La líder de UNEN y diputada reelecta Elisa Carrió protagonizó un curioso encuentro sobre libertad de expresión junto al escritor y guionista televisivo Marcelo Birmajer, en el que aprovechó la ocasión para insultar a los dirigentes del oficialismo nacional y también a sus colegas de la oposición. Lo hizo en el marco del Instituto Hannah Arendt, que ella dirige, y ante una escuálida audiencia de unos 50 seguidores y fanáticos.

"Cuando estoy cansada digo muchas pavadas", esgrimió Carrió luego de poco más de una hora y media de diatribas contra el gobierno nacional y todo aquel que lo apoya. Ello fue en sintonía con el autor de los sketches de Periodismo Para Todos, quien, envalentonado, se negó a puntualizar ante INFOnews alguno de los "muchos aprietes" que dijo haber sufrido en los últimos tiempos por parte del oficialismo.

En medio de chicanas dialécticas y constantes proclamas sobre la presunta falta de libertad que, dijeron, vive el país, Carrió subrayó que cuando en las elecciones nacionales de 2011 obtuvo el 1,8 por ciento de los votos, se liberó "de una enorme responsabilidad de años, de tener que conducir a estos imbéciles opositores”. Queriendo aclarar, profundizó el concepto y dijo que, en realidad, sus compañeros de la oposición “no son malos, son estúpidos”. 

Carrió, que ante INFOnews tildó de "negacionistas" a los miembros de la comunidad judía que le critican su banalización del Holocausto, también tuvo palabras agraviantes para con el gobierno nacional. "No hay que repetir la historia; si votamos de nuevo a estos hijos de puta (sic)  es como salir de la casa de un golpeador y quedarte con otro golpeador", escupíó para luego lanzar otro insulto: "los españoles son corruptos”, destiló al referirse al acuerdo entre el Estado nacional y Repsol.

También se ocupó de disparar al aire contra Ricardo Lorenzetti, al decir que "el presidente de la Corte Suprema va a cobrar millones de dólares por escribir el Código Civil".

La reunión de acólitos (en su mayoría mujeres de edad avanzada) fue una constante de arengas por parte de los panelistas principales y (como invitado improvisado, porque estaba presente en la sala) el constitucionalista Daniel Sabsay. Entre los tres se refirieron al reciente "Libro de emergencia", de Birmajer, en el que ensaya distintas tesis en las que asegura que Argentina es el peor de los mundos.

"No hay que repetir la historia; si votamos de nuevo a estos hijos de puta es como salir de la casa de un golpeador y quedarte con otro golpeador"

Carrió y sus dos actores secundarios coincidieron en que no hay libertad y en que el país está a un paso de situaciones similares a las registradas durante el genocidio armenio o el holocausto judío. Las palabras "régimen", "destrucción", "nazismo", "exterminio", "libertad", "holocausto", dominaron la nube dialéctica de la charla, convertida en un mitín sectario, obsesionado con relacionar al actual gobierno con las más feroces dictaduras de la historia.

En ese contexto, la líder de UNEN volvió a anunciar "la retirada" del Frente para la Victoria y comparó a los discursos de la presidenta Cristina Fernández con las proclamas militares de Leopoldo Fortunato Galtieri en el balcón de la Casa Rosada durante la guerra de Malvinas.

Entre otros hits de la lluviosa noche que sirvió como escenario de la charla, uno de los momentos más celebrados por los presentes fue la felicitación de Birmajer a Carrió por ser, según señaló, "la única política que sabe leer", además del reconocimiento por la forma en que la diputada defendió que no se le hubiera hecho la extracción de ADN a Felipe y Marcela Noble cuando se intentó dilucidar si eran hijos de desaparecidos.

Otro de los momentos en que Marcelo y Elisa coincidieron fue cuando él habló de su paso "entre los 15 y los 24 años por el izquierdismo, el trotskismo, el PI y todas las sectas que se te ocurran, porque son todos ultras". A eso, Carrió sumó después: "me aburre hablar de política, por eso no fui guerrillera", dijo y relacionó a los movimientos libertarios de los años 70 con "la estupidez armada", además de asegurar sin mosquearse que "la gente del Partido Obrero es adinerada".

Poco antes de las 22, las exposiciones y comentarios posteriores fuera de micrófono ante fanáticos y periodistas poblaron la sala principal del instituto que comanda la dirigente, que se retiró luego escoltada por colaboradores y aplausos de sus más fieles votantes. Algunos de ellos, incluso, oblaron los 99 pesos de rigor para  hacerse con un ejemplar del libro de Birmajer, estrella invitada de la noche. Afuera, el diluvio enmudecía los vítores y hacía que la cotidianeidad sonara distinta, sin proclamas fanáticas, más cerca de lo real.