Revista Veintitrés

Comenzaron a llegar a estas costas en 1999. Según sus compatriotas, fueron sólo dos los primeros senegaleses que desembarcaron provenientes de ese país del oeste africano. Esa cifra fue creciendo de a poco, aunque en menor proporción comparada con otras corrientes migratorias en la Argentina. La colectividad cuenta hoy con aproximadamente diez mil personas, que en su mayoría se ganan la vida en el comercio minorista. Los senegaleses aseguran que llegaron para quedarse y formar familia, pero que no les resulta fácil lidiar con la realidad local, especialmente en el territorio de la ciudad de Buenos Aires. Sufrieron las redadas y el decomiso de las mercaderías que ofrecen en la vía pública, y aunque “manteros” hay de varias nacionalidades, sienten que la policía de la ciudad se ensaña con ellos. Una muestra de su bronca e inconformismo se vio el pasado 29 de enero cuando decenas de vendedores ambulantes ganaron dos carriles de la avenida Corrientes en repudio a los vejámenes sufridos un día antes por parte de funcionarios del gobierno porteño.

Durante la madrugada del 28, efectivos de la Policía Metropolitana con perros entraron a las patadas en un hotel del barrio de Once y amedrentaron a sus habitantes, familias incluidas, por lo que se radicó una causa penal. En una habitación se encontraban cinco senegaleses. Podrían haber sido más, pero varios estaban en la costa, trabajando durante la temporada. Becaye (prefiere no dar su apellido, al igual que sus compañeros) estaba durmiendo cuando vio a policías con pasamontañas, pistolas en mano. “Perdí 7 mil pesos en mercaderías y efectos personales, celular, dinero y computadora personal. Nos tuvieron hasta el mediodía sin poder comer algo. No nos dieron ningún comprobante de lo que nos secuestraron. Ahora, a empezar de cero”. Cuando la policía entró, Macodou se estaba bañando. Con una toalla a la cintura aguantó sin poder hacer una llamada. “Fueron brutales con nosotros y hasta nos apuntaron con armas porque querían que firmáramos, pero algunos no entienden el español”, explica. Originalmente, los senegaleses se desplazaban por las calles ofreciendo bijouterie y relojes en un maletín. Aunque continúan comercializando esos productos, sumaron cinturones, gorras, anteojos de sol. Antes, el porcentaje de ganancia llegaba hasta un cien por ciento, pero los márgenes cambiaron y tienen que negociar un poco más. Dicen no tener jefes, y la razón por la que tantos se llevan la mercadería a sus casas es por falta de depósitos. Como Barry, que tiene su puesto sobre la avenida Pueyrredón. Los allanamientos se extendieron a unos depósitos dentro de la estación Once: “Perdí todos mis relojes pero yo no quiero robar, vine a trabajar. Robar va contra Dios y lo que hizo Macri y su gente es robar en la oscuridad de la noche. No hubo una sola notificación”, dice sin perder la sonrisa. 

“Cuando el Estado combate algo ilegal, como dicen ellos, lo tiene que hacer de manera legal".

Mor tiene 24 años y habla muy bien el español. En Senegal, donde las familias acostumbran a vivir juntas, tiene a su esposa, cuatro hijos, padres ancianos y un hermano con problemas de salud. Cuando puede, les gira algún dinero. “Hace tres meses, el Gobierno me quitó una plancha repleta de anteojos, me dieron un comprobante, fui a reclamar y no me devolvieron nada. Vivo acá hace dos años y como todos, pago el monotributo, condición para renovar el DNI”.

Senegal no tiene representación diplomática en la Argentina. Por lo general, los inmigrantes llegan a Brasil en avión y desde allí cruzan la frontera. Viven en todo el territorio nacional, pero su presencia en la ciudad es notoria: trabajan en los barrios de Once, Palermo, Liniers, Flores y San Telmo. Según La Nación, son reclutados por organizaciones mafiosas que les pagan los pasajes y les proveen mercaderías para la venta. “Dicen que vendemos cosas robadas... quisiera que vayan todas las mañanas a ver cómo mis compatriotas salen a comprar para vender lo mismo que en los locales”, se indigna Ndathie Sene, “Moustafá”, responsable de la Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina (ARSA). “Cuando el Estado combate algo ilegal, como dicen ellos, lo tiene que hacer de manera legal. Dijeron que lo hicieron para allanar un depósito, pero era un hotel donde vivían senegaleses. Entraron como buscando un terrorista o narcotraficantes, buscando euros o dólares, poniendo lo secuestrado en un acta ilegible. El gobierno porteño es racista, quiere crear una Buenos Aires prolija e ideal. Agarrar a los inmigrantes, a los negros y los pobres y acusarlos de todo lo malo que pasa en la ciudad”. Moustafá llegó hace seis años desde la ciudad de Thiès, vive con su novia y está haciendo las equivalencias para estudiar Sociología. “María Eugenia Vidal habla de limpiar, cuando lo que se limpian son los objetos y no le gente. Las grandes capitales están hechas de diversidad cultural. No se hace justicia apuntando a la gente. No tenemos trabajo registrado, que es diferente, pero es digno”. 

