Comenzó la campaña electoral más larga de los últimos años. El lanzamiento del Frente Amplio Unen (FAU); la consulta que impulsa Sergio Massa contra la reforma del Código Penal; las recorridas de Mauricio Macri por el interior del país y la convocatoria de todos los sectores que militan en el Frente para la Victoria, incluido Daniel Scioli, en un gran acto en el Mercado Central, lo demuestran claramente. El 2015 está lejos y cerca.

Los cruces mezquinos y las chicanas entre los posibles candidatos a suceder a Cristina Kirchner en la Casa Rosada serán parte del menú político de cada jornada. Todo está atravesado por el cálculo electoralista. La reforma del Código Penal, los conflictos gremiales, la lucha contra la inseguridad, los números de la economía, entre otras cuestiones, seguirán bajo ese fuego cruzado durante un año y medio más. También comenzó el cruce de encuestas. Con sus limitaciones cualitativas y cuantitativas, permiten sacar algunas conclusiones sobre cómo arrancan la carrera electoral los principales candidatos.

El diario La Nación publicó un sondeo de Poliarquía que ubica a Massa con el 25 por ciento de las preferencias; seguido por  Scioli, con un 21; y Macri, con un 16.

Luego siguen tres diputados del mismo sector: Unen. Hermes Binner, con 9 por ciento; Julio Cobos, con 8; y Elisa Carrió, con 6
(junto a otro radical, Ernesto Sanz, serán los protagonistas de las primarias de ese sector). Cierra el lote el dirigente del Partido Obrero Jorge Altamira, con un 4 por ciento.

Esta foto –como se puede definir a una encuesta– revela una gran dispersión de las adhesiones políticas. Si las elecciones fuesen en los próximos días se podría afirmar que habría segunda vuelta. Recordemos que en Argentina para ser presidente hay que alcanzar el 45 por ciento de los votos o diez por ciento de diferencia con el segundo. Sólo de esa forma se puede evitar un nuevo round electoral entre los dos más votados.

Massa sigue al frente de las preferencias, pero con menos ímpetu que cuando ganó la elección legislativa en 2013. Scioli, en cambio, parece haber recuperado algo de terreno, a pesar de haber enfrentado un largo conflicto con los docentes y de recibir fuertes cuestionamientos por la inseguridad en su distrito. Macri mantiene un buen porcentaje de adhesiones y, aunque le falta afianzar su figura a nivel nacional, mantiene un alto nivel de apoyo en CABA y algunas ciudades grandes. Esto le permite mantenerse en la discusión nacional.

Los candidatos de Unen siguen con problemas para hacer pie en Buenos Aires, el principal distrito electoral del país (con casi un
40 por ciento de los votos). Binner y Cobos están en una suerte de empate técnico, y sorprende el buen porcentaje que exhibe una eventual candidatura de Carrió. La dirigente chaqueña, en su discurso, aparece más cerca de Macri (fue la primera que propuso sumarlo en una alianza). Cobos no descartó un acuerdo con el ex presidente de Boca y los socialistas que en un principio rechazaban la idea de pactar con un candidato “de la derecha”, ahora la contemplan pero en una eventual segunda vuelta.

De Macri a Binner, todos en el arco “no peronista” ven cómo se incrementan sus posibilidades ante un peronismo dividido. “Nos cuestionan la diversidad ideológica a nosotros, pero al gobierno que suma desde La Cámpora a Scioli, pasando por D’Elía y los intendentes del conurbano, nadie le dice nada”, se quejó un asesor del ex gobernador de Santa Fe. Lo mismo podría decirse del conglomerado que apoya a Massa. Allí hay menemistas, liberales, progresistas, lo más conservador del peronismo y ex funcionarios K. Nadie pasaría un examen de pureza. 

Otra “curiosidad” que exhibe el sondeo, realizado con base en mil consultas telefónicas en todo el país, es que la mayoría de los encuestados no quiere grandes cambios en las políticas implementadas desde 2003. Un 46 por ciento dijo que votaría a un candidato que “cambie algunas cosas y continúe otras”, un 33 se inclinó por alguien que “cambie la mayoría de las cosas” que se hicieron y un 15 por ciento se manifestó a favor de quien “continúe la mayoría de las cosas que hizo el kirchnerismo”.

