La urbanización de las villas de la Ciudad de Buenos Aires y la mejora en la calidad de vida de sus habitantes es una deuda pendiente. En momentos en que la Corriente Villera Independiente tiene instalada una carpa frente al Obelisco para reclamar por la emergencia habitacional y el cumplimiento de leyes ya sancionadas, surge el debate sobre una iniciativa que propone "pacificar" esos asentamientos bajo el modelo utilizado en Brasil para las favelas de Río de Janeiro.

El Proyecto de ley de Pacificación de la Ciudad de Buenos Aires, presentado por el ex legislador porteño Diego Kravetz, necesita las firmas del 1,5 por ciento del padrón electoral porteño para ser tratado por la Legislatura, pero ya despertó críticas en diversos sectores, que ven en la experiencia brasileña más dudas que certezas.

"A partir del crecimiento exponencial que han tenido las villas en la Ciudad y sobre todo teniendo en cuenta la entrada de ciertas bandas relacionadas con el narcotráfico, evaluamos qué tipo de solución se podría dar para abordar este tema de la relación entre villa, marginalidad y narcotráfico", planteó Kravetz, en diálogo con INFOnews.

Los fundamentos del proyecto establecen: "La inclusión social y la urbanización son medidas fundamentales pero impracticables por sí solas en una primera etapa. Ésta debe consistir necesariamente en la recuperación territorial de manos de los grupos delictivos que ofician de autoridades de facto en esos territorios. Se requiere, por lo tanto, la intervención de las fuerzas represivas del Estado".

Según explicó Kravetz, "en la Ciudad existen dos villas que son los principales centros de acopio de marihuana y cocaína que son la 1-11-14 y la 21-24, y otras como la 31 y 31 bis y la 20 que tienen sectores tomados por bandas relacionadas al narcotráfico". "Las Unidades de Pacificación serán fuerzas de seguridad especialmente entrenadas para quedarse en las villas e ir expulsando a las bandas delictivas. Esto puede implementarse en un plazo de un año con un presupuesto de más o menos 600 millones de pesos", describe el ex legislador.

Kravetz reconoció que su inspiración proviene de la experiencia brasileña de las Unidades de Pacificación Policial (UPPs) en favelas, lanzadas en 2008 por el gobernador de Río de Janeiro, Sérgio Carbral, pero intenta distanciarse de los episodios de militarización que se dieron en esa ciudad y que remiten permanentemente a la actuación del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), cuya crudeza se vio representada en la popular película Tropa de Elite.

"Mi proyecto plantea 400 policías entrando juntos y quedándose en el lugar. No pensemos en 30 tipos ingresando con ametralladoras a los tiros. Van a entrar armados hasta los dientes, pero no se van. Se asientan, plantan bandera como si dijeran 'esto es territorio argentino' y se quedan en el lugar. Esa es la idea", continuó.

En cuanto a las Unidades de Pacificación Social, consideró: "Lo que hacen es bajar los servicios del Estado con acuerdo de la comunidad. Se extiende la sábana de derechos que llegaba hasta la puerta de las villas hacia adentro. Urbanizás, pero también hacés que entren todas las obligaciones: no se puede seguir tomando terrenos, no se pueden hacer construcciones en altura, etc. Transformás en barrio, lográs una sociedad integrada y eliminás las condiciones para que el narcotráfico use a la pobreza como lugar de desarrollo".

Un posible debate legislativo

¿Es necesaria en las villas de la Ciudad de Buenos Aires una policía pacificadora semejante a la brasileña? INFOnews consultó a legisladores porteños para conocer sus opiniones al respecto.

Cristian Ritondo, legislador del PRO, sostuvo: "Siempre es bueno poder discutir proyectos que sirvan para mejorar la seguridad, la convivencia en los barrios y dar pelea al narcotráfico. En Brasil, hay partes donde funcionó bien y otras donde no dio los resultados esperados. Las características de la Rocinha, no son las de la villa 19. Habrá que ver cómo se presenta el proyecto, si es compatible con la realidad de la Ciudad y cómo se establece su articulación con Nación".

En cuanto a las leyes de urbanización incumplidas por el gobierno de la Ciudad, legítimo reclamo de las organizaciones villeras que a una semana de instalada la carpa en la 9 de Julio aún no tuvieron respuestas, expresó: "en algunas villas se está trabajando y se están implementando las leyes de urbanización. Hay que entender que no se puede trabajar con todo al mismo tiempo, urbanizar una villa no es solo ir con una topadora y abrir una calle. Hay que hacer conexiones de cloacas y de agua, hay que ver el diagrama y analizar villa por villa".

En tanto, el diputado porteño por el FPV, Gabriel Fucks, se mostró muy critico ante la posibilidad de aplicar un enfoque similar al brasileño en el ámbito porteño. "Esta idea de la pacificación está de moda, suena bien, a caballo de esta noción de que Argentina marcha a ser una Colombia y que hay que buscar nuevas herramientas, que en realidad son viejas, pero lo peor es que en Brasil están fracasando".

