Tiempo Argentino

Los dos diputados nacionales del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (Néstor Pitrola y Pablo López) votaron negativamente el acuerdo con Repsol. Igual camino tomó el diputado por el PTS - Frente de Izquierda (Nicolás Del Caño). La posición de los tres legisladores está en sintonía con el rechazo a la renacionalización de YPF oportunamente comunicada por el FIT. Jorge Altamira, el máximo referente y promotor de un "stalinismo sin Stalin" en la Argentina, objetó la recuperación de YPF con los argumentos del neoliberalismo doméstico, del Financial Times y Wall Street Journal, debidamente sazonados con la típica fraseología "revolucionaria" ultraizquierdista.

En el contexto histórico, los argumentos del FIT fueron los empleados por el stalinismo argentino para combatir todos y cada uno de los movimientos nacionales en nuestro país y en América Latina, alineándose automáticamente con las fuerzas de la reacción local y extranjera. Sin embargo, a diferencia de lo acontecido a lo largo del siglo pasado, la izquierda antipopular y antinacional jamás gozó del nivel de influencia que ostenta hoy día. Aprovechando el inédito apoyo recibido de los medios de comunicación de la barbarie, la exclusión y el atraso, el stalinismo argentino ha adaptado su discurso para captar el voto anti-kirchnerista (antiperonista) de las capas medias y medias altas de la población.

En efecto, el FIT vive desde hace algunos años los resultados de una burbuja mediática sin precedentes en la historia del stalinismo criollo. Algo similar sucedió con Elisa Carrió, renacida de las cenizas unos meses atrás, aunque con una sutil diferencia: si la líder de la Coalición ya fue desechada por Mitre, Magnetto y la Casa Blanca (FAUNEN es el manotazo de ahogado de la diputada), la estrategia de correr al gobierno por izquierda no irá sino en aumento. El FIT sólo alcanzará su techo con un hipotético triunfo de Sergio Massa. Como sea, esta alianza virtual entre oligarquía y el stalinismo no es nueva. Data del golpe de 1930 contra Yrigoyen, y vivió su apogeo entre el '45 y el '55.

Favorecido y exacerbado siempre por los intereses de la semicolonia cuando el peronismo histórico se hizo del poder, el stalinismo aparece con renovada fuerza en momentos decisivos del pueblo argentino. Por desgracia, no lo hace en su provecho sino todo lo contrario. Pero subestimar el rol opositor de la izquierda semicolonial y proimperialista constituye un grave error. El análisis del stalinismo argentino en los albores del siglo XXI reviste estratégica importancia pues toca la médula de la cuestión nacional y tiende a promover, en el seno del kirchnerismo, un debate profundo sobre el rol del movimiento obrero, la burguesía "nacional", el Estado y la disyuntiva entre aplicar medidas heterodoxas o revolucionarias (que no son otra cosa que heterodoxas tamizadas por la experiencia histórica). A continuación, la primera parte de un aporte a la comprensión del ascenso del "stalinismo sin Stalin", enfocado acá en la renacionalización de YPF.

INTRODUCCIÓN AL STALINISMO HISTÓRICO. No se puede comprender al stalinismo argentino (ni latinoamericano) sin partir de la progresiva y trágica degradación de la Revolución Rusa una vez alcanzado el poder por el Partido Bolchevique. Entre las causas de su perdición figuran: la naturaleza atrasada y semicolonial de Rusia, el ocaso de Lenin como consecuencia de su enfermedad (y su prematura muerte en 1924), el fracaso de la revolución socialista en Alemania (y en Europa en general) y el ascenso de Stalin. Aquella Rusia era el eslabón más débil del imperialismo.

Del atraso generalizado –sumado a la crisis de la guerra y a la decadencia del zarismo– los bolcheviques obtuvieron la fortaleza para acceder al poder, aunque también, dicho atraso significó su máxima debilidad. La herencia técnica y económica dejada por la débil burguesía rusa preocupó sobremanera a Lenin y Trotsky desde la mismísima fundación del Estado soviético. Pasar al socialismo en esas condiciones era un suicidio más que una utopía. Lenin describía así la gran contradicción surgida de la primera experiencia mundial de una clase obrera al frente de un Estado: "Es preciso comprender y no tener temor en comprender, que 99 comunistas entre 100 se ocupan de aquello que no saben hacer, que trabajan mal y que deben aprenderlo todo aún". Para colmo de males, el funcionario estatal –verdadero privilegiado del cambio de época– se elevaba sobre la miseria general y comenzaba a dominar las cumbres del partido. Advertía Lenin –como Trotsky– que sin una forma de colaboración técnica con la burguesía políticamente expropiada no habría Revolución de Octubre que pudiera prevalecer. Pero mientras su enfermedad lo alejaba impiadosamente de la conducción, la figura de Stalin no hacía sino crecer, y con él, la burocracia partidaria y estatal soviética. Los últimos escritos como discursos públicos de Lenin enfatizaban con copiosa ansiedad lo que habría de ser una de las grandes tragedias de la revolución: el reemplazo brutal y tajante del burgués por el burócrata.

