Nota de Tiempo Argentino

Distintos referentes económicos de los partidos que fueron los grandes ganadores de la contienda electoral del pasado 27 de octubre brindaron su análisis a Tiempo Argentino acerca de los principales desafíos que encierra la actual coyuntura, así como también sus diagnósticos y recomendaciones en cuestiones tales como la política cambiaria, el comercio interior, el desarrollo industrial y las políticas sociales. Por el Frente Renovador participaron todos los integrantes del equipo económico: Martín Redrado, Miguel Peirano, Marcos Lavagna y Ricardo Delgado. El titular del Banco Ciudad y diputado electo Federico Sturzenegger participó por el PRO, mientras que el legislador Roberto Feletti hizo lo propio por el Frente para la Victoria, en tanto que el ministro de Infraestructura bonaerense Alejandro Arlía hizo llegar su aporte como representante del sciolismo. Por el espacio UNEN que integran la Coalición Cívica, Libres del Sur, Proyecto Sur y una parte de la UCR se excusaron de participar Martín Lousteau –alegó "problemas de agenda"–, Fernanda Reyes y Alfonso Prat-Gay. En todos los casos la metodología fue la misma, a cada uno de los economistas se le hizo llegar el mismo cuestionario de cinco puntos, el cual fue contestado por escrito, respetándose para la edición una distribución equitativa del espacio para cada una de las fuerzas políticas.



–¿Qué diagnóstico tiene y qué políticas desarrollaría en materia de precios?

Federico Sturzenegger: –Argentina tiene una de las dos o tres inflaciones más altas del mundo. Todos sabemos que la inflación es producto de la emisión monetaria. Para bajarla hay que bajar la emisión, proceso que sería sumamente expansivo, ya que hoy la inflación es un impuesto que pone un freno importante al consumo. De hecho, la evidencia histórica indica que los programas de estabilización han sido sumamente expansivos sobre todo sobre el consumo doméstico.

Frente Renovador: –Es preciso avanzar sobre una reducción de los niveles inflacionarios para evitar entrar en un ciclo de estanflación, ya que está situada en un nivel elevado y pernicioso para la economía. La única manera de hacerlo es con un abordaje integral de la política económica, donde todos sus brazos sean parte constituyente de un plan que señalice un camino descendente y gradual para la inflación, que sea dado a conocer al conjunto de la sociedad. Esto no puede ejecutarse si no se efectúa en simultáneo una reformulación del Indec que restituya la credibilidad de las estadísticas públicas. Asimismo, hay que promover políticas específicas de estímulo a la inversión, como la desgravación de la reinversión en el Impuesto a las Ganancias, restablecer el sistema de arancel cero para la importación de bienes de capital compensado con un reintegro para los productores locales, medidas de financiamiento específico para sectores estratégicos en la canasta familiar, corregir errores en la política agropecuaria (en particular en sectores centrales en el consumo, como el sector del trigo y harinas, ganadero, lácteo, avícola, pesquero, entre otros). Es fundamental administrar con eficiencia el comercio exterior para reducir precios y resguardar el valor agregado y el empleo. En los sectores que puedan reflejar conductas especulativas hay que recurrir a los mecanismos legales de defensa de la competencia; la presión, la amenaza, la arbitrariedad no sólo no solucionan los problemas sino que retroalimentan la inflación. Para bajar el costo del acceso a la vivienda, hay que complementar las líneas existentes de crédito con programas de financiamiento para la primera vivienda para los sectores de ingresos medios y bajos. Es claro que no hay que caer en reduccionismos para enfrentar la inflación. Es tan equivocado recurrir a la ortodoxia como negar el problema. La ortodoxia agrava los problemas económicos, sociales y termina generando condiciones de fondo que agravan la problemática inflacionaria.

Roberto Feletti: –Las políticas de precios han obrado dentro del modelo como un respaldo de la política de ingresos seguida por el gobierno, reconociendo los siguientes aspectos: contención tarifaria vía subsidios; acuerdo de precios con los principales distribuidores de alimentos; desvinculación, por distintos mecanismos, del impacto sobre los precios internos, de la volatilidad internacional, recordando que Argentina es productor y exportador de alimentos; políticas de ingresos previsibles y dinámicas como la negociación salarial y la movilidad previsional anuales. El gobierno nunca utilizó la política monetaria y fiscal como herramienta antiinflacionaria, sino como impulsores de la demanda en forma unidireccional. Las tensiones de precios actuales se encuentran influidas por la vocación empresarial de recomponer la tasa de ganancia afectada por la regulación del mercado cambiario, el menor crecimiento y el desbalance de divisas del sector energético. Consecuentemente, cualquier política de precios en la presente etapa que intente atenuar las presiones inflacionarias, debe contener dos aspectos esenciales: continuar los esquemas que desvinculen los precios internos de los internacionales, altamente volátiles; si se intenta avanzar en acuerdos, sectoriales o generales, de precios, salarios y tarifas para pautar la evolución futura de las expectativas, es imprescindible definir "a priori" cuál es la tasa de ganancia empresaria esperada. Sin ese componente, primarán las "metas de inflación" que pregonan las propuestas opositoras. Las mismas apuntan a contener precios comprimiendo el consumo a través de topes a la negociación salarial y límites cuantitativos a las políticas fiscal y monetaria expansivas.