En su opinión la experiencia brasileña se asemeja más a una "limpieza" que a una "pacificación": "Al igual que en Brasil, puede estar aquí la intención de despejar las villas del crimen organizado por estar cercanas a barrios que buscan ser mejor posicionados para la especulación inmobiliaria". En este sentido, es importante destacar, según el legislador, el plan maestro de la Comuna 8 con la planificación del futuro corredor olímpico y los tan ansiados terrenos linderos a la villa 31.

En cuanto a la posibilidad de que la Metropolitana pueda entrenarse como una policía pacificadora, Fucks señaló: "La falta de capacidad que la Metropolitana mostró en el tema del desalojo de la toma de Lugano y en la represión del Borda deja a las claras que esa fuerza no tiene ninguna aptitud para llevar a cabo lo que plantea el proyecto de Kravetz. Cuando la Metropolitana tuvo que actuar, se mostró como una policía brava que boxea a los manifestantes, no una policía preparada y democrática".

Para Gabriel Fucks, la experiencia brasileña se asemeja más a una "limpieza" que a una "pacificación".

Por su parte, Alejandro Bodart, legislador porteño por el MST, destacó: "Yo tengo una diferencia sustancial con el proyecto y es que contempla como primer paso la instalación de fuerzas de seguridad y como segundo, la urbanización, y yo sostengo que es al revés. Si primero incorporamos las villas a la estructura de la Ciudad, objetivamente vamos a trabajar para aislar a las mafias que muchas veces se cobijan en ellas".

"No creo que haya una problemática por la que el Estado no pueda ingresar a las villas. Al contrario, la gente reclama que el Estado entre y el problema es que en general es el Estado el que no quiere entrar", agregó.

La voz más silenciada, la voz de las villas

En toda esta polémica hay actores que buscan ser escuchados. Son quienes viven y caminan a diario cada una de las villas de la Ciudad de Buenos Aires e insisten en la urbanización como prioridad. 

Para el colectivo La Garganta Poderosa del barrio Zavaleta, que participa activamente del acampe frente al Obelisco junto a la Corriente Villera Independiente, no hay ninguna excusa defendible, ni proyecto viable si se posterga la urbanización. 

"El rol de las fuerzas de seguridad es un problema en nuestros barrios. En Zavaleta, creamos una casilla de control popular para defendernos, la que finalmente quedó integrada a la Procuraduría de Violencia Institucional, tras cincuenta denuncias en las que se evidenciaba que el Estado no podía controlar a sus propias fuerzas", dijeron desde la agrupación a INFOnews

Además, para ellos la idea de pacificar las villas con la mira puesta en el delito organizado "es una excusa". "No hay manera de que el narcotráfico controle nuestros barrios sin la participación activa de las fuerzas de seguridad. Lo que no hay es voluntad política para urbanizar", remarcaron. 

Esa falta de compromiso político se ve reflejada en la ausencia de respuestas del gobierno de la Ciudad al acampe que ya lleva más de una semana. "La carpa fue un espaldarazo para nosotros mismos, para reconocernos entre las agrupaciones villeras. Estamos demostrando desde adentro de nuestros barrios a todos los sectores de poder que no respondemos a intereses mezquinos ni banderías partidarias. Todos los villeros somos militantes de la urbanización", evaluaron desde la Garganta.

Para Julio Zarza, subeditor del diario Mundo Villa y trabajador de la Casa de la Cultura en la 21-24, "la pacificación de las villas debe quedar en manos de los vecinos y referentes sociales que trabajan en los barrios". "No creemos que la solución sea más policía. Lo que sí necesitamos es que se cumpla por ley el plan de urbanización, porque es el hacinamiento lo que genera violencia", agregó.

"No es casual que la villa 21-24, que es la más grande según el último censo, tenga 64 organizaciones sociales trabajando, junto a la Iglesia y a los curas villeros. Hay que jerarquizar el trabajo de los vecinos, la solidaridad y los valores. La pacificación está en la inclusión", destacó.

 Paula Stiven también integra el equipo de Mundo Villa en la 31 y formó parte de un grupo de intercambio que en enero pasado viajó a Río de Janeiro a la favela conocida como Complejo de Alemão. Para ella, los discursos de pacificación son "discriminatorios y violentos y lo único que hacen es seguir negándole derechos a la gente más humilde".  

"Lo que no hay es voluntad política para urbanizar", dicen desde la Garganta Poderosa.

"La realidad de nuestros barrios todavía no llega al límite de tener que necesitar pacificarlos. El gobierno de la Ciudad tiene que dedicarse a invertir y no a subejecutar los presupuestos destinados a las villas. En ningún barrio pobre la solución es que haya más policía, la solución es que haya más políticas de Estado", explicó.

De su experiencia en las favelas, trajo un fuerte rechazo al accionar de las UPPs. "Tanto en el Complejo de Alemão como en el Complejo de Maré, otra favela que visitamos, vimos que la gente le tiene mucho miedo a la policía pacificadora. La UPP entra a las favelas y arma una guerra y lo peor es que es el único brazo del Estado ahí", concluyó Paula.


