El miércoles pasado mencionábamos que el espeluznante "Día de la Competencia" del 5 de noviembre del 2013 –celebrado anual y públicamente en Chile, además de organizado por el gobierno de ese país– había arrancado con la alocución del subsecretario de Economía, Fomento y Turismo, Tomás Flores. Vale la pena echar una miradita al powerpoint del castrista-chavista-cristinista funcionario, que para el lector curioso figura completito en el portal oficial de la Fiscalía Nacional Económica (FNE). La primera diapositiva destaca el posicionamiento de Chile en el "Índice de Competitividad Global 2013/14", elaborado por el World Economic Forum (WEF) sobre 148 naciones. Flores nos ilustra: "Chile en el Sexto Pilar: Eficiencia en el Mercado de los Bienes". Debajo y plasmado en simple tabla, la performance de su país en tres variables del referido pilar: Intensidad de la Competencia Local (37º); Grado de Dominio en el Mercado (134) y Efectividad de la Política Anti-monopolios (32). Leyó bien el lector: "Efectividad de la Política Antimonopolios". ¿Así que existe un parámetro de esos tan pomposos y gustosos a la semicolonialidad criolla, parámetro que mide la glorificada y bienaventurada eficiencia del mercado pero en base a la eficacia de una economía para combatir la concentración y cartelización de empresas, para defender el interés del consumidor y castigar el abuso de posición dominante? ¿Será posible semejante afrenta? Sucede que como el ICG tiene otras muchas variables, entre ellas "Instituciones", "Clima Macroeconómico" y "Desarrollo del Mercado Financiero", el pasquín mitrista por excelencia –diario La Nación– se hace un picnic con el desempeño de la Argentina populista. En efecto, son innumerables los artículos dedicados a explicar nuestras sistemáticas caídas en el ICG y sus motivos. Esto lo más interesante, ninguno de estos artículos se detiene a analizar el "Sexto pilar: Eficiencia en el Mercado de los Bienes"; mucho menos su categoría "Efectividad de la Política Anti-monopolios", justamente parámetros reflejados en el power point de Tomás Flores. A la fisiocracia criolla y al anarquismo de mercado les preocupa nuestro invariable descenso en el ICG. Qué mejor que una nueva Ley de Abastecimiento para comenzar a revertir la caída, evolucionando a nivel del Sexto pilar, más específicamente en lo concerniente al combate contra los monopolios y su indicador "Efectividad de la Política Antimonopolios". Pregunta del millón: ¿quién será que lidera tan desconocido, censurado y polémico indicador? Basta con ver el ranking de la WEF: la República Bolivariana de Finlandia. Oh...

EFECTIVIDAD DE LA POLÍTICA ANTIMONOPOLIOS

Las dispositivas de Tomás Flores explican las variables más importantes del Sexto pilar y la posición de Chile en ellas: a) Intensidad de la Competencia Local; b) Grado de Dominio en el Mercado; y c) Efectividad de la Política Anti-monopolios. Veamos la tercera. "¿Hasta qué grado la política antimonopolios promueve la competencia en su país?", explica Se asigna "notas" que van de 1 (no promueve la competencia) a 7 (promueve efectivamente la competencia). A la cabeza del chavismo global antimonopolios: la República Bolivariana de Finlandia, 1ª en el ranking y con nota de 5,6. Chile, la mejor de América del Sur, 32º y nota 4,6 (también 2º en Latinoamerica, detrás de Panamá y 3º en el continente). La Argentina ostenta la antepenúltima ubicación (142º). La República Santanderista de Venezuela: la 2ª peor a nivel mundial (147). Preguntamos:. ¿Qué hace de mal el gobierno chavista de Finlandia para liderar mundialmente la efectividad de la política contra los monopolios?

AUTORIDAD FINLANDESA DEL CONSUMIDOR Y LA COMPETENCIA

La WEF nos dice que los anarquistas de mercado criollos deberían tomar nota, que una política anti-monopolios que promueva la competencia no sólo es posible sino deseable. Finlandia chavista es el mejor ejemplo. En efecto, en el portal oficial de la AFCC (comenzó sus operaciones en enero de 2013), sección "Antitrust", sobresale el concepto "Restricciones de la competencia que decrecen la eficiencia económica". Los chavistas finlandeses nos explican a propósito: "La legislación en materia de competencia obliga a las autoridades, es decir, al AFCC y a las agencias administrativas regionales estatales a intervenir con tales procedimientos en aquellos negocios que disminuyan la eficiencia económica... La Ley de la Competencia (948/2011) busca prevenir conductas nocivas por empresas comerciales y asegurar la estructura competitiva del mercado a través del control de las fusiones (¡sic!). En la aplicación, se presta especial atención a la protección de las condiciones de operación de los mercados y a la libertad de las empresas de negocios para operar con el fin de permitir que los clientes y consumidores se beneficien de la competencia".

