Durante las últimas semanas se vivió una escalada de tensión entre Estados Unidos y Alemania que tuvo como punto cúlmine el pedido expreso del gobierno de Ángela Merkel a que el jefe de servicios de espionaje norteamericano abandone el país teutón. El escándalo había tenido un fuerte catalizador al tomar protagonismo dos alemanes (un agente de los servicios secretos y un militar) por venderle información clasificada a la administración de Barack Obama

"Todas las diferencias que tenemos pueden resolverse más efectivamente a través de los canales internos actuales y no a través de los medios", dijo el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, según la agencia DPA. El mismo funcionario reveló que Barack Obama y Ángela Merkel no tienen conversaciones desde hace más de una semana. 

Sin embargo, la respuesta más dura por parte del gobierno norteamericano vino de parte del presidente del comité de Servicios Secretos de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Rogers, quien entendió la reacción alemana como un "ataque de ira" indigno de un aliado tan fuerte. "Eso es algo que esperamos de los rusos, iraníes y norcoreanos, no algo que esperamos de los alemanes", sentenció durante una entrevista para la cadena CNN.

"No parece una reacción de un adulto", retrucó Rogers, en un lenguaje que probablemente catalice los ánimos alemanes. Además, se jactó de que la información que maneja Estados Unidos "salvó vidas alemanas". 

Sin embargo, y pese a lo complicadas que aparentan estar las relaciones, el encuentro entre el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y su par alemán, Frank-Walter Steinmeier, en Viena podría significar el comienzo de una recomposición diplomática. De hecho, Steinmeier ya adelantó sus intenciones para con la reunión bilateral: "Queremos revivir nuestra asociación, nuestra amistad, sobre una base más sincera", apuntó. 

Vale aclarar que el origen de todo el conflicto tuvo como epicentro al ex analista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), Edward Snowden, quien el año pasado reveló un sistema entero dedicado a espiar a mandatarios de una enorme cantidad de países, muchos de ellos aliados a los Estados Unidos, como es el ejemplo de Alemania. Entre esos procedimientos se identificó una serie de escuchas al teléfono personal de Ángela Merkel, lo cual desató la cruzada diplomática.