Cada día, cuando Dino volvía del trabajo, Aldana lo escuchaba quejarse. “Siento que hago algo que no me gusta”, “esto no me llena”, “estoy desperdiciando mi vida”. Entonces, ella realizó la arriesgada propuesta que ninguno de los dos se animaba a pronunciar: dejarlo todo y salir de viaje. Ese julio de 2009 fue cuando la pareja empezó a vivir sin residencia fija.

“Desde la primaria sabía que quería conocer el mundo y ser libre. Desde muy chico decía que no quería tener jefes, que no entendía cómo alguien te podía decir a qué hora tenías que ir a comer. ¿Y si yo no quería comer a esa hora?”, contó Dino y recordó el día que una maestra cansada de retarlo por lo inquieto y ansioso que era le preguntó: “¿Usted qué piensa ser cuando sea grande?”. Y Dino respondió rápido, porque siempre supo la respuesta: “Turista”.

En 1999 conoció a Aldana y ese año comenzaron a realizar juntos un viaje anual. Siempre el tiempo les permitían sus trabajos, quince o veinte días como máximo. En auto recorrieron la mayor parte del país y también viajaron a Uruguay, Bolivia, Perú, Guatemala, México, Cuba, España, Italia, Francia, Marruecos y China.

“Pero queríamos que los días tuvieran más sentido, irnos cada noche con algo importante del día para recordar, vivir de otra manera, conocer otras cosas. Y, sobre todo, queríamos conocer el mundo a través de su gente. Por esto, y no sólo porque es más barato, viajamos haciendo dedo o autostop y tomamos buses locales y dormimos en casa de gente local”, explicó Aldana, una entre tantas que se anima a la vida de viaje.

“Lo que aparece como tendencia es un paso de valores que rompen con aquellos que tenían las generaciones pasadas, las de mitad de siglo pasado, que se fundaban en el esfuerzo, en la rutina y en proyectar a futuro”, explicó Cecilia Arizaga, socióloga y directora de la carrera de Sociología en la UCES. “Sus principios tienen que ver con el cambio constante, son sujetos móviles y eso es propio de este capitalismo globalizado, en donde se piensa en el hoy y no en los años venideros, disfrutar hoy, gastar hoy lo que tengo”, agregó.

"Queríamos que los días tuvieran más sentido, irnos cada noche con algo importante del día para recordar, vivir de otra manera, conocer otras cosas".

Esos fueron los sentimientos que invadieron a Virginia y Alejandro hace tres años, cuando decidieron trasladar su hogar a una casa rodante y que ésta a su vez se trasladara por todo el mundo. “Hubo un momento en que no tolerábamos más la forma de vida que teníamos, ninguno era feliz en dónde estaba. Trabajábamos 9 o 10 horas por día de algo que no nos gustaba, dejando todo para el fin de semana que se volvía tan corto”, explicó Virginia.

Ellos, además, viajan con la compañía incondicional de sus dos perras salchichas, Pioja y Pumba. “No sufrieron el cambio para nada. Antes estaban todo el día solas y nos veían un rato a la noche. Ahora pasan las 24 horas con nosotros, algo que les encanta, ¿a qué perro no?”, aseguró Virginia.

¿Cómo se financian?

Una de las preguntas más frecuentes que les hacen a los viajeros es cómo hacen para financiar sus traslados. Lejos de cumplir con el pensamiento de muchos, que los imaginan en unas vacaciones constantes, ellos aseguran que trabajan. Sin embargo, todos nombran un dato clave: viajando se necesita menos plata para vivir.

“Yo trabajo mucho por el camino”, explicó Carlos Sinewan, un español que hace tres años que transita los países con su motocicleta. “Tengo varios patrocinadores que me echan una mano, no es mucho pero sumando todo y gastando poco consigo seguir. También escribo en diferentes medios, edito vídeos y subo fotografías a redes sociales”.

Por su parte, Aldana y Dino, realizan shows de magia, muchas veces por dinero y otras tantas a cambio de alojamiento. También venden fotografías y escriben notas. Pero además, hace unas semanas, sacaron a la venta un libro en el cual recopilaron sus historias de viajes: se llama Magia es viajar y puede comprarse online.

“Cada vez hay más opciones para viajar barato, para viajar y trabajar al mismo tiempo, lo que hace que cada vez más personas se den cuenta que no es tan difícil como parece, que muchas veces los miedos que nos paralizan son miedos internos y que falta sólo tomar la decisión y largarse”, dijo Aldana.

Como explicó Arizaga, los viajeros quieren que el trabajo ocupe una parte de sus días, pero no el espacio omnipresente que ocupaba en las generaciones anteriores. Lejos de buscar labores que sean estables y para toda la vida, prefieren aquellas tareas que se hacen por proyectos, por momentos y que forman parte de ese cambio constante.

