Nota de Veintitrés

El 27 de octubre ya pasó. Pasaron las campañas, los desfiles de candidatos, las entrevistas y los debates. Pasaron los slogans, las publicidades, los jingles, las operaciones sucias, la vorágine de los actos, las caminatas, las encuestas y los oráculos. Cuando esta revista esté en la calle, ya habrá pasado casi una semana de las elecciones. Tiempo prudente para bajar los decibeles y analizar. Pero no de un modo simple, lineal y hasta muchas veces naïf. Sino que el desafío es, justamente, complejizar el panorama de estos comicios que tuvieron grandes particularidades. Por una parte, el hecho de haber sido legislativos no es un dato menor. Muchos candidatos que suelen obtener grandes resultados en elecciones de medio término no suelen tener la misma performance en una elección de carácter ejecutivo. Por otro lado, el kirchnerismo cumplió diez años en el gobierno, tiempo suficiente y a tener en cuenta en una Argentina que acaba de cumplir treinta años de democracia. Por último, el condimento fundamental tiene que ver con la imposibilidad fáctica de que Cristina Fernández de Kirchner vuelva a ser reelecta como presidenta. Es a partir de este escenario indispensable que se puede comenzar a desentramar lo que dejaron los resultados del último domingo.

En primer lugar, hay un hecho que es imposible de ser contrarrestado y tiene que ver con cómo quedó conformado el Congreso. De las 257 bancas de la Cámara baja se renovaban 127 y el quórum necesario para poder iniciar una sesión requiere de 129 diputados. El Frente Para la Victoria (FPV) y sus aliados se quedaron con 132 bancas, por lo que está tranquilo –por ahora– con el tema del quórum, además de que quedó, a varios kilómetros de distancia, consolidada como primera minoría. Por su parte, la UCR, el Partido Socialista y aliados consolidaron 32 bancas, acomodándose como segunda minoría dentro del recinto. El Frente Renovador (FR) cosechó 19 bancas. Sin embargo, a menos de 24 horas de la elección, el partido de Sergio Massa perdía sus tres primeros diputados. Se trata de Soledad Martínez, Gladys González y Christian Gribaudo, los tres del Pro que figuraban en la boleta del FR pero que decidieron ingresar al bloque de Mauricio Macri. Los dirigentes de ambos espacios nunca pudieron o supieron cómo explicar esa ¿alianza? táctica, momentánea y fugaz. Por lo tanto, el equipo amarillo y sus aliados contabilizan 18 bancas. En cuanto a UNEN, lograron obtener 7 bancas. Sin embargo, y tal como lo adelantó durante la campaña Elisa Carrió, existen posibilidades de que ese bloque se transforme en varios monobloques de acuerdo a cada partido que integra esa alianza; es decir, no hay seguridad de que actúen en forma mancomunada. El Frente de Izquierda de los Trabajadores hizo una elección histórica y metió tres diputados en el Congreso. La misma cantidad pudo alcanzar Unión Por Córdoba, el partido de José Manuel de la Sota. Por otra parte, el frente Unidos por la Libertad y el Trabajo logró retener las bancas de Francisco de Narváez y Omar Plaini, aunque el canillita, así como también Facundo Moyano, aún no renunciaron al bloque del FPV por lo que, si lo hacen, este bloque contará con tres diputados. Otros partidos provinciales lograron cosechar las 18 bancas restantes.

El kirchnerismo sabe que es importante el número obtenido y lo festejó. La palabra más utilizada el domingo en el búnker fue “gobernabilidad” y no es poca cosa. El Gobierno sabe que su capital es la gestión, y esa gestión está cimentada en la actividad parlamentaria. Por una parte, en la capacidad de marcar agenda a través de las leyes que sanciona; por otra parte, el Congreso se ha convertido en la retaguardia de las instituciones. El kirchnerismo es puro presente y el Parlamento entonces se torna en un aliado fundamental a la hora de gobernar. No hace falta ser demasiado memorioso para recordar que durante el único período en que el movimiento gobernante perdió el quórum, el Congreso no aprobó el presupuesto y fue una de las pocas veces que la Presidenta tuvo que vetar una ley, la del 82 por ciento móvil, una normativa imposible de aplicar. Sin embargo, la pregunta que cabe hacerse es: ¿cuánto aguantará esta mayoría? ¿El kirchnerismo debe recostarse y descansar en el número de bancas obtenido? Por supuesto que no. La historia demuestra numerosas experiencias de diputados que dieron el salto, y más en el peronismo. Y hay un gran candidato dispuesto a recibir a todos aquellos que no se sientan contenidos por el FPV: Sergio Massa.

"No hay que tomar el resultado de las elecciones como único indicador porque eso se expone a lecturas equivocadas”.

En la Cámara alta, donde se renovaba un tercio de sus integrantes, el kirchnerismo perdió a Daniel Filmus y Samuel Cabanchik, pero ganó en otras seis provincias, por lo que también sigue manteniendo el quórum propio.

Según explicó el sociólogo y director de Ibarómetro, Ignacio Ramírez, “circularon dos versiones, la idea de que el resultado es un signo de agotamiento del kirchnerismo y por lo tanto evidencia empírica del fin de ciclo. Hay otra lectura según la cual el hecho de que el kirchnerismo conserve su condición de primera minoría a nivel nacional y tenga mayor presencia parlamentaria, es suficiente, y se deja de lado el resultado en las provincias más importantes. En sus versiones más simétricas y exageradas no se ajustan a realidad. No hay que tomar el resultado de las elecciones como único indicador porque eso se expone a lecturas equivocadas”.