CAPITALISMO DE ESTADO. Entre las últimas jugadas de Lenin y Trotsky en el sentido de revertir la nefasta tendencia descripta más arriba, se ubica la "Nueva Política Económica" (NEP) de 1921. Sin que el Estado perdiera el control de la economía, las principales industrias, la banca y el comercio exterior, se decidió abrir el comercio y la industria al sector privado (incluso con inversiones extranjeras), siempre por supuesto con control estatal. Fue denominado por Lenin como "capitalismo estatal". La respuesta desde el extranjero imperialista y desde ciertos sectores extremistas del propio partido se fundieron en un mismo clamor: "Los bolcheviques retroceden hacia el capitalismo". Lenin les respondió sarcásticamente a unos y otros: "El proletariado, la vanguardia revolucionaria posee el poder político en un grado plenamente suficiente, y el capitalismo de Estado subsiste aún. La clave del problema está ahí: debemos comprender que es un capitalismo que podemos y debemos admitir, pues ese capitalismo es indispensable para las masas campesinas y el capital privado que debe ocuparse de comerciar para abastecer al campesinado. Es preciso organizar todo de manera que la marcha ordinaria de la economía capitalista y el intercambio capitalista sean posibles, pues el pueblo tiene necesidad, no puede vivir sin esto...". Aquí lo más avanzado de la teoría y la práctica del socialismo del siglo XX. Lenin desterraba de un plumazo la "fraseología revolucionaria" y la "abstracción anticapitalista". La realidad por más cruda que pareciera no podía ignorarse: no había base técnica para implantar el socialismo. Sólo un capitalismo de Estado, dirigido por los bolcheviques, según Lenin, era capaz de ahorrar sufrimientos enormes a las masas, asegurar el aprovisionamiento del campo y la ciudad y de preparar la transición al socialismo.

AMÉRICA LATINA, TROTSKY Y LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE. Desde el partido y el aparato, el stalinismo desmanteló la NEP, decretó el comunismo de guerra y la colectivización forzosa. La burocracia incompetente, despótica e incontrolada se profundizó con la persecución primero y exterminio después de los mejores cuadros bolcheviques, sobre todo del más grande revolucionario después de Lenin, León Trotsky. El término "trostkismo" es acuñado por la reacción policial del aparato stalinista. Entre 1926 y 1927, la lucha contra el "trostkismo" cobra rango mundial. En la Argentina, Rodolfo Ghioldi y Vittorio Codovilla –verdaderos maestros de Altamira y la ultraizquierda en general– alinean el Comité Central del Partido Comunista de la Argentina a la reacción burocrática de la URSS, "ratificando su enérgica oposición al troskismo y condenando sus concepciones erróneas y antileninistas". Trotsky es expulsado en noviembre de 1929 de la URSS. Tuvieron que transcurrir casi dos décadas para que por primera vez un país de América Latina decida acogerlo. Era el México revolucionario de Cárdenas. Trotsky prosigue la lucha sin cuartel contra la contrarrevolución stalinista desde Coyoacán a la vez que realizando magníficos aportes al desarrollo de un marxismo latinoamericano. Unifica los ensayos de la "cuestión nacional" de Lenin con la unidad de la Patria Grande, advirtiendo el rol progresivo de los movimientos nacionales y cómo debían pararse frente a ellos (y a la burguesía nacional) la clase proletaria de un país atrasado.

El stalinismo ruso, trasplantado a América Latina por la Internacional Comunista y el turismo burocrático del Partido Comunista, combatirá a Cárdenas como antes había hecho con Yrigoyen y pronto haría con Perón, Vargas en Brasil, Villarroel en Bolivia, Haya de la Torre y Velazco Alvarado en Perú, etcétera. Para el stalinismo se trataban sin excepción de representantes de la reacción capitalista local, aliada del imperialismo y enemiga del pueblo obrero y trabajador. Pero el marxismo de Lenin sobrevivió en Trotsky, quien justificó desde un marxismo genuino el apoyo a Cárdenas y a sus principales obras y medidas, entre ellas, la renacionalización de la industria petrolera y la expropiación de los ferrocarriles. Entre los opositores a dichas medidas desfilaban juntos desde Washington y la oligarquía mexicana hasta el stalinismo nativo. Ahora sí estamos en condiciones de comprender el rechazo del FIT y Altamira a la renacionalización de YPF. Stalinismo puro y del peor, manjar para el imperialismo y la Sociedad Rural.