Feletti: "Es necesario recuperar un vector clave de la competitividad como la energía. Argentina no procura industrializarse con mano de obra barata"

–En los últimos años se consolidó una serie de políticas redistributivas tales como AUH, actualización de haberes jubilatorios y asignaciones familiares, líneas de créditos subsidiados a la vivienda y pymes. ¿Qué mantendría y qué cambiaría en relación con estas cuestiones?

FS: –AUH, actualización de jubilaciones y asignaciones familiares están para quedarse. Las líneas de créditos subsidiados a las viviendas están mal resueltas técnicamente. Para desarrollar el mercado hipotecario hay que bajar la inflación, no rifar recursos públicos (mucho menos previsionales). Si no se baja la inflación, hay que permitir los créditos indexados, como el que acaba de lanzar Banco Ciudad con una cuota que es aproximadamente un tercio de la de los valores de mercado.

RF: –Este conjunto de medidas conforma uno de los avances sociales más trascendentes de la Argentina, porque ha instalado el compromiso efectivo y real del Estado, de asistir con ingresos a los sectores más vulnerables por su condición etaria, adultos mayores y niños y adolescentes. Esta refundación del Estado de bienestar, respecto del inaugurado en la década del '40, reconoce importantes adelantos al proveer ingresos, con independencia del empleo que esa persona hubiera tenido, y si se trata de alguien en condiciones de jubilarse o para los chicos hijos de un desempleado. "Ningún hogar sin ingresos seguros" es el lema de este nuevo Estado protector, algo que debe consolidarse y garantizar el flujo de ingresos necesarios y crecientes para su vigencia permanente.

FR: –La AUH debe ser considerada como política de Estado, por lo cual se le debería dar categoría de ley; además, conjuntamente con las asignaciones familiares, el seguro de desempleo y los beneficios sociales deberían tener una actualización automática, lo que les daría mayor sistematicidad y transparencia. Asignar recursos para los sectores sociales más necesitados responde a razones de equidad, de prioridad y al mismo tiempo dinamiza el consumo. Nuestro país debe crecer, acumular inversiones, transformar su infraestructura y al mismo tiempo priorizar en el presente las políticas sociales. Debe ser parte de la agenda central planificar decisiones para terminar con la pobreza y la desnutrición infantil en la Argentina. En definitiva, la eficacia de una política económica está vinculada directamente con la capacidad de resolver los problemas de pobreza.

–¿Qué cambios cree necesario acelerar en términos de política fiscal y tributaria? ¿Llevaría a cabo modificaciones en los derechos de exportación agrícolas? ¿Con qué herramienta compensaría, de ser positiva la respuesta, esos ingresos que dejaría de percibir el Estado?

FS: –Argentina necesita rápidamente bajar sus impuestos. El kirchnerismo los ha aumentado de manera dramática, y cuando no pudieron dar la cara para pedir más impuestos apelaron al peor de todos: la inflación. Además, Argentina mantiene una estructura ridículamente regresiva de impuestos: cobra inflación, altos impuestos al trabajo, alto IVA, es decir, todos con gran afectación sobre los que menos tienen y muy poco focalizado sobre los que más pueden pagar. Hay que rebalancear el sistema impositivo para darle más progresividad en un contexto de baja de todos los impuestos. En lo que hace a la producción agrícola, nosotros propusimos bajar las retenciones al maíz y al trigo, lo cual tiene un impacto fiscal prácticamente nulo, ya que la situación actual ha diezmado estas producciones.

FR: –Argentina necesita una reforma impositiva integral que ponga el acento en la inversión productiva y que priorice que se les restituya a las provincias los ingresos no coparticipables. En este sentido, debe reducirse a "cero" el Impuesto a las Ganancias cuando se reinvierten utilidades pyme. Los argentinos están pagando muy caro el pan y los derivados de la harina. Esto es consecuencia de la caída de la producción de trigo. Deben reducirse inmediatamente a "cero" las retenciones al trigo. Existe margen para subir reintegros a las exportaciones, disminuir retenciones en sectores de alto valor agregado y producciones regionales, y bajar la carga tributaria a la inversión y los trabajadores. En esta línea se inscriben los proyectos de ley presentados por el Frente Renovador. Con respecto a sectores con mayor capacidad contributiva, creemos que hay ejemplos como las grandes rentas especulativas o casos emblemáticos, como que hoy no están gravadas ganancias como son las derivadas del presunto pago del cupón del PBI, que además de pagarse por sobrestimar el crecimiento siquiera está gravado por el Impuesto a las Ganancias. Es un claro ejemplo de inequidad tributaria con gran impacto sobre el fisco.