Para Analía del Franco, responsable de la consultora Analogías, “lo más importante del resultado en la conformación de las cámaras es que le genera tranquilidad al kirchnerismo para el desarrollo de sus políticas públicas. Esto no quiere decir que tienen que aprobar cosas a contrapelo de lo que la sociedad demande; deberían escuchar el mensaje de las urnas. Pero ver cómo quedan las cámaras relativiza la ola de que el oficialismo haya quedado minusválido. Eso no es así”.

El sociólogo Ricardo Rouvier sostuvo que “esto significa en primer lugar que la Presidenta sigue teniendo el apoyo institucional necesario para la gobernabilidad en términos de producción de leyes, y eso desmiente un naufragio del kirchnerismo. Muchas de las leyes que se obtuvieron fue con los votos propios y eso brinda independencia”.

El politólogo Nicolás Tereschuk explicó que “esto permite más o menos seguir con la misma dinámica parlamentaria que hay hasta ahora, pero también la tiene que cuidar porque el kirchnerismo no logra la misma mayoría para todas las leyes. Al oficialismo, más allá de la importancia del debate en el Congreso, no le cuesta mucho trabajo sacar leyes. No hay que olvidarse del famoso ‘diputrucho’ que el menemismo sentó en una banca porque le costaba mucho sacar leyes en el marco de las privatizaciones”.

La segunda lectura que puede hacerse entonces a partir de los resultados del domingo tiene que ver con el lanzamiento –prematuro– de algunos candidatos de cara al 2015. El más explícito fue Mauricio Macri, ya que en su clásico búnker de Costa Salguero, entre bailes y globos, podían distinguirse jóvenes con camisetas con la leyenda “Macri 2015”. Fiel a su estilo, el ex presidente de Boca expresó: “Venimos a proponer un nuevo cambio en la Argentina, en un país en serio donde la democracia se consolida con nuevas alternativas, donde hay respeto por las diferencias y donde creemos que es necesario que gente nueva se involucre en política. En el 2015 no va a haber ningún ex integrante de un gabinete nacional en la lista del Pro, porque no venimos a hacer un cambio dentro de lo que hay, venimos a hacer un cambio en serio”. Así, dejó en claro dos cosas. En principio, sus aspiraciones a ocupar el sillón de Rivadavia; en segundo lugar, que –por ahora– no piensa incluir a Sergio Massa en su armado, aunque todavía es demasiado temprano para este tipo de declamaciones.

Por su parte, el intendente de Tigre, sin mencionarlo de manera explícita, también habló de la gestación de “una fuerza nueva” para gobernar el país y mandó a sus adláteres a mencionarlo como candidato presidencial. El objetivo de Massa, según manifestaron desde su entorno, será captar intendentes de varias provincias siguiendo la lógica que le dio resultado en la provincia de Buenos Aires, además de un viaje por Brasil y Alemania para comenzar a tejer vínculos económicos con algunas empresas.

Su triunfo en la provincia más importante tuvo varias lecturas. Para Rouvier, se relaciona con que hay “demandas insatisfechas que tienen que ver con la inseguridad, la inflación y las denuncias de corrupción, que resultan verosímiles para un sector de la sociedad pero que nunca tienen su correlato en la Justicia. Además, en este caso, pienso que hubo campañas mal hechas”. Según Del Franco, “en la provincia de Buenos Aires es la segunda vez que pierde el kirchnerismo. La sociedad quiso pasar un mensaje de descontento y encontró una oportunidad en Sergio Massa, que aparece muy potente y con gestión para canalizar ese descontento. Me parece que el Gobierno tiene que hacerse cargo. Ahora, si bien esto puede ser un trampolín para Massa, no puede ser en absoluto una garantía para ganar en 2015”.

En ese sentido, todo el arco del panradicalismo –incluido el ¿ex? FAP o actual UNEN– también deberá batallar internamente. A priori, Julio Cobos, Oscar Aguad y Hermes Binner ya se anotaron en el entrenamiento. No sorprendería que Elisa Carrió, empachada con su buen resultado en estas elecciones, quiera también meter un poroto.

El desafío mayor, por caso, estará focalizado en el kirchnerismo y en qué camino tomar. ¿Podrá, como en 2009, revertir el magro resultado de la elección a través de algunas políticas públicas concretas? ¿Es tiempo para pensar en 2015? ¿O es tiempo de contener a quienes tambalean en su pertenencia?

Al día siguiente de los comicios, en varias declaraciones, Daniel Scioli volvió a dejar en claro que quiere ser presidente: “Yo expliqué cuál era mi voluntad y la sostengo. No tengo que agregar más a eso”, deslizó contundente. Por otra parte, tras el buen resultado en sus provincias, Sergio Urribarri y Jorge “Coqui” Capitanich son otros dos nombres que suenan, en principio, para ocupar cargos en un eventual cambio de gabinete y también, claro, para anotarse en la carrera de sucesión. Por caso, el martes, con la excusa de visitar al gobernador de San Juan que permanece en estado crítico luego del accidente aéreo, tanto el gobernador de Entre Ríos como el de Chaco se mostraron junto a otros mandamases provinciales, como Luis Beder Herrera, de La Rioja; Juan Manuel Urtubey, de Salta; Gildo Insfrán, de Formosa; Lucía Corpacci, de Catamarca, y Francisco “Paco” Pérez, de Mendoza. Una foto que mostró unidad, pero que también, inevitablemente, sembró expectativas para el futuro.

La política argentina es tan vertiginosa como compleja. Muchas veces sucede lo inesperado tanto en momentos de tranquilidad como en momentos de convulsión. Las elecciones ya pasaron. Ahora comienza un nuevo período que seguramente dará mucha tela para cortar.