Remo Carlotto es diputado nacional (FpV) por la provincia de Buenos Aires. Pero, como anunció hace un par de días en la Cámara, “hoy habla el tío”. Entonces, Remo, el tío menor de Guido Montoya Carlotto, habla: “Encontrarlo, reencontrarnos, fue una enorme conmoción y una explosión de alegría. Tratamos enseguida de conectarnos entre la familia, con mis hermanos, con nuestros hijos. En un primer momento, nos reunimos en la sede de Abuelas para tener toda la información, con una enorme alegría. No es para menos, se trata de una búsqueda de 36 años. Al encontrar a Guido, pensé mucho en Laura. Ella tenía 23 años y le arrebataron la vida y nosotros asumimos un compromiso con eso”.

–Como ve el encuentro con Guido, ¿como el cierre de un ciclo o la continuidad de una lucha?

–Nosotros tenemos un compromiso con los derechos humanos. Y es pensarlos como algo colectivo. La lucha nunca fue individual. Asumimos el compromiso de buscar justicia por quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado y por todos los chicos expropiados. Al mismo tiempo que sentimos la felicidad de encontrar a Guido, sabemos que tenemos que seguir buscando a los 400 chicos que aún faltan. Estamos muy felices que la localización de Guido haya servido para que en Abuelas de Plaza de Mayo y en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad hayan explotado los teléfonos de chicos que dudan de su identidad o de personas que quieren aportar información que sirva para localizar a los chicos que faltan. Esta búsqueda colectiva va a continuar y nos obliga a seguir en la lucha. Los Carlotto somos una familia con una gran militancia en materia de derechos humanos. Y eso nos compromete. Teníamos el compromiso individual con Laura y colectivo con cada uno de los compañeros que fueron víctimas, para buscar juicio y castigo a los culpables, la construcción de una política de la memoria y, fundamentalmente, la localización de los chicos que faltan.

"Como dice la Presidenta, cada vez que se encuentra a un chico, la Argentina es un país un poco más justo".

–Hace mucho que una noticia no une a toda la sociedad bajo un mismo entusiasmo. ¿Qué lectura política hace sobre este fenómeno?

–He participado en decenas de conferencias y encuentros familiares, de trabajos de investigación en la búsqueda de los chicos. Los chicos son los desaparecidos con vida, una forma de reparación ante todo lo que la dictadura nos quitó. La búsqueda de juicio y castigo es un acto de reparación central, para que los culpables cumplan su condena en una cárcel común. Pero encontrar a un chico es como arrebatar algo en el tiempo a lo que la dictadura nos quiso sacar. Mi vieja, que es una persona muy conocida, muy querida y respetada por vastos sectores, se convierte en una expresión más contemplada de esa mirada. La recuperación de la identidad nos repara a todos. Como dice la Presidenta, cada vez que se encuentra a un chico, la Argentina es un país un poco más justo.

–Pero el periodismo muchas veces toma otras formas de ver la realidad. En el caso de la aparición de Guido, la noticia y el tratamiento fueron casi unánimes.

–Que alguien pueda estar en contra de que una familia encuentre a un niño robado por la dictadura cívico militar es una locura. Las Abuelas llevaron adelante una lucha en contacto con la sociedad, fueron respetuosas. Tienen esa sabiduría de abuelidad en la vida cotidiana, en la acción, que es política. Sin duda esto no fue de la misma manera desde el retorno democrático. Nosotros vivimos la época en que nos decían que dejáramos a los chicos donde estaban, que estaban bien criados. Hubo un cambio de la mirada desde que el Estado quiso en 2003 volver sobre nuestro conflicto del pasado para resolverlo. Eso está marcado fuertemente en toda la sociedad. Los medios de comunicación opositores, inclusive los opositores a las políticas de derechos humanos del Estado nacional, frente a un tema de tanta sensibilidad, hicieron una impasse. He visto en medios que son muy agresivos una actitud distinta. Bienvenido sea. La búsqueda de la verdad, la construcción de la memoria, la justicia, la recuperación de identidad de los chicos es una obligación y una reparación del Estado democrático. Los medios de comunicación no pueden obstaculizar ese camino, sino apoyarlo. Aquí no hay mirada de venganza, de revancha, no hay ninguna actitud que busque lastimar a la sociedad. Lo que se busca siempre es una reparación. Pero es inaceptable equiparar a aquellos que fueron víctimas con sus victimarios. No puede ser que se reivindique a la dictadura como sucedió en editoriales del diario La Nación. Nos parece bien que haya una reflexión distinta, pero tiene que vincular y comprender las diferencias entre lo que es la historia particular de la búsqueda de un chico con la acción política y criminal de un Estado. Lo que la dictadura hizo no fue sólo una agresión a las víctimas, sino al conjunto del pueblo argentino. Es la única manera de garantizar la no repetición.

–Cree que la familia Hurban tenía alguna noticia sobre la verdadera identidad del hijo que adoptaron… 

–Por lo que hemos hablado con Guido, sus padres de crianza no tenían ningún conocimiento, actuaron de buena fe. Su crianza no estuvo vinculada al hecho trágico de lo que significó su robo y vulneración de identidad.

–No es así con el dueño del campo donde trabajan los Hurban, Francisco Aguilar…

–Aguilar fue quien se llevó de La Plata a Guido y lo entregó, sabía cuál era su origen. Ahora viene un camino que la Justicia debe investigar, pero nosotros creemos que la familia que crió a Guido actuó de buena fe. Son personas sencillas que viven en el campo. Su patrón les entregó un niño. Es un ardid que vemos muchas veces en esos patrones de estancia que deciden sobre la vida de las personas y eso lo tenemos absolutamente claro.

–Treinta y seis años de espera, ¿cuál será su regalo para Guido?

–Tengo atesorada desde hace mucho tiempo la información familiar, mucha información sobre nuestra familia para que él la pueda ver con tranquilidad. Fotos de su mamá, de sus abuelos, de la familia en la vida cotidiana, en la intimidad, las cartas de Laura. Tenemos, después, este amor acumulado y concentrado de 36 años de búsqueda que es el mejor regalo que le podemos hacer. Darle nuestro amor que es, de alguna manera, la continuidad de aquella mano de Laura cuando lo tocó por última vez después de haberlo tenido cinco horas. Nosotros queremos que sea una caricia reparadora y que él sienta plenamente.