CHAVISTAS NÓRDICOS CONTRA CARTELES Y ABUSO DE POSICIÓN DOMINANTE

Prosigue la explicación del punto b, acentuando su autoritarismo chavista-castrista-cristinista: "La Ley de la Competencia prohíbe las restricciones de la competencia consideradas, por regla general, como aquellas que producen efectos nocivos para una competencia económica sólida y eficaz (principio de prohibición). Las restricciones prohibidas incluyen el abuso de posición dominante y las prácticas entre empresas competidoras para limitar la competencia (cárteles). A pedido de la AFCC, la Corte del Mercado (sic) puede imponer una multa a quienes violen las disposiciones de la Ley de la Competencia". La descripción de la AFCC detalla luego: "abusos de posición dominante; los cárteles y otras restricciones de competencia horizontal; y las restricciones de la competencia relacionadas con acuerdos de suministro y distribución, es decir, las restricciones de la competencia vertical". ¡Chavistas!

GALÁCTICOS DEL GRANERO DEL MUNDO

Las editoriales de La Nación "Argenzuela" (partes I y II) no tienen parangón. Insuperables es poco. Otra que las célebremente histriónicas invectivas de Bartolomé Mitre contra Simón Bolívar. Es que, aunque pareciera lo contrario, la historia no se repite; más bien sucede que la Patria Grande no ha resuelto aún –después de casi 200 años– su cuestión nacional. Al sur de la América Latina, la representación de la balcanización, la dependencia y la sumisión a intereses foráneos se ejerce por vía del mitrismo platense. Una vez más, los representantes "argentinos" de la semicolonialidad bregando por la restauración de la semicolonia.

Mauricio Macri tiene como referente al Carlos Menem de "...en una hora y media podemos estar en Japón o en cualquier parte del mundo", gracias a una plataforma que incluirá "...los vuelos a otro planeta el día que se detecte que en otro planeta también hay vida". Casi dos décadas más tarde, la galáctica aspiración de Menem fue cristalizada, aunque con matices y por el populismo K: a Japón se tarda lo mismo que antes, pero los argentinos tenemos nuestro primer satélite en órbita, 100% fabricado en casa. Es lógico que Mauricio no lo quiera. Su inmovilismo agrarista puede más. ¿Por qué gastar en satélites propios si podemos tenerlos rentados? Cuando la modernidad y la tecnología son una realidad y no un delirio, ahí los galácticos del granero del mundo reculan con sus pretensiones espaciales. Es que Macri no entiende el propósito de una empresa como ARSAT. La considera un gasto superfluo. Lo mismo con el Plan Nuclear y esa caprichosa tradición de construir reactores nucleares y plantas de agua pesada, o de inaugurar centros de medicina nuclear con tomógrafos por emisión de positrones (los PET) para la detección temprana de tumores de mama. ¿Para qué satélites, reactores, radioisótopos y tomógrafos con nombres raros en una semicolonia eterna aspirante a exportadora de granos y vacas?

DE "ARGENZUELA" A "ARGENLANDIA"

Arsat-1 más Tecnópolis repleto de cabecitas negras es una nauseabunda tragedia, pues la semicolonialidad se debilita toda vez que nuestros pasos se asemejan a los tomados por las naciones soberanas del globo (es hora de dejar de hablar de "naciones desarrolladas" desde que el camino al verdadero desarrollo nacional es soberanía). Y no de cualquier paso, sino justamente de los tomados por las naciones soberanas en sus respectivas y decisivas etapas de despegue socioeconómico real (léase emancipación), a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, a su vez caracterizados por: unidad política y territorial, independencia económica, defensa de la producción local, ciencia y tecnología soberanas, fomento a la cultura nacional, Estado protagónico y rector, redistribución equitativa del ingreso y la riqueza, coraje y determinación a la hora de defender los propios intereses, regulación y control del mercado. ¿Para qué podría precisar una semicolonia de un más férreo marco regulatorio de defensa del consumidor y de combate a los monopolios? ¡"Argenzuela"!, gritan Mitre y Rivadavia, el Almirante Rojas y Martínez de Hoz, el Departamento de Estado y la Sociedad Rural. El odio visceral contra todo lo bolivariano, contra todo lo autóctono y genuinamente revolucionario, contra todo aquello que haga tambalear la semicolonialidad vuelve a salpicar las páginas del house organ de la repúbliqueta de la Pampa Húmeda. En dos partes consecutivas, hemos intentado ilustrar cómo la "República Bolivariana de Chile" combate la ineficiencia del mercado entendida como toda plaza librada a la anarquía del mercado, es decir, a una competencia desleal, con tendencia a la concentración, cartelización, abuso de posición dominante y desinteresada del ciudadano consumidor (mero y último eslabón de la cadena que no merece especial cuidado ni atención). En la Chile chavista, a la sazón modelo del FMI, de Mauricio y la Massa de Enlace, tales flagelos se combaten con la Fiscalía Nacional Económica (FNE) y el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia. En la Finlandia chavista, con la Autoridad Finlandesa del Consumidor y la Competencia, la Corte del Mercado y la Ley de la Competencia. Ojalá estas líneas motiven a Don Bartolo a proseguir su imperdible zaga "Argenzuela", esta vez con una tercera parte titulada "Argenlandia". Todo sea por frenar esa maldita reforma a la Ley de Abastecimiento que nos acerca horrores a la República Bolivariana de Finlandia.