Viajeros 2.0

Una de las cosas que se busca con mayor intensidad con este cambio de vida, es el contacto con la naturaleza y el escape a la locura de las grandes ciudades. Sin embargo, eso no significa desconectarse de todo y de todos.

“No son los viajeros bohemios del siglo pasado o siglos anteriores, que se largaban a aislarse del mundo. Todo lo contrario, se sirven de la tecnología, están totalmente conectados y eso también es en muchos casos lo que les permite solventarse”, justificó la socióloga.

Gracias a internet, los viajeros pueden mantener sus blogs, tener contacto con sus sponsors y hasta encontrar hospedaje y traslado más barato a través de redes sociales como Couchsurfing, Housesitting, Wwoof, Carpooling, Barcostop.

Pero además, les permite el contacto con sus familiares y amigos. “Cuando echo de menos a alguien lo tengo a través de la pantalla. De hecho, hay personas con las que estás más cerca viajando, porque aquí, cuando dedico tiempo a un amigo o amiga a través de internet, es todo para él o ella; no tengo reuniones, ni me suena el móvil ni he quedado con nadie para comer o cenar”, contó Carlos.

Para toda la familia

Hace ocho meses, Aldana y Dino fueron papas. En ese tiempo aprovecharon para quedarse en Buenos Aires y terminar su libro. Pero ahora, el viaje sigue y con un tripulante más a bordo.

“Vamos a viajar los tres, va a ser un Magia en el Camino recargado. Vamos a ser una familia viajera”, adelantó Aldana. Primero, el recorrido se limitará al interior del país, donde promocionarán su libro, pero después seguirá por otros países.

“Los valores que tienen éstos viajeros se trasmiten a los hijos porque entienden que les están dando un plus, un capital que es mucho más valioso que el hecho de estar cumpliendo con una rutina, con los horarios propios de la vida de un escolar”, aseguró la especialista.

La vuelta a casa

Pero, ¿qué pasa en el momento del retorno? ¿Cómo se vuelve a aquello que fue dejado atrás y olvidado luego de años de rutas y paisajes desconocidos? ¿Cómo se reinsertan éstas personas a la vida laboral?

“A diferencia de lo que uno podría suponer que pasaba si alguien encaraba una cosa así en el siglo pasado, y a diferencia de lo que los padres que pertenecen a éstos valores del pasado pueden decirles a sus hijos - porque piensan que están perdiendo el tiempo, que no van a conseguir trabajo- creo que las empresas en algún punto valoran este tipo de carácter y personalidad”, explicó Arizaga.

Y agregó: “Estas experiencias van a tono con el tipo de valores que el nuevo corporativismo está demandando, que tiene que ver con una actitud proactiva, de iniciativa, de alguien que constantemente busca desafíos, que no se queda y que a diferencia de lo que era antes hoy le escapa a la rutina”.

“Si no lo haces es porque algo te ata lo suficiente y por lo tanto no es lo que realmente quieres. En mi caso sí lo es, he aprendido que viajando soy completamente feliz”.

Aldana y Dino, dicen van a viajar toda la vida: “Pensamos que lo vamos a hacer de diferentes maneras, pero seguir viajando al fin. Podemos estar viviendo por ciertos períodos en diferentes lugares y hacer viajes más cortos, o nos imaginamos de más grandes viajando en una motorhome yendo a visitar a nuestro hijo al lugar del mundo en el que esté”.

Virginia y Alejandro, tienen un poco de experiencia propia ya que este año pasaron un tiempo en Buenos Aires. “No volvimos a trabajar bajo relación de dependencia, nuestros gastos fueron un cuarto de lo que eran antes de salir a viajar. No porque queramos ahorrar sino porque aprendimos que es lo realmente imprescindible para vivir y ya no somos tan consumistas”.

Por su parte, Carlos no piensa en la vuelta. “Una cosa que he aprendido viajando y que no es un eslogan, creo en ello cien por cien, es que el futuro no existe. Mañana sé que arrancaré mi moto y llegaré a Diego, el norte de Madagascar. Pasado mañana ya veremos”.

Además, aseguró que vivir viajando es posible para todo aquel que lo desee. “Si no lo haces es porque algo te ata lo suficiente y por lo tanto no es lo que realmente quieres. En mi caso sí lo es, he aprendido que viajando soy completamente feliz”.

Y en la misma sintonía, opinó Virginia: “Si estás pensando ˈcómo me gustaría hacer lo mismo que ellos, largar todo y dedicarme a hacer lo que me gustaˈ es porque no estás conforme con lo que estás haciendo. Ese ya es el ingrediente fundamental, después uno tiene que creer en uno y salir a buscar la forma para poder lograrlo”.