En el año 2000, Alberto Spektorowski estaba en las inmediaciones de Camp David, la casa de descanso del presidente estadounidense. Adentro, Bill Clinton, el Primer Ministro israelí Ehud Barak y el representante de la Autoridad Palestina Yasser Arafat negociaban un tratado que terminara con el enfrentamiento entre los pueblos del Medio Oriente. Académico dedicado a estudiar en Israel los diversos fascismos americanos y europeos, Spektorowski había estado en el lugar correcto cuando el canciller de Israel Shlomo ben Ami lo convocó como asesor.

Uruguayo, nacido en 1952, a los 22 años Spektorowski hizo aliyá –“ascendió” a Israel–, un año después de la Guerra de Yom Kipur, en que Egipto y Siria habían atacado por sorpresa –y casi vencido– a Israel en el día más sagrado del pueblo judío. Politólogo por la Universidad Hebrea de Jerusalén, se forjó como intelectual bajo el amparo de su mentor, una de las conciencias emblemáticas de la izquierda israelí, el historiador Zeev Sternhell.

Hoy, Alberto Spektorowski es profesor de Políticas Comparadas y Teoría Política en la Universidad de Tel Aviv. Hace cuatro meses, formó parte de la Comisión Política del congreso del debilitado Avodá, el Partido Laborista que simbolizó el sionismo socialista que soñó Israel en los años ‘40 con una proyección muy diferente a lo que se convirtió hoy día.

De paso por Argentina –presentó su libro Autoritarios y populistas. Los orígenes del fascismo en la Argentina (Lumière)–, el profesor uruguayo-israelí habló con Newsweek. Fue a fines de julio pasado, en uno de los peores momentos del conflicto armado entre Israel y Hamas en Gaza. El inicio del bombardeo israelí ocurrió el 7 de julio. En los papeles, fue la respuesta al asesinato de tres chicos israelíes por parte de Hamas (el 12 de junio) y, quizás, al gobierno de unidad creado el 2 de junio entre Hamas y Fatah, el partido fundado por el líder Yasser Arafat y que hoy domina Cisjordania.

Es la primera vez en tres mandatos que Netanyahu usa la infantería. ¿Qué cambió en el Primer Ministro israelí?

Él no quería y no quiere. Me consta que no quiere esto, porque entiende los precios. A mí me parece que Hamas y la propia opinión pública israelí lo desbordaron. Además, el bloque de ultraderecha de su partido, el Likud, lo presiona para atacar, terminar las negociaciones con Cisjordania y seguir con las colonizaciones.

¿Por qué hoy tiene tanto poder la derecha radical en Israel?

Las fracciones de la derecha radical israelí conquistaron el Likud –que era un partido liberal– practicando una especie de leninismo de derecha. Desde el punto de vista territorial, el Likud siempre había negado la existencia del Estado palestino, pero eran muy liberales, incluso respecto de los derechos humanos. Pensaban que los palestinos que habían quedado viviendo dentro de Israel en 1948 serían ciudadanos del Estado judío. Eso fue antes de que se hiciera populista, antes de Menachem Begin [el sexto Primer Ministro israelí, entre 1977 y 1983]. Luego, las derechas colonizadoras empezaron a pelear en las primarias del Likud, aunque en las elecciones votaban a otros candidatos. Así fueron expulsando a los liberales. Eso se tradujo en mano dura y en la creación de leyes con tintes racistas.

¿Por ejemplo?

En la conformación de un Estado más judío que democrático. Van quitando prerrogativas a los árabes que viven en Israel; una manera fue dando plenos derechos solo a los que hicieran el servicio militar, a sabiendas de que los árabes no lo hacen. En Europa eso se hace mucho contra los musulmanes, también.

Lo que no se explica en este nuevo conflicto es lo que parece una respuesta militar desmesurada de Israel.

Hamas conoce la dinámica de memoria. Si yo hiciera el ejercicio de ponerme en los zapatos del Gobierno israelí, no sé cómo hubiese reaccionado.

¿A qué apuesta Hamas?

A llevar a Israel a esta situación. El precio que está pagando Hamas hasta ahora es nada. Están felices de la vida. Puede seguir pagando el precio de que Israel mate civiles. Ellos están servidos. Hamas sabía que Israel se pondría al mundo en contra.

Con grupos integristas más radicalizados que Hamas, como ISIS en Irak y Siria, ¿qué puede esperar Israel de no ir a la paz con Hamas, sino algo peor?

Israel no quiere el fin de Hamas. A riesgo de que se convirtiera en Somalia, Israel tenía muy poco espacio para no reaccionar frente a los tres asesinatos. Podía meter presos a algunas personas, matar a algún terrorista, pero con los misiles cayendo desde Gaza la opinión pública pedía una escalada.

Hezbollah está abocado al sostenimiento del Gobierno sirio; los Hermanos Musulmanes son perseguidos en Egipto; Irán está ocupado con el tema de la desnuclearización. A Hamas parece no quedarle aliados.

Hamas se equivocó en apoyar al movimiento yihadista en Siria. Porque sus socios obligados son Siria e Irán. Lo mejor que hizo Siria en ese sentido fue no volcarse al mundo occidental. Todos los que se volcaron al mundo occidental cayeron: Kadafi en Libia, Mubarak en Egipto, Ben Ali en Túnez. Occidente los traicionó con la estupidez de la “democratización”. En Estados Unidos dicen “menos mal que en Egipto volvió un Pinochet”, un autoritarismo secular, porque los Hermanos Musulmanes son un fascismo pseudo-democrático. Un 50 por ciento de la población egipcia está con los Hermanos Musulmanes. Entonces Estados Unidos tuvo que rever el concepto democrático, y esto lo puede llevar a ser como los viejos republicanos de los años ‘60 ó ‘70: “No importa qué hacen mis amigos en sus países, igual los apoyamos”.

¿Rusia puede volver a ser un actor de peso en Medio Oriente?

Ya lo es. Porque Rusia apoya al régimen sirio: le vendió el pacto a Obama sobre las armas químicas. Putin se “fumó en pipa” a Obama. Cercenaron las armas químicas, pero siguieron con las otras armas para seguir rompiéndoles la cabeza a los opositores. Irán, Hezbollah y Siria son el eje antiestadounidense, con Rusia apoyando de afuera.  Para Israel el problema no es Al Qaeda, sino este eje. Israel entiende una cosa: si no debilita de una forma estrepitosa a Hamas, el eje va a funcionar después.

¿Qué pasó con el debate sobre la “batalla demográfica” en Israel?

Hace cuatro meses, el Partido Laborista organizó un congreso para elaborar su mensaje político. Yo había propuesto una frase: “Avodá no va a permitir que Israel se convierta en un país de apartheid”. Queríamos decir que si seguían con el proyecto de colonización, el tema central sería la demografía. Había que discutir qué va a pasar con Israel. Es sencillo. Si seguimos con la colonización, algo habrá que decidir: o das ciudadanía a todos y dejás de ser un Estado judío, o no les das ciudadanía y, ergo, tenés un “Estado apartheid”.

¿Hoy es un Estado apartheid?

No, porque formalmente Israel es un Estado con territorios en disputa. Ahora, si el mundo aceptara las fronteras actuales, los palestinos pasarían a ser un 43 por ciento de la población en Israel. Con este conflicto, ese tema, que es un asunto democrático, queda totalmente relegado. En Israel, la seguridad le ganó a la democracia.