Es mucho más difícil poner fin a una guerra que comenzar una, sobre todo cuando se trata de un conflicto vergonzosamente asimétrico y sólo se han alcanzado objetivos diametralmente opuestos a los que se pretendía conseguir.

Después de 50 días de bombardeos que dejaron un saldo de más de 2140 palestinos muertos, de los cuales el 84% son civiles, y más de 11 mil palestinos están todavía en los hospitales, sea dentro o fuera de la Franja de Gaza, y muchos de ellos quedarán tullidos para toda su vida, lo único que ha logrado Israel es resucitar a Hamas, que antes de la guerra había capitulado frente a la OLP, y convertirla en líder de una resistencia que muchos analistas israelíes comparan a la de los judíos durante el levantamiento del Ghetto de Varsovia.

Para lograr un cese al fuego duradero, Israel ha debido conceder aquello por lo que Hamas venía luchando hace siete años y que parecía imposible de obtener: el levantamiento del férreo bloqueo a Gaza. Más aún, el presidente palestino, Mahmud Abbas, anunció este viernes que Israel estaría dispuesto a retirarse a las fronteras de 1967 tal como recomiendan innumerables resoluciones de la ONU que los sucesivos gobiernos israelíes siempre calificaron de inaceptables.

Según la prensa israelí, el ejército estima que derrotar la resistencia requeriría un precio que la sociedad israelí no está dispuesto a pagar.

A pesar de no haber anunciado el levantamiento total del bloqueo israelí, para el Movimiento de Resistencia Islámica Hamas la victoria es clara. “Hemos derrotado una mentira que tiene 66 años –afirma Mahmud Zahar, dirigente de Hamas en Gaza–. La mentira del ejército y el estado invencible de Israel ha caído y todo esto gracias a Dios.”

El acuerdo firmado en El Cairo, cuyo único garante es Egipto, propone que tras un mes de alto el fuego las partes discutirán la desmilitarización de la Franja de Gaza, tal como lo demanda Israel, y la construcción de un aeropuerto y un puerto marítimo, como lo demandan los palestinos. Israel se comprometió a abrir los pasos fronterizos y permitir la entrada de los suministros necesarios para la reconstrucción, a extender la zona de pesca de tres a 12 millas náuticas, y a remover la franja sobre los límites con Israel, donde se prohíbe entrar a los campesinos palestinos.

Adicionalmente, se han cancelado las restricciones a las transferencias de dinero a Gaza, de tal manera que se pueda pagar los salarios de los empleados del gobierno anterior, encabezado por Hamas.

El periodista y objetor de conciencia Sergio Yahni, nacido en la Argentina, afirma que si el alto el fuego acordado en El Cairo entre Israel y la resistencia palestina tiene éxito, el enfrentamiento ha llegado a su final sin que el Estado de Israel haya logrado imponer ninguno de los objetivos políticos o militares declarados durante estos 74 días.

Yahni recuerda que el viernes 13 de junio, por la mañana, el ejército israelí salió a erradicar lo que en Israel se conoce como amenaza terrorista. La noche anterior, tres adolescentes judíos habían sido secuestrados al norte de la ciudad de Hebrón. La policía, los servicios secretos y el primer ministro acusaban a Hamas, el Movimiento de Resistencia Islámico, de estar detrás de los secuestros.

En realidad, los jóvenes habían sido asesinados inmediatamente al secuestro, y tanto los servicios de seguridad de Israel como el primer ministro tenían conocimiento de ello. Pero el asesinato fue utilizado como excusa para una operación policial y militar que pretendía exterminar a Hamas.

Los servicios de seguridad, la policía y el ejército tenían órdenes de golpear a una formación política que ya había reconocido su derrota.

Habían pasado poco más de dos semanas desde que Hamas entregara las riendas del futuro del pueblo palestino a manos del presidente Abbas, en el pacto de unidad nacional palestino. El golpe militar en Egipto y la derrota de los Hermanos Musulmanes había llegado al punto de aceptar la supremacía política y militar del presidente palestino. Una demanda que desde el 2008 era el único punto en discordia entre la dirección de la Autoridad Palestina y la dirección de Hamas.

Según la impecable cronología de Yahni –que codirige el Centro de Información Alternativa–, la ofensiva israelí del viernes 13 de junio de 2014 cambió radicalmente el desarrollo de este proceso, transformando a Hamas en la dirección indiscutible de la resistencia nacional palestina, y relegando a Al Fatah y su dirección a ser meros observadores o ayudantes tras la expansión de la ofensiva a la Franja de Gaza.

En Israel, la ofensiva tenía la total aprobación de la población y ninguna fuerza política representada en el Parlamento se atrevió a demandar cuentas al gobierno.

Por su parte, Hamas no sólo se encontraba en el peor contexto político posible, sino que su aislamiento era tan duro que ni siquiera podía contar con la simpatía humanitaria del pasado: la única alternativa humanitaria propuesta tanto por Europa como por la Liga Árabe era la rendición.

Yahni señala que por primera vez desde los días de lucha en el Ghetto de Varsovia, la resistencia palestina en la Franja de Gaza, un ejército guerrillero, logró enfrentarse a un ejército regular sin retaguardia. Pero, contradiciendo toda lógica, la resistencia no sucumbió, al contrario, tras más de un mes de lucha en el terreno, el ejército de tierra israelí fue forzado a retirarse de la Franja de Gaza sin haber conseguido ninguno de sus objetivos. Semanas más tarde, tras la intensificación de los bombardeos, Israel se ve forzada a aceptar un alto el fuego que se adapta a las demandas de Hamas.

Según la prensa israelí, el ejército estima que derrotar la resistencia requeriría un precio que la sociedad israelí no está dispuesto a pagar.

Las historias de masacres de familias enteras durante esta tercera guerra contra la Franja quedan grabadas en la memoria colectiva, así como la muerte de más de 560 niños. El presidente palestino Mahmud Abbas ya ha anunciado que el proceso de adhesión de Palestina al Estatuto de Roma sigue su marcha y que llevará a Israel ante la Corte Penal Internacional. El canciller del gobierno de unidad palestino, Riad al Malaki, envió una carta a los gobiernos del Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Canadá, Sudáfrica y cinco países latinoamericanos afirmando que las fuerzas israelíes han cometido “crímenes de guerra durante los ataques contra Gaza. Tales acciones han causado la muerte y han herido a miles de civiles palestinos, entre ellos niños”.