Esta semana el periodista Ernesto Tenembaum escribió una columna en la Revista Veintitreés en la que criticó al ministro del Interior y Transporte Florencio Randazzo por criminalizar y pedir un castigo para los menores que pintaron los nuevos trenes del Sarmiento.

Además, Tenembaum -quien también está a la mañana en Rock and Pop- agregó que el ministro siempre se caracteriza por "elegir a enemigos indefensos" como por ejemplo maquinistas que se quedan dormidos.

"En nuestro país, en estos días, ha nacido un nuevo superhéroe. Quizás algunos no se hayan dado cuenta. Pero es un hombre probo, limpio y valiente, de esos que no se encuentran, que nos enseña a todos cómo comportarnos. Es una suerte. Lo necesitábamos. Tan carente está la Argentina de liderazgo que, al fin, llegó alguien como él a poner los puntos sobre las íes. Tiene lo que hay que tener. Si en los últimos tiempos, por ejemplo, usted renovó alguno de sus documentos, seguramente lo habrá podido recibir en tiempo récord y habrá aparecido un mensaje en su celular donde él, personalmente, porque tiene superpoderes, le avisaba que le llegarían a su casa. Es gentil, amable, bien dispuesto. Es un hombre que elige puntualmente a sus enemigos: son tres maquinistas que se duermen mientras manejan su locomotora, un delegado de base que siempre denunció el choreo, o dos menores graffiteros a los que manda a detener como si fueran criminales peligrosos. Y advierte: hay que matarlos, si fueran mis hijos, ¿sabés cómo les dejaría el traste, por tarados, por pelotudos? Y luego, ante la natural inquietud que generan esas declaraciones, explica: “Los que piensan que puedo matar a alguien son unos bobos”.

"Es un hombre que elige puntualmente a sus enemigos: son tres maquinistas que se duermen mientras manejan su locomotora, un delegado de base que siempre denunció el choreo, o dos menores graffiteros a los que manda a detener como si fueran criminales peligrosos".

Así de heroico es nuestro nuevo superhéroe: unos, para él, son bobos, y otros, tarados, pelotudos. Y está bien que sea así. El futuro es de los valientes. Nosotros, los argentos, estamos hartos de los cobardes que toleran a esos chicos que pintan graffitis. No hay que darles respiro: hay que insultarlos, perseguirlos, darles chas chas en la cola. No es la primera vez que la Argentina alumbra superhéroes de esta naturaleza.

El superhéroe tiene su historia. En todos estos años, fue ministro de un gobierno que vaciaba los ferrocarriles con maniobras escabrosas. Cuando la gente se rebelaba frente al destrato, al peligro, a la manera miserable en que la hacían viajar, los socios del superhéroe aprovechaban para perseguir zurdos: dirigentes del Partido Obrero, delegados, miembros de Quebracho, Pino Solanas eran acusados de ser incendiarios sin una sola prueba. Algunos eran detenidos. Gente común pasaba meses en la cárcel hasta que eran excarcelados sin ningún pedido de disculpas. Año tras año se anunciaban inauguraciones de trenes y vías y unidades de doble piso que no se producían. Pero la transformación de un político normal en un superhéroe aún no se había producido y entonces este señor, por entonces alguien más, un común, no decía nada: apenas hacía documentos.

El superhéroe, consciente de sus superpoderes, quiere ser presidente y cree que mostrando su indignación frente a gente con poca capacidad para defenderse, se instala ante la población: este es macho, nos va a defender, no va a tener contemplaciones. Parece que el método puede funcionar. De hecho, tantas otras veces ha funcionado: en Europa, sin ir más lejos, muchas personas votan a superhéroes que luchan contra los inmigrantes. Y entonces, saca pecho, toma envión. A la hora de la verdad, lo sabe, no va a importar su pasado. Por ejemplo, que en 1995, cuando el menemóvil entró a su pueblo, y Carlos Menem ya había indultado a los militares, y vendido los ferrocarriles, y vendido todo lo demás, y no había duda de lo que representaba, cuando el menemóvil entró a su pueblo, sobre él se acomodaba el propio ex presidente, un líder de la UCeDé llamado Alberto Albamonte, el intendente del pueblo, y él, que para entonces no era un superhéroe como ahora, no tenía poderes, sino que era uno de esos políticos tradicionales que se acomodaban donde mejor daba el sol. Hoy ya no lo hace, porque tiene superpoderes", sostiene Tenembaum

Leé la columna completa de Ernesto Tenembaum