Después del fracaso del Área para el Libre Comercio en las Américas (ALCA), el plan para establecer políticas neoliberales en América Latina impulsada por George Bush y frenada por Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva en 2005, Estados Unidos vuelve a intentar una política de acercamiento a la región. A través de los países que suscribieron tratados de libre comercio con ellos, buscan generar un área sin impuestos que cruce las fronteras continentales.



De acuerdo a lo escrito por el docente de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto del Servicio Exterior de la Nación Leandro Morgenfeld en la revista Marcha, “la Casa Blanca impulsa la Alianza Trans-Pacífico (ATP), con el objetivo de crear un mercado común entre las Américas, Australia y Asia, sin China. En línea con una política exterior que mira con recelo la expansión y la competencia de Pekín, la ATP cumple el doble objetivo de intentar contener y limitar la expansión económica china y a la vez lograr una suerte de ALCA remozado que contrarreste la influencia que supo tener la integración alternativa impulsada desde Caracas por el eje bolivariano”.

En la actualidad, la Alianza del Pacífico está conformada por Perú, México, Colombia y Chile como estados miembro y Panamá, Uruguay, Costa Rica y Canadá como observadores. La organización es la punta de lanza de la avanzada neoliberal que fustiga el “dirigismo estatista” que estaría presente en una visión más abarcadora de la integración regional en organismos como el Mercosur, la Unasur o el ALBA.

Para el académico, autor del libro “Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos”, la potencia hegemónica negocia “a puertas cerradas” con el objetivo de alcanzar la alianza transpacífica en el corto plazo. Claro que ese intento se enfrenta a los “movimientos sociales de todo el mundo luchan contra la concreción de esta nueva ofensiva del capital trasnacional que afectaría derechos laborales, regulaciones ambientales, acceso a medicamentos genéricos, regulaciones financieras, a la vez que impulsaría la consolidación de oligopolios y disminuiría la potencialidad de desarrollos locales”.

El economista y profesor del Seminario de Integración Final de la Maestría de Gestión del Comercio Exterior y la Integración de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA Jorge Marchini sostuvo, en diálogo con INFOnews: “No dudo que la Alianza del Pacífico es una nueva presentación del ALCA. Su concepción básica es la misma del panamericanismo que viene impulsando EE.UU. desde hace un siglo: apertura y confianza en mercados abiertos. Se contrapone a la otra perspectiva histórica del latinoamericanismo, de apuntar priorizar el vínculo y la complementariedad entre países con desarrollo similar, superar el rol marginal como proveedores de materia prima y/o mano de obra barata, y buscar un camino para salir del atraso y la crónica dependencia vaivenes de la economía y las finanzas mundiales”.

Cada uno de los países que integran la Alianza del Pacífico ha firmado tratados bilaterales con Estados Unidos. Las oligarquías de otros países de la región, como Uruguay y Paraguay, ven con buenos ojos la posibilidad de abandonar el Mercosur para sumarse al tren de la derecha. El intelectual Álvaro Vargas Llosa, hijo del célebre escritor peruano y activo dirigente neoliberal, participó recientemente de una ronda de negocios con empresarios paraguayos, en las que les sugirió “no perder de vista” a la Alianza y pensar en desprenderse de Mercosur, al que consideró “una camisa de fuerza que traba su respiración natural y limita las posibilidades de dar el gran salto hacia adelante”.



“Las presiones y tensiones sobre el Mercosur van en aumento. Sin duda, se manifiestan en posiciones de representantes de la derecha que presentan la Alianza del Pacífico como un camino venturoso ocultando los serios y crecientes problemas que tienen los países que han asumido tan vehemente el rumbo de los Tratados de Libre Comercio. El hecho de que este espejismo no se imponga dependerá de que en nuestros países afirmemos un rumbo diferenciado no sólo a nivel declamativo sino también con pasos concretos, como por ejemplo combatir las asimetrías, implementar políticas efectivas de complementación productiva y no sólo comercial, afirmar posiciones comunes en temas clave en Unasur, entre otros”, apuntó Marchini.

Al tiempo que crecen las resistencias y oposiciones en Perú, México y Colombia, la pregunta que se impone en la actual coyuntura tiene como centro a Chile. ¿Qué hará la presidenta electa, Michelle Bachelet, en materia de política exterior? ¿Sostendrá la alianza con Estados Unidos que tiene su país desde hace años o dará un giro hacia la izquierda?

“Más allá de su prédica, Bachelet alentó también una inserción internacional chilena pro Tratados de Libre Comercio y dudo que eso vaya a cambiar mucho. Aunque, esta vez fueron en sus listas varios dirigentes estudiantiles del Partido Comunista; eso puede equilibrar un poco las cosas pero no sé hasta dónde”, sostuvo Morgenfeld en diálogo con INFOnews.

Dos modelos de integración -uno que mira al interior de la región y otro con eje en Estados Unidos- están en pugna

En el mismo sentido, el doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet Pablo Vommaro señaló: “El margen de Bachelet será poco excepto que realmente haga una ruptura con su propia política exterior anterior, donde Chile siguió orientado hacia Estados Unidos. Puede ser que incline la balanza más hacia el Mercosur, pero la política de acuerdismo con EEUU seguirá excepto que Bachelet y su gobierno estén dispuestos a una ruptura profunda”.

Para Marchini, las perspectivas son más optimistas. “Ella asume su segundo gobierno con una sociedad chilena que plantea otras demandas y expectativas. Sin duda, la más notoria es la de educación pública gratuita, pero recorre toda la agenda social y económica e implica un alejamiento del clima neoliberal prevalente en Chile en las últimas décadas. Ya en cuanto al su posicionamiento regional, tiendo pensar que Bachelet tomará un rol más activo en lo político. En lo económico, habrá que observar la incidencia de factores que están golpeando la economía chilena como son la caída de los precios del cobre, que representan el 60% de las exportaciones del país; la caída del flujo de inversiones y capitales; la menor dinámica de sus ventas agro-industriales a mercados de países centrales, el endeble cuadro energético. Podrían darse condiciones para un viraje de mayor aproximación a la región. Ello dependerá también de la dinámica y el camino que tomemos los países vecinos, como por ejemplo propulsar una minería pública latinoamericana o proyectos energéticos comunes”, indicó.

En las últimas semanas, el presidente boliviano Evo Morales instó a su futura par chilena a que directamente abandone la Alianza del Pacífico. “Cuando la prensa habla del ‘partido socialista en Chile’, yo dudo que sea socialista. Y acá voy a hablar de frente, públicamente: si Bachelet sigue en la Alianza del Pacífico, quedará definido a quién corresponde, de dónde viene y qué quiere. Si no participa, podemos pensar que, aun sin políticas socialistas, tiene sentimientos socialistas. Eso lo veremos oportunamente…”, planteó en una entrevista con la revista de cultura villera La Garganta Poderosa.

El canciller chileno, Alfredo Moreno, calificó de “impertinencia” a los dichos de Evo Morales, pero se pudo saber que el próximo gobierno combinará su pertenencia a la Alianza con “otros proyectos de integración existentes en la región”. Eso es lo que figura en su programa electoral, eso es lo que numerosos sectores de la coalición que la llevaron al poder desean y lo que gran parte de América Latina está esperando que suceda.

El 11 de febrero de 2014 se reunirán los estados miembros de la Alianza del Pacífico en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Allí se empezará a delinear el futuro de una importante cantidad de países de la región.