Considerado uno de los mayores especialistas en materia de combate al lavado de activos, el economista James Henry es una de las caras visibles de la Tax Justice Network, ONG presente en varios países que aboga activamente por la transparencia en el sistema financiero y que en 2012 dio a conocer un informe donde, entre otros aspectos, establecía que los argentinos mantenían activos por U$S 400 mil millones en paraísos fiscales. En su reciente paso por Buenos Aires habló con Tiempo Argentino sobre el conflicto judicial con los fondos buitre que puso al país al borde del default, criticó que la administración de Barack Obama –a diferencia de la mayoría de los ámbitos internacionales– no haya respaldado la posición argentina.

–¿Qué análisis hace de la situación actual con los fondos buitre?
–Es una completa locura que un juez diga: "Para pagarle a tus acreedores, primero debes entrar en default." El gran problema es que el mundo no ha resuelto este asunto que ha estado dando vueltas hace ya un largo tiempo: el hecho de que los países no pueden caer en bancarrota, a diferencia de los individuos privados. Cuando los militares llegaron al poder en 1976, la deuda externa era de U$S 8000 millones, y la hicieron volar por los aires, hasta llegar a los 48 mil millones en 1983. Sabemos que la mayor parte de esa plata fue malgastada. Para el momento que Alfonsín dejó el poder la deuda era de U$S 60 mil millones, diez años después, cuando Menem dejó su presidencia, ya era de U$S 120 mil millones. Luego vino el Megacanje, "el gran fiasco". Cavallo hizo ese acuerdo con los americanos para llevarla a 144 mil millones. Muchos de los bonos que han comprado los buitres son bonos provenientes de ese megacanje, por el que hoy hay mucha gente que está siendo investigada. Hay causas pendientes en Argentina contra Cavallo, Mulford y otras personas respecto a estos préstamos ruinosos. Estos fondos buitre les compraron esos bonos a sus dueños con una tasa de interés muy alta por U$S 48 millones, eso es todo lo que gastaron. Hoy reclaman al menos 1,6 billones si se incluyen los intereses desde 2012, el momento del fallo del juez Thomas Griesa. Este es sólo un ejemplo, los fondos buitres en realidad han estado en este negocio desde los ochenta. Además de Argentina, hicieron el mismo ardid en países como Panamá, Zambia, Perú. Y obtuvieron resoluciones favorables en una de las jurisdicciones más ‘pro’ Wall Street, el Distrito Sur. Básicamente, el mundo no ha establecido ningún tipo de mecanismo para reestructuraciones de deuda soberana.

–¿Cuál es la opinión corriente en Estados Unidos sobre la pelea con los fondos buitres?
–La mayoría de los estadounidenses no tiene conocimiento de esto. Sí hay un par de senadores claves en el Senado de los Estados Unidos que son extremadamente conservadores, hablo de gente como Marc Rubio, de Florida, que seguramente están apoyando a los fondos buitres. Me ha decepcionado que la administración Obama no haya influido en este conflicto a través de una opinión más enérgica, principalmente teniendo en cuenta el daño que esto le hace a las relaciones entre Estados Unidos y Argentina, es algo realmente increíble. China estuvo aquí la última semana, también lo hizo Putin, todos los países del BRICS se han reunido y todos respaldan la posición de Argentina en esto. Los mejores economistas alrededor del mundo, como el premio Nobel Joseph Stiglitz, se han manifestado a favor de Argentina. Cada economista académico que echa una mirada al asunto se da cuenta de que es una absoluta locura enviar a todo un país a un default de 144 mil millones o tal vez incluso 500 mil millones dependiendo de cómo contabilices la deuda hacia delante. Si la tasas como lo hacen algunos tenedores de bonos tienes una astronómica apreciación de la deuda. O sea, todo aquel que mira esto desde un punto de vista económico, de las relaciones exteriores estadounidenses, desde la seguridad nacional se da cuenta de lo ridículo de la decisión de un juez que está fuera de foco. Pero lo cierto es que los jueces en Estados Unidos tienen un enorme poder para interpretar la ley, especialmente bajo esta Corte Suprema. En este caso, la Corte básicamente dijo: "Este es un caso de las leyes de Nueva York." Entonces, aquí estamos. Ni siquiera es un caso de las leyes de Estados Unidos, tiene que ver solamente con las leyes de Nueva York interpretadas por un juez federal de una manera sumamente dudosa.

