Hay un libro de 1980 agotadísimo, verbigracia por el escaso interés editorial de volverlo a publicar, rescatado para su lectura sólo por la laboriosa búsqueda de una editora del sello Tusquets que está más preocupada por hacer leer que por hacer comprar. Cocinar hizo al hombre, del científico español Faustino Cordón, es el libro de 1980 que pone patas arriba la evolución cultural de la humanidad al afirmar que el paso del mono al hombre no estuvo signado por una victoria. A saber: los grandes simios aguzaron su habilidad para desplazarse de rama en rama obteniendo comida fortificando brazos y garras. Ante esa adaptación, otros monos menos fortalecidos, debieron bajar de los árboles y desarrollar su subsistencia en el llano, de pie, en el barro, asimilando la derrota.

Muchos, muchísimos años después, esos derrotados devinieron hombres. Y muchos, muchísimos barros después, esos hombres devinieron genios o giles, magnánimos o sátrapas, aventureros o recluidos: humanidad. Labradores, guerreros, médicos, bailarines, verduleros, mozos, soñadores, maestros, obreros de la construcción, choferes, equilibristas, atletas, changarines, artistas: las mil y una maneras conocidas y por conocer de ganarse la vida después de la derrota que hizo de los hombres algo así como los amos –un poquito protectores y un muchito destructores– del universo. Ah, y periodistas, claro. Periodistas: esa raza que, como dice el especialista en medios digitales Pablo Boczkowski, “dedica el 88% de su tiempo a titular su nota”, “nota que escribe en un 85% en menos de 30 minutos”.

Una conclusión apresurada que, cual cinta de Moebius o dibujo de Escher, vuelve sobre la canción de Fito Páez, la sinécdoque del desengaño y la teoría del panqueque.

Dicho esto, cerquita en el tiempo y en el barro, coincidiendo con la alegoría gastronómica como la señalada, la reciente tapa de una revista de actualidad tuvo la brillante idea de amontonar nombres de famosos bajo el título “La hora de los panqueques”. Más allá del título (“propuesto por el editor de la sección Política Nacional en una de las habituales reuniones de tapa, caracterizadas por el juego con los datos, las palabras, las metáforas, los contrasentidos y las opiniones fuertes. Es, si se quiere, el espacio creativo más intenso y democrático de la semana. No hay propuestas A, B o C, dependiendo del cargo o trayectoria del editor que la formule. Es un trabajo de equipo donde cada cual aporta lo suyo sin exhibir galones”, como aclara la propia revista), la nota intenta demostrar los supuestos cambios ideológicos de una veintena de personajes (artistas, empresarios, funcionarios de los poderes políticos, intelectuales y periodistas; famosos del entramado patrio) a la hora del zamarreado “fin de ciclo”. Término éste que ya es toda una tradición en el periodismo vernáculo, entendiéndose como “rajemos que se acabó la torta”, el cachaciento “vamoló Lolberto” o el aforismo del filósofo argentino contemporáneo Mauricio Macri “Sánchez, no te enganches”.

