planes quinquenales" del gobierno de Perón. En ese entonces, recordemos, se implementó un plan económico conservador, diagramado inicialmente por Raúl Prebisch, que tuvo como componente central una significativa devaluación de la moneda, acompañada por sus hermanos gemelos: liberación de precios y congelamiento de salarios; todo lo cual derivó en una fuerte recesión y una pérdida aguda en los ingresos y en el nivel de vida de los trabajadores. El contexto político no es el mismo –en aquel entonces se interrumpió el mandato constitucional– pero muchas de las políticas invocadas actualmente son similares, e inclusive fueron practicadas reiteradamente por otros gobernantes. Un ejemplo de estas políticas en democracia fue la convertibilidad, cuando se profundizó la lógica de la hegemonía financiera implementada por la dictadura y la operatoria sin restricciones de los grandes capitales trasnacionales, en consonancia con los tratados bilaterales de inversión. Claro que en un discurso a grandes empresarios, un político como Massa, con aspiraciones presidenciales, no pudo soslayar su posicionamiento en la política internacional del país. Así fue que el hombre se sinceró. Dijo que hay que "reformular las alianzas internacionales".

Otro eufemismo que en el fondo intenta recrear las perimidas relaciones carnales del menemismo. Actualmente, este déjà vu noventista adquiere forma en nuestro continente con la denominada Alianza del Pacífico, que se formalizó en 2012, y está integrada por Chile, Colombia, Perú, y México. Este acuerdo impulsado por Estados Unidos busca promover "un proceso de integración abierto y no excluyente, constituido por países con visiones afines de desarrollo y promotores del libre comercio como impulsor del crecimiento". Aquí también el candidato se desliza claramente hacia el retorno a la lógica impulsada por el Departamento de Estado que intentan restaurar las ideas del frustrado ALCA para nuestra región. O sea, ubicarnos en otro lugar del mundo distante y en contradicción con el proceso latinoamericanista de integración económica, política y cultural, autonomizada de las grandes potencias del capitalismo mundial.

Por ello, la elección legislativa de octubre reviste una importancia fundamental, ya que a partir de ella se plasmará la correlación de fuerzas en el Congreso que permitirá seguir gestionando y consolidar la lógica de progreso para las mayorías de los últimos años, o darle apoyo a quienes pretenden restaurar el paradigma noventista y barrer con muchas de las conquistas sociales conseguidas desde el año 2003.