A lo largo de la semana, más de cien organizaciones y movimientos políticos de la izquierda latinoamericana se reunieron en La Paz para participar de la vigésima edición del Foro de San Pablo, aquel ámbito de discusión del progresismo regional que nació al calor de las luchas contra el neoliberalismo de los años ´90. Probablemente no haya habido mejor momento para la reunión, celebrada a pocos días de que Brasil, Bolivia y Uruguay vayan a las urnas, y mientras Colombia parece cada vez más cerca de concretar la ansiada paz.

En el foro participaron unos 200 delegados de 50 partidos y organizaciones de Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros países del continente. También hubo presencia extra-latinoamericana, como la visita de Marco Cousolo, del italiano Partido de Refundación Comunista; Vu Trung My, del PC de Vietnam; y Maite Mola, vicepresidenta del Partido La Izquierda Europea. El cierre estuvo a cargo del presidente boliviano, Evo Morales, quien se mostró a favor de la unidad de los pueblos latinoamericanos y en contra de la injerencia del imperialismo a través de las empresas multinacionales.

Muchos fueron los temas que se debatieron en el foro, preocupado por la coyuntura regional pero también por la crisis internacional. El encuentro tuvo como lema "Por la agenda de la Patria Grande" y contó con discusiones sobre posibles medidas para combatir la pobreza y "la contraofensiva imperialista", así como mesas especiales para conversar sobre la "conquista de la paz, la integración y el vivir bien" en la región.

Uno de los postulados centrales de la cita estuvo relacionado con la profundización de la lucha contra el imperialismo y el neoliberalismo, que acechan en suelo latinoamericano bajo el manto protector de los Estados Unidos y el apoyo de la conservadora Alianza del Pacífico, formada por Colombia, México, Perú y Chile. "Tenemos que profundizar todo lo logrado hasta ahora y estar atentos porque el imperio, Estados Unidos, quiere desestabilizar a nuestros gobiernos. Todos soñamos con una patria grande en nuestro continente", afirmó Mónica Valente, secretaria ejecutiva del Foro, en una de las primeras jornadas.

Además de bregar por el crecimiento de organismo como Unasur y Celac, los participantes del encuentro dieron su apoyo incondicional a los triunfos electorales del Frente Amplio (FA) en Uruguay, del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil y del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia. Según las últimas encuestas, todo indica que Evo Morales logrará revalidar su cargo por amplio margen en los comicios del próximo 12 de octubre. Mucha más incertidumbre hay respecto de lo que ocurrirá con Dilma Rousseff, quien el 5 de octubre deberá enfrentar a una poderosa rival como Marina Silva. Por último, el oficialista Tabaré Vázquez vencería en un eventual balotaje al candidato de la oposición uruguaya.

"Hay que fortalecer a los partidos de izquierda para que sigan gobernando en Brasil, Bolivia y Uruguay en las elecciones de octubre", aseguró Mariano Ciafardini, del Partido Solidario argentino. En ese sentido, Kield Jakobsen, asesor de la secretaría de Relaciones Internacionales del PT brasileño, consideró que al estar "ante un mundo que cambia", la izquierda debe estar "unida para enfrentar las consecuencias de esos cambios y defender nuestros intereses".

La cita contó también con riquísimas actividades, como la implementación de una Escuela de Formación Política para nuevos líderes latinoamericanos. Además, hubo sesiones especiales para tratar temas como el de la violencia de género, la situación de los afrodescendientes y el rol ejercido por las organizaciones campesino-indígenas en cada país de la región.

El nombre del fallecido Hugo Chávez fue recordado en todo momento. Muchos coincidieron al considerar que fue con el impulso del líder bolivariano que América Latina comenzó a virar hacia otros horizontes después de una década de neoliberalismo.
Efectivamente, Chávez llegó al poder en 1998 con un discurso que parecía olvidado en la región, a favor de los sectores más humildes de la población. A su triunfo le siguieron el de Lula en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. A partir de ese momento, las cosas cambiaron en el Foro: de tomar una postura de denuncia frente a los efectos del neoliberalismo, pasó a ser un centro de discusión para los eventuales desafíos que se presentan a los gobiernos progresistas de la región.

Pero la historia del Foro de San Pablo comenzó mucho antes, en tiempos del Consenso de Washington, del "fin de las ideologías" de Francis Fukuyama. Fue en 1990 cuando partidos políticos de izquierda latinoamericanos y caribeños se reunieron por primera vez y por invitación del PT de Brasil para debatir la nueva coyuntura internacional ante la caída del Muro de Berlín. La propuesta principal fue discutir una alternativa política al neoliberalismo, que comenzaba a mostrar su cara más brutal y que en pocos años dejaría millones de personas bajo el umbral de la pobreza, la miseria, la desesperación.

El primer encuentro fue en la ciudad de San Pablo, en julio de 1990, y logró reunir 48 partidos y organizaciones que representaban diversas experiencias y matrices político-ideológicas de toda la región. Fue por eso que, en el encuentro siguiente, realizado en la Ciudad de México en 1991, se consagró el nombre Foro de San Pablo.

Con el correr de los años, el foro fue creciendo en cantidad de organizaciones adheridas y en peso específico sobre las agendas políticas de los gobiernos de la región. Su objetivo actual es abrir el debate sobre la integración regional y apoyar las experiencias en las que prima el modelo de desarrollo con justicia social. Para ello, todos los años el foro realiza un encuentro del que participan sus organizaciones políticas adheridas y también algunas de Europa y Asia que, sin embargo, no cuentan con derecho a voto.

Según aseguran sus organizadores, el Foro de San Pablo seguirá creciendo, porque Latinoamérica cambió mucho en los últimos tiempos. Efectivamente, cuando el Foro recién nacía, el PC cubano era el único de sus miembros que gobernaba un país. Hoy ya son 12. Y eso que algunos dicen que 20 años no son nada.

Nota de Tiempo Argentino