La gran afluencia de inmigrantes de los últimos años se explica por las restricciones que existen en Europa. Algunos datos del Boletín Antropológico de la Universidad de Los Andes en 2011: “¿Por que migran los senegaleses? Algunos por falta de trabajo en el lugar de origen y otros para mejorar las condiciones de vida de la persona y el grupo familiar, tanto para los que tienen formación profesional o técnica –que son los menos– como para los trabajadores no calificados. Hay otros que, aun teniendo empleo en Senegal no vinculado al comercio, deciden migrar porque no ganaban lo suficiente y otros que lo hacen ‘para conocer el mundo, para hacer negocios y relaciones’”.

Abdulaie Gothe llegó al país hace ocho años y junto con un socio se dedica a la comercialización de perfumes de fabricación nacional. Hoy es el contacto entre la comunidad y la Casa África. “Vinieron por varios motivos: por turismo y se quedaron, también hubo refugiados. Verá que no hay senegaleses en cárceles, no hay narcos, ni durmiendo en la calle. Muchos forman familia y la mayoría son jóvenes solos de hasta 21 o 25 años que se buscan una vida. La economía en Senegal está medio caída como en todos lados. Acá, el primer paso para lanzarse es el comercio, pero hay profesionales que esperan nacionalizarse para trabajar en lo suyo, aunque es difícil. ¿Quién va a tomar a un negro? La otra vez un chico se asustó y dijo mono, y la madre se rió. No creo que eso sea racismo, es pura ignorancia”.

Como antecedente a la brutal requisa en el hotel de Once deben recordarse las balas de goma que la Policía Metropolitana disparó contra vendedores ambulantes en la avenida Avellaneda, de Flores, el pasado 11 de diciembre. Con la firma de Alicia Pierini, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires denunció penalmente a la Policía Metropolitana y a cualquier otro funcionario público que haya tomado intervención en los hechos de la calle Sarmiento 2835. Cumplían órdenes de la Unidad Coordinadora de Investigaciones Complejas de la Unidad Sudeste del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad, a su vez autorizada por la titular del Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas 4, Graciela B. Dalmas. Los cargos son incumplimiento de los deberes de funcionario público, coacción agravada, privación ilegal de la libertad cometida por funcionario público. “Los problemas que surgen en el espacio público no son para resolver con represión ni con conductas de dudosa legalidad, sino en el marco del Estado de derecho –afirmó la Defensoría–. Si la cuestión es la venta en el escenario público, el eje de análisis es el trabajo informal y la necesidad acuciante de ganarse la vida. Las personas afectadas por carencia de trabajo constituyen la cuestión principal y el espacio afectado la secundaria. Y quienes denuncian ‘mafias’ deberían probarlo para no incurrir en falsa atribución de delitos”.

Democracia y guerra civil

Senegal tiene una extensión de 200 mil kilómetros cuadrados y está ubicado sobre el Océano Atlántico. Antes de mudarse a nuestro continente, una caravana anual de automovilistas partía de París para atravesar el desierto y terminar la competencia en Dakar, capital del país. Fue dominio portugués en el siglo XVI, pero durante los dos siglos posteriores se la disputaron Holanda y Francia. Fue precisamente de este último país que se independizó en 1960, llevando a la presidencia al socialista Leopold Sedar Senghor. Senegal cuenta con una fuerte tradición democrática en todo el continente africano, con ochenta partidos políticos y una continuidad institucional dentro de un sistema de gobierno que es definido como república semipresidencialista. En los años ’90, fuertes disputas entre facciones separatistas llevaron al país a una confrontación civil que mató a mil personas y envió al exilio a 10 mil. Senegal tiene una población de poco más de 13 millones de habitantes que profesan el Islam y el cristianismo, entre otras religiones africanas. Un 40 por ciento vive en zonas rurales.

Primera condena a un “mantero”

El martes 11, la Justicia contravencional encontró culpable a una mantera de Retiro por mantener una actitud hostil, impidiendo el accionar de funcionarios policiales e inspectores de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad. Rilda Pari Laime se convirtió así en la primera persona en ser condenada por vender en la vía pública, por lo que tendrá que pagar una multa de 35 mil pesos. Laime tiene 30 años, es de nacionalidad boliviana y propietaria de una flota de taxis, además de un local gastronómico. Fue acusada de organizar puestos callejeros de venta ilegal y de cortar una avenida, según el fallo firmado por la jueza María Alejandra Doti. La condenada aceptó su responsabilidad en el hecho –por eso el monto de la sanción– pero no podrá recuperar la mercadería que le fue incautada.