El modelo de pacificación brasileña

La experiencia de las UPPs brasileñas surgió en 2008, inspirada a su vez en una iniciativa desarrollada en barrios pobres de Medellín, Colombia. Los altos índices de criminalidad surgidos del dominio del narcotráfico motivaron al gobernador de Río de Janeiro, Sérgio Cabral, y a su secretario de Seguridad Pública, José Mariano Beltrame, a realizar un proceso de fuerte militarización de los barrios, que en una primera instancia aparece monopolizado por el accionar de la temeraria BOPE. 

Una vez que las favelas quedan “limpias” de los principales focos del crimen organizado, estrategia que en los últimos años no estuvo libre de excesos, se establecen las Unidades de la Policía Pacificadora. "Creamos las UPPs, cuyo principal objetivo es combatir a las facciones criminales y devolver a la población la paz y la seguridad", sostiene Cabral, desde la web oficial de las UPPs.

La primera favela en entrar al programa fue Santa Marta, en la zona sur de la ciudad, y la experiencia se fue replicando como un dominó. A las necesidades sociales de los cariocas más excluidos y a la emergencia por integrarlos a la ciudad, se sumó también el compromiso de mejora del ordenamiento urbano al que el Estado de Río de Janeiro se comprometió a nivel internacional, con el objetivo de convertirse en sede de megaeventos deportivos como la Copa del Mundo FIFA 2014 y los Juegos Olímpicos, previstos para 2016.

En la actualidad, hay 37 UPPs. Números oficiales, avalados por una investigación del Banco Mundial, reflejaron una baja de la tasa de criminalidad y homicidios en las favelas afectadas por el programa, durante los tres primeros años de su implementación, lo que según los especialistas podría explicarse por la migración de los grupos delictivos hacia otros asentamientos libres de presencia policial, en el norte y oeste del Estado carioca.

Pero en 2013, la cifra comenzó a elevarse nuevamente. Datos divulgados por el Instituto de Seguridad Pública (ISP) revelan que el número de homicidios registró un aumento del 16,7%, en comparación con 2012; además del crecimiento de nuevos delitos como robos, violaciones y violencia doméstica.

Una entrevista realizada en febrero de 2014 a Luiz Eduardo Soares, ex coordinador del departamento de Seguridad Pública de Río de Janeiro entre 1999 y 2000, da cuenta de una reorganización de las dinámicas del narcotráfico en la ciudad, que provocaron enfrentamientos entre grupos armados y policías en la Rocinha, a comienzos de este año. En tanto, el diario Folha de São Paulo publicó en marzo que, según informes de servicios de inteligencia, la nueva ola de ataques a las UPPs de Río de Janeiro estuvo financiada por el Primer Comando de la Capital (PCC), desde diversas unidades penitenciarias de San Pablo.

En diálogo con INFOnews, Juliana Farias, de la ONG brasileña Justicia Global, explicó el impacto de las UPPs: "Es complicado hablar en términos de pro y contra frente a una ocupación militarizada del territorio. Se trata de un contexto de represión y vigilancia exarcerbada, marcado inclusive por toques de queda y criminalización de las manifestaciones culturales. Las UPPs son una tecnología gubernamental de control poblacional y territorial de las favelas bajo el argumento de una guerra contra el narcotráfico, marcada por una sistemática violación a los derechos humanos, entre las que se destacan ejecuciones sumarias, torturas, desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias".

Según establecen Edgardo Contreras Nossa y Guadalupe Granero Realini, del grupo Surbanistas, arquitectos especialistas en urbanismo social y estudiosos del modelo de Río de Janeiro, la iniciativa de las UPPs no lograron combatir el narcotráfico, ni permitir el ingreso del Estado a las favelas. "Las demandas de la sociedad pasan a estar canalizadas a través de la policía, lo que crea una nueva situación legal de excepción que depende de la buena voluntad del jefe policial. Pasa de ser un espacio abandonado por el Estado a ser un espacio dominado por una fuerza represiva del Estado", contaron a INFOnews.

Para Surbanistas, el proceso de las UPPs enmascara otras realidades más complejas: "La recuperación de tierras urbanas a través de las fuerzas represivas del Estado es el primer paso para permitir la llegada de distintos tipos de capitales privados –desde empresas de servicios hasta grandes corporaciones de desarrollo urbano- y transformar esas áreas, bajo el argumento de desarrollo, en lugares de alto rendimiento económico". Se consolidan así procesos de gentrificación, que obligan a la población originaria a migrar a nuevos bolsones de pobreza por el aumento del costo de vida o la pérdida de sus viviendas en manos de la especulación inmobiliaria.

Los distintos testimonios y opiniones muestran que la realidad presenta aristas complejas, imposibles de ignorar si se intenta extrapolar la iniciativa brasileña a otras latitudes como la Ciudad de Buenos Aires. El debate sigue abierto y queda aún mucho por discutir, pero no se debería perder de vista que los problemas habitacionales y las necesidades sociales de los habitantes de las villas necesitan una resolución urgente.