RF: –La presión tributaria nacional alcanza casi el 34% de PIB, habiéndose elevado a lo largo de esta década desde el 26 por ciento. Es compatible con la capacidad del Estado de cumplir su rol de redistribuidor social y regulador de los desequilibrios económicos. No parece imprescindible en una economía que ha duplicado su tamaño en la última década, y que proyecta tasas de crecimiento futuras en torno al 5%, introducir modificaciones tributarias significativas.

–¿Cuáles serían los pasos necesarios para lograr un mayor nivel de reindustrialización de la estructura económica?

FS: –En la última década ha caído el porcentaje de industria en la Argentina, lo cual es inevitable ya que todas las economías del mundo están sesgándose más a los servicios. Argentina lo que necesita es trabajos de calidad, sean estos en el sector primario, en la industria o en servicios. Para desarrollar estos trabajos necesitamos mejorar la variable clave de la competitividad: el nivel educativo de la población. Pero hasta ahora, sólo el gobierno de Mauricio Macri tomó conciencia de esta necesidad, y es el único distrito del país donde, por las medidas de apoyo tomadas, aumenta la cantidad de chicos en las escuelas públicas.

FR: –La reindustrialización se logra con un conjunto de políticas, que abarcan criterios tales como tipo de cambio competitivo, superávit comercial, estabilidad cambiaria y de precios, políticas de incentivo sectorial e infraestructura, abastecimiento de energía, adecuadas medidas en materia de política comercial y de negociaciones internacionales, y políticas de capacitación e innovación. La reindustrialización se vincula con un sistema económico que genera las condiciones en materia de competitividad que permitan potenciar la capacidad de nuestros emprendedores, trabajadores y de nuestros propios recursos naturales. En particular, las pymes y las economías regionales tienen mucho espacio para profundizar y pueden ser abordadas utilizando incentivos tributarios, comerciales, financieros específicos designados a tal fin. La banca pública debe tener también un rol fundamental orientado a ser una aproximación a un banco de desarrollo que encauce la inversión productiva en la economía.

RF: –En primer lugar, es necesario recuperar uno de los vectores clave de competitividad, que es la energía; como se señala en las respuestas previas, Argentina no procura industrializarse con mano de obra barata, sino optimizando la calidad de sus recursos humanos, sus insumos naturales y la incorporación de tecnología de estos años. No es posible pensar una Argentina industrial sin: disponibilidad de insumos competitivos, como logística y energía; continuidad de la inversión educativa, hoy en el 6,5% del PIB, como factor clave del desarrollo industrial; los esfuerzos en aumentar la matrícula universitaria a través de la fundación de nuevas instituciones de educación superior y la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, conforman políticas decisivas para ese objetivo; mercado interno robusto dotado de demanda previsible; mercado interno ampliado a través de nuestra inserción suramericana, compradora de dos tercios de nuestras exportaciones industriales; búsqueda de nuevos mercados emergentes en Asia y África, para productos de nuestras industrias maduras, agroalimentos y metalmecánica; reconocimiento de las competitividades diferenciales de los distintos sectores, a través de la política fiscal.

Cómo enfrentar las restricciones externas

– ¿Qué metas desarrollaría en el corto y mediano plazo en materia de política cambiaria?

Sturzenegger: –Un gobierno con credibilidad (esto es, no este), podrá liberar el cepo sin problemas cambiarios. Para ese gobierno el problema será la entrada y exceso de divisas, no la falta. Del actual gobierno los argentinos sólo podemos esperar más cepo.

Frente Renovador: –La pérdida de reservas, la existencia de un dólar ilegal, su elevada brecha con el valor oficial son reflejos de dificultades de fondo de la economía argentina, que se refuerzan con decisiones equivocadas específicamente en materia cambiaria, como fue el denominado cepo. La crisis de 2009, que fue muy grave en términos de incertidumbre internacional y caída de los precios de los commodities, fue enfrentada con políticas que no restringieron el acceso del público a las divisas y con criterios de flotación y previsibilidad que generaron confianza en los actores económicos. Un plan integral, un horizonte previsible de mediano plazo, consistencia en las políticas macroeconómicas, medidas de incentivo a la inversión, adecuadas políticas sectoriales son el camino para recorrer la salida del cepo.

Feletti: –La política cambiaria es un pilar del modelo que transita por el estrecho desfiladero de preservar el empleo y el salario. Estrecho desfiladero, porque el tipo de cambio debe ser lo suficientemente competitivo para asegurar el empleo, pero no extraer la competitividad del deterioro salarial. En ese sentido, la política de tipo de cambio nominal debe atender las fluctuaciones cambiarias de nuestros socios comerciales, esencialmente Brasil. No hay política industrial sin inserción suramericana. La política de tipo de cambio nominal debe ser complementada con regulaciones fiscales que reconozcan la diversidad de exigencias de competitividad que tienen los distintos sectores y regiones de nuestra economía. Sostener industria con salarios altos es un desafío para la competitividad de la economía argentina que no se resuelve con devaluaciones abruptas.