–Tras el juicio del siglo que tuvo a Argentina como protagonista, ¿puede finalmente establecerse un mecanismo para reestructuración de deudas soberanas?
–Sí, pero hay que tener en cuenta que el gobierno estadounidense no sólo no respalda a la Argentina, sino que ni siquiera presentó un "amicus" con este argumento, incluso se opuso a que el FMI presentara un "amicus" ante la Corte Suprema, lo que considero absolutamente indignante, el gobierno estadounidense oponiéndose a una presentación del FMI ante la Corte Suprema. Entonces tenemos a este juez de 84 años, que pertenece a la línea dura conservadora, haciendo una muy bizarra interpretación de la ley del Estado de Nueva York, ni siquiera de la ley Federal.

–¿Cuál es la razón por la cual Obama no respaldó la posición argentina?
–Bueno, Obama no se ha mostrado demasiado duro con Wall Street. Basta ver los muy livianos procedimientos que se le siguieron a un par de grandes bancos que solamente pagaron multas considerables, cuando en realidad se trata de bancos que estuvieron profundamente implicados en el fraude de créditos hipotecarios que dio origen a la crisis financiera que le costó a la economía mundial billones de dólares. Lo que quiero decir es que esta administración no se ha enfrentado a los bancos a pesar de la gran cantidad de oportunidades que tuvo para comportarse de manera más dura. El poder de la industria bancaria en Estados Unidos nunca fue más grande: los cuatro principales bancos tienen una participación de mercado mayor que hace diez años. Ningún banquero va a la cárcel por su comportamiento. JP Morgan tenía aquí en Argentina operaciones de banca privada, tal como tienen la mayoría de los grandes bancos, para ayudar a sacar dinero.

–¿Se refiere al caso que denunció el ex ejecutivo de JP Morgan Hernán Arbizu?
–Sí. En Estados Unidos, básicamente, en las acusaciones contra algunos de los bancos suizos como Credit Suisse o UBS tuvimos lo que se denominan "soplones" o informantes que destapan la olla. Por ejemplo, en el caso de UBS tuvimos un ex banquero cuya función básicamente era sacar dinero de latinoamericanos de Estados Unidos a Suiza. Pero aparentemente cuando Hernán Arbizu empezó a hablar aquí la embajada estadounidense se quejó de este tipo. "No queremos saber nada de él", dijeron. En los Estados Unidos, cuando aparece un informante se le pagan cientos de millones de dólares por la información de tal forma que el gobierno puede luego ir por los evasores. Aquí, el Gobierno de Estados Unidos se opuso a Arbizu, ¿Por qué? Porque se trataba de un banco americano, esa es la calve, no una entidad europea, no era el UBS, no era el Crédit Suisse.

–¿Puede Nueva York dejar de ser la jurisdicción preferida para los países?
–Creo que la mayoría de los países van a ser muy reacios a someterse voluntariamente a la jurisdicción de la Corte de Nueva York nunca más. Sienta un muy mal precedente para Wall Street como centro financiero.

–¿Cuál es la conexión con los paraísos fiscales?
–NML tiene sus bases en las Islas Caimán, ese es otro de los elementos absurdos: ni siquiera sabemos quiénes son esos inversores, quien sabe, incluso tal vez haya inversores argentinos. Argentina no conoce a sus propios tenedores de bonos, sus identidades. La razón de que esta situación exista es que no pueden pagarles directamente, sino que lo tienen que hacer a través de bancos de Wall Street. Por eso está el Bank of New York en el medio, y el Citibank, y otro par de bancos encargados de la distribución. Porque Argentina no conoce la identidad de los propietarios de sus bonos y eso tiene que ver con la evasión impositiva.