Pero cada explicación provoca más problemas. Si el presidente no sabía que se espiaba a los mandatarios aliados de Alemania, México, Brasil, Francia, Italia y, aparentemente, hasta el Vaticano, ¿quién está al mando? Y si estos programas son para propósitos antiterroristas, ¿por qué están en la mira organizaciones y gente como Angela Merkel, Dilma Rousseff, Enrique Peña Nieto y el Papa, así como las Naciones Unidas o la empresa Petrobras? Como reveló la agencia Reuters, también el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La amplitud de las técnicas evidencia que la información obtenida por los servicios de vigilancia no solamente se utiliza para fines antiterroristas sino también para obtener "ventaja diplomática con países aliados como Alemania o Francia" y "económica con Japón o Brasil", asegura el New York Times.

La NSA también vigilaba a China, Corea del Norte, Irán, Irak y Rusia, mientras que Venezuela encabezó la lista de prioridades de los fisgones en 2007, seguramente como consecuencia del papel jugado por Hugo Chávez y Néstor Kirchner que en la Cumbre de Mar del Plata enterraron definitivamente el proyecto del Área de Libre Comercio para las Américas que propiciaba George W. Bush.
La agencia vigiló los correos electrónicos oficiales y personales de los diez funcionarios de más alto rango en el Ministerio de Planificación y Finanzas de Venezuela, de acuerdo con la prensa anglosajona.

La misión de la NSA en el país sudamericano era "ayudar a los encargados políticos (estadounidenses) a prevenir que Venezuela obtenga sus objetivos de liderazgo regional y persiga políticas que impacten negativamente los intereses globales de Estados Unidos", según el memorando oficial de 2007 que fue publicado este fin de semana por el New York Times.

El documento de la NSA instruía a los agentes a "evaluar el progreso de Chávez en sus iniciativas para perseguir objetivos de poder regional en las arenas política, económica, energética e ideológica". Un funcionario de la NSA en Texas se encargaba de "rastrear cada día los mensajes privados de funcionarios venezolanos, buscando chismes que pudieran proporcionar una pequeña ventaja política", señala el rotativo neoyorquino.

Uno de los elementos que más llaman la atención de lo que se va sabiendo de las operaciones de espionaje de la NSA es su carácter masivo e indiscriminado. En un sólo mes fueron capaces de registrar 60 millones de llamadas en España. Si se multiplica por 12 meses, dan 820 millones de registros. En Francia, y en el mismo lapso de tiempo, fueron 70 millones que también habría que multiplicar por los meses que esa agencia lleva haciéndolo. Francia, y en especial España, no son objetivos prioritarios, por lo que nada impide pensar que lo mismo han estado practicando en otros países. Eso es el "big data", recuperar grandes volúmenes de información que se analiza para extraer elementos clave y predecir el futuro.

Hasta ahora, sólo las grandes empresas de Internet y algunas corporaciones tenían la infraestructura necesaria para alojar tantos datos y, al mismo tiempo, poder analizarlos para exprimirlos. Para eso requerían grandes centros de datos repletos de servidores, cada uno con la capacidad de almacenamiento y potencia de cálculo de miles de ordenadores.

Esa es la ola a la que se ha subido la NSA. Sus instalaciones centrales de Fort Meade, en Maryland, son secretas pero sí se sabe que son el primer consumidor de electricidad del Estado. Programas como PRISMA, que captura todo tipo de información de los servidores de empresas como Google, Facebook o Microsoft, necesitan de superordenadores funcionando las 24 horas del día. Y eso se nota en el recibo de la luz.

El otro aspecto que hace diferente a esta NSA es que espían casi sin espiar. Al menos por lo que se sabe hasta ahora, no lee los correos electrónicos que pasan por sus servidores trampa ni tampoco escuchan el contenido de las llamadas que realizaron españoles y franceses. En EE UU, sus agentes crearon una gigantesca base de datos con las llamadas de, al menos, una de las grandes operadoras del país. Pero lo que guardaban era el número del que llamaba, el de quien recibía la llamada, la hora o la duración de la misma. Es lo que en la jerga tecnológica llaman metadatos, los que dan el contexto al contenido.

En el caso de un correo electrónico, metadatos es toda la información que lo acompaña y que no es el contenido mismo del mensaje. Y, con las herramientas adecuadas, esa es mucha información. Con una de ellas, la NSA recopila metadatos de toda la información que recoge y si no los tienen, los etiquetan para facilitar su análisis. Sin esos metadatos, la minería de datos, la segunda gran herramienta de este espionaje de nuevo cuño sería imposible. Con toda la información que recopila, la NSA busca patrones en el mar de datos, conexiones o elementos que alteran el paisaje. Es el espionaje al revés. En vez del seguimiento a un posible objetivo, detectar la anomalía en una enorme base de datos de millones de objetivos.

La herramienta PRISMA encaja también en la minería de datos. Su gran virtud para la NSA es que, tras la recogida de los datos, se puede crear una especie de gigantesca red social, visualizando las conexiones entre los distintos puntos de la gráfica (los usuarios). Con minería de datos, asegura el gobierno de Estados Unidos que pudieron evitar más de un atentado, deteniendo a supuestos terroristas antes de actuar por sus conexiones con otros que tenían fichados.

Esa capacidad de anticipación es uno de los principales argumentos usados por la NSA y las autoridades estadounidenses para defenderse de las críticas que vienen de medio mundo. Y para conseguirla usan herramientas de lo que se llama análisis predictivo. Los bancos llevan años utilizándolas para decidir a quién concederle un crédito. Muchas policías de Estados Unidos también lo hacen para determinar qué zonas son las más calientes. Combinando este análisis predictivo con la minería de datos, la NSA llegó hasta Khalid Ouazzani, un marroquí nacionalizado estadounidense al que el FBI detuvo antes de que llevara a cabo un supuesto atentado contra la Bolsa de Nueva York. Finalmente sólo lo pudieron condenar por enviar fondos a miembros de Al Qaeda.

Los esfuerzos de espionaje masivo de la NSA, en muchas ocasiones, no ofrecen grandes resultados. Los problemas de conexión –la todopoderosa agencia también se queda sin cobertura – o la falta de especialistas para traducir determinadas lenguas, han impedido la frustración de atentados terroristas, como en el caso de la interceptación de varios mensajes de grupo terrorista paquistaní Haqqani en los que se hablaba sobre un futuro ataque al Hotel Intercontinental en Kabul. Recopilaron todas las llamadas pero no pudieron impedirlo. Demasiada tecnología para tan poco resultado.