Los dos llegan a la final con 16 puntos obtenidos sobre 18 posibles. Los dos tienen 5 partidos ganados y uno empatado. Los dos llegan invictos. Ellos, con 17 goles a favor y 4 en contra. Nosotros, con 8 a favor y 3 en contra. Esta es la final número 8 para ellos, con 3 ganadas. Y la número 5 para nosotros, con dos ganadas. Además, la de hoy es la tercera vez que ellos y nosotros chocamos en la final, con una para ellos (Italia 1990) y una para nosotros (México 1986). Parafraseando a Shakespeare (que de fútbol sabía poco), datos, datos, datos. Otro más, que esgrimen de un lado: ellos llegan con una goleada al dueño de casa. Pero su contrapartida: nosotros llegamos con valla invicta en las instancias decisivas. La pregunta es de rigor: ¿sirven los datos? Unos dirán que sí, otros dirán que no. Y, la verdad, es que importan poco: la pelota sigue siendo redonda y sin manija para agarrarla. La cosa es así.

Hoy es el día: Argentina dejó en el camino a Bosnia, Irán, Nigeria, Suiza, Bélgica, Holanda. Y llegó ahí, a la cima de un campeonato que se suponía para otros. Tan para otros que uno de los tipos que más saben de fútbol, como es Alejandro Fabbri, se preguntaba hace poco, en Miradas al Sur, “¿alguien puede pensar que Brasil va a organizar dos mundiales de fútbol para que uno se lo gane Uruguay y otro Argentina?”. No, claro, nadie pensaba eso. Pero es fútbol. Eso es el fútbol.

Llegamos con valla invicta en las instancias decisivas. La pregunta es de rigor: ¿sirven los datos? Unos dirán que sí, otros dirán que no. Y, la verdad, es que importan poco.

Hasta acá, hasta hoy, fue el tiempo de los análisis seudosesudos en los cuales cayeron una y otra vez cientos y cientos de periodistas y opinólogos profesionales (si hasta Marcelo Kiner Bonelli, Mariano Grondona y Adrián Ventura dieron sus pareceres pelotísticos en este país tan generoso de micrófonos). Dos de esos “análisis” se llevaron las palmas y conformaron mitos (tan patéticos como los de la solicitada de los Fondos Buitre). Mito 1: Comparar al fútbol con el ajedrez. Mito 2: La Alemania del 7 a 1 jugó latinoamericanamente al fútbol. Entonces, desmitifiquemos pues.

El fútbol es tan parecido al ajedrez como Marylin Monroe a Bernardo Neustadt. Decir que, por ejemplo, el partido de la Argentina contra Holanda fue pensado ajedrecísticamente es el paroxismo del razonamiento elitista. Ergo: la inteligencia juega al ajedrez porque el ajedrez es el único lugar donde se desarrolla la inteligencia. Entonces, todo el universo que queda fuera del ajedrez debe remitir a él cuando de inteligencia se trata. Ahora bien, ya que los analistas no consideran que el fútbol (así como el básquet o cualquier otro deporte) tiene su propio modo de mostrar la inteligencia, no necesariamente similar a la de cualquier otra disciplina, sería óptimo intercambiar roles e imaginar, por un segundo, los cantitos de la hinchada en la final del torneo mundial de ajedrez. Vinchas, gorros, papelitos, caras con colores para entonar la histórica “tomala vó / damela a mí / sacrifiquemo’ un alfí’”. O brazos sacudidos hacia el frente con el combativo “Najdorf, Najdorf, Najdorf, huevo, huevo, huevo”. O el meneo de acá para allá entonando la carnavalera “Yo no soy de Spaski, / yo no soy de Fischer. / Karpov y Kasparov son dos mercachifles. / Soy de Capablanca, / vago y atorrante. / Me gusta Alekhine, / los estimulantes”. O el escupitajo lacerante de “y hagan jaque que tenemo’ que ganar”. Difícil, claro, bastante difícil. Además, como para ponerle punto final a la discusión: ¿por qué los ajedrecistas nunca dicen que uno de ellos piensa la próxima jugada como, pongamos por caso, el número seis de Platense ante un córner favorable a Flandria?

Lo otro, eso de que la Alemania del 7 a 1 jugó como si fuera un equipo latinoamericano, también tiene sus rispideces. Más allá de que esa selección tuvo enfrente a nadie, ¿alguien, sinceramente, puede comparar alguno de los siete goles con el cuarto de aquel otro, verdadero Brasil en la final de México 1970 ante Italia? Participaron de esa acción (a 4 minutos del final del partido) 7 jugadores, que toquetearon la pelota esperando que Carlos Alberto corriera los más de 80 metros que lo separaban de su área al área rival para que Pelé le diera el pase certero y el capitán brasileño estampara el 4 a 1 final. ¿Alguno es similar al del otro México, 1986, cuando Maradona dejó en el camino a toda Inglaterra? No, ninguno. Alemania juega como Alemania. Pero ojo, que Argentina juega como Argentina, Messi y Mascherano y los otros pibes no son ajedrecistas y la pelota, como siempre, sigue siendo redonda y sin manija. Puro fútbol.