Por las siete páginas que ocupa la nota (14.700 caracteres con espacios y 25 ilustraciones más la foto del autor del texto, cabeza sostenida en puño cual pensador autóctono) se deslizan, sin mucha medida pero armoniosamente, varias cuestiones. 1) La canción “Rock and Roll Revolution” del último disco de Fito Páez en la que el propio Fito parece dar cuenta de un desencuentro amoroso en la pocas veces certera poética rockera, y el autor de la nota encuentra una suerte de sinécdoque (sí, sí, la parte por el todo) entre una novia y un ideario político. 2) Los mensajes vía Twitter de Julia Mengolini, la ex, suerte de sinécdoque bonita referida por Fito y el autor de la nota. 3) Los mensajes también tuiteros de Andrés Calamaro que, esta vez sin rima, hablan de “despecho ideológico”, sea lo que sea eso, por parte del rosarino. 4) Un listado de “profesionales de la política” (sí, dice “profesionales de la política”) ex kirchneristas (nuevamente sea lo que sea eso), como Alberto Fernández, Sergio Massa, Hugo Moyano, Facundo ídem, Omar Plaini. 5) Otro listado, tan caótico como el anterior, donde aparecen “en el centro de las sospechas” (sic) Florencio Randazzo, Miguel Pichetto y Martín Insaurralde. 6) Un tercer listado donde el autor hace derrapar los nombres de Marcelo Tinelli, Cristóbal López, Matías Garfunkel, Víctor Ramos, Ricardo Forster. 7) Una singular frase sobre la cultura y la política de Ricardo Piglia referida al Salón del Libro de París y que el periodista enarbola como supuesta posición ideológica machucada. 8) Una larga mención de una nota aparecida en el número del 5 de diciembre de 1998 en la propia revista que, según el autor, “podrían estar siendo escritos en este mismo momento” (sic). 9) La transcripción de veinte líneas del ensayo Elogio de la traición: sobre el arte de gobernar por medio de la negación, de los franceses Denis Jeambar e Ives Roucaute. 10) Una reflexión del sociólogo Manuel Mora y Araujo donde percibe en la sociedad “cierta inseguridad en materia de identidad”. Y 11) Una conclusión apresurada que, cual cinta de Moebius o dibujo de Escher, vuelve sobre la canción de Fito Páez, la sinécdoque del desengaño y la teoría del panqueque, que vaya a saberse por qué difiere, pongamos por caso, de la del canelón.

La cuestión es que, al terminar de leer la nota, de esa “estampida de quienes hoy quieren despegarse del Gobierno” anunciada por la tapa de la revista de actualidad, queda poco y nada. O, mejor dicho, las ganas. Las ganas de que se produzca lo que se dice (o lo que se escribe). Las ganas de que el periodismo (lo que se escribe, lo que se dice) sea la realidad, en lugar de que la realidad indique lo que se escribe o lo que se dice en medios periodísticos. Las ganas de mostrar el barro en el que están los demás por el mero hecho de estar parados de un lado de “la grieta” (copyright Lanata) y las ganas de mostrar los pies impolutos –asfalto, plaza seca, parqué lustroso, moquette de quinientas lucas verdes, lo que sea– que caracteriza a quienes están del otro lado. Las ganas de demostrar y hacer creer a todos –todos que, muchas veces, compramos la teoría– que el dinero es la base de toda adscripción ideológica. Así, para la revista de actualidad y su nota y su autor, Fito está con el gobierno cuando el gobierno le paga y deja de estarlo cuando dejan de pagarle. Y Tinelli está con el gobierno cuando el gobierno le ofrece quedarse con las ganancias de Fútbol para Todos y deja de estarlo cuando ese acuerdo se rompe. Y Piglia está con el gobierno cuando le dan un programa en la televisión pública para que hable de Borges y deja de estarlo cuando el programa se termina. La respuesta de Piglia, al respecto, fue fantástica: “Quiero aclarar que nunca he sido kirchnerista y, por lo tanto, tampoco he dejado de serlo. Pero siempre, y (ahora más que nunca) he mirado con simpatía las medidas adoptadas por Néstor y Cristina Kirchner (…) En cuanto a los panqueques, prefiero los de dulce de leche”. Tan fantástica, que el autor de la nota de la revista de actualidad no pudo esconder su enojo y contraatacó desde la página de actualidad web de la revista. Contraataque que, paradójicamente, refuta su propia nota: le enrostra al autor de Respiración artificial haber sido declarado coculpable en un fallo firmado por los jueces Leopoldo Montes de Oca, Hugo Molteni y Carlos Bellucci de la Cámara Civil en 2005 mientras anula toda actuación de la supuesta Justicia kirchnerista anterior a los recientes procesos llevados adelante por los magistrados Claudio Bonadio, Ariel Lijo y María Romilda Servini de Cubría (que también forman parte, según la nota y su autor, de la “estampida”).

Ni la nota ni el autor se preguntan (como deberían hacerlo siguiendo la lógica del pago y la ideología) por quién estará poniendo la plata para que los presuntos fugitivos emprendan la presunta fuga. Quizás, para eso, habrían hecho falta algo más que los 14.700 caracteres con espacio de la nota. Quizás, para eso, hubieran sobrado las fotos. Lo indudable es que, para eso, no habría alcanzado el barro.