Quizá esto explique por qué la candidatura del ex intendente de Tigre se “desaceleró”. Massa en la última campaña electoral se presentó como el “heredero racional y sensato” del kirchnerismo. Destacaba las líneas directrices del gobierno que integró pero cuestionaba temas como inflación, inseguridad y corrupción. Incluso, en privado, reivindicaba la ley de Servicios Audiovisuales que, en su momento, presentó junto a la presidenta en el Teatro Argentino de La Plata cuando era Jefe de Gabinete. Pero en los últimos meses se diferenció fuertemente del gobierno. Salió al cruce de la reforma del Código Penal, relacionándola con la inseguridad –ni la UCR ni PRO se animaron a tanto–, y sus diputados fueron los únicos que se negaron a acompañar la discusión sobre despenalizar el aborto (diputados de todos los otros partidos propician una iniciativa que, por cierto, cuenta con el rechazo de Cristina Kirchner). Solo por mencionar dos ejemplos.

Scioli, contra la opinión de algunos miembros de su entorno, sigue defendiendo su pertenencia al kirchnerismo. Apuesta a ser “la continuidad en el cambio”. Su postura recibe críticas de los opositores y también del kirchnerismo ortodoxo.  Según una nota del diario Clarín, que no identifica fuentes periodísticas, el diputado Andrés “Cuervo” Larroque, en una reunión privada en el Congreso, dijo a varios referentes provinciales de La Cámpora: “¿Les queda claro que Scioli no tiene nada que ver con nosotros y nunca va a ser nuestro candidato, no?”.

Scioli apuesta a su buena imagen, a mejorar su gestión (bastante cuestionada) y a lo que llama “lo inevitable”. Los números lo ayudan: dentro del Frente para la Victoria el candidato que más se acerca al 48 por ciento de intención de voto del gobernador (según Poliarquía) es Florencio Randazzo, con apenas un 16. El ministro del Interior y Transporte apuesta a la reactivación del servicio de trenes como su mejor carta para disputar una candidatura presidencial. Por lo pronto, es el funcionario con mejor imagen del Gabinete. Sugestivamente, decidió no concurrir al plenario kirchnerista del Mercado Central.

Después de la euforia que le provocó a su equipo la manera en que ganó protagonismo mediático torpedeando la Reforma del Código Penal, Massa debate sobre cuál es la distancia que debe tomar del gobierno nacional. Algunos sectores del establishment lo quieren bien lejos y lo alientan, pero el ex intendente de Tigre ya no está tan seguro. Por lo pronto, salió a despegarse de Luis Barrionuevo, quien hasta hace una semana estaba preparando la “mesa sindical Massa presidente” y protagonizó el último paro nacional.

El tercero de la carrera, según Poliarquía, es Macri. El ex presidente de Boca sabe que tiene mucho por hacer para proyectar su imagen a nivel nacional y en Buenos Aires. Confía en el piso del que parte y en la proyección de sus candidatos en grandes centros urbanos. Tanto en CABA como en provincia habrá primarias en PRO. Aunque no lo diga públicamente, su candidato en Capital es Horacio Rodríguez Larreta, y en territorio bonaerense apostará por María Eugenia Vidal.

La otra encuesta, realizada por Aresco (Julio Aurelio) y publicada por Tiempo Argentino, tuvo resultados similares en cuanto al posicionamiento de los candidatos. Otorga un margen menor de diferencia entre Massa y Scioli (29,8 a 27,8 por ciento). El sondeo indica que el gobernador de Buenos Aires mejoró su perspectiva después de lanzar la emergencia en Seguridad, una medida que fue cuestionada por opositores y dirigentes kirchneristas. Este sondeo comprendió 2.007 caso presenciales y también ubica a Macri tercero, con un 11 por ciento; seguido por los candidatos de Unen y por Altamira, del Frente de Izquierda.

Las encuestas son fotos que permiten análisis provisorios. La vida real se parece más a una película. En este caso, los actores son apenas un puñado de hombres sujetos a aciertos y errores. Los guionistas, en cambio, se cuentan por millones. Ellos serán los encargados de escribir el final de esta historia.