En la Argentina, las cárceles están pobladas por jóvenes con baja escolaridad y con trabajos precarios; el entorno delictivo y el consumo de alcohol y droga ayudan a predecir los delitos más violentos; el acceso a las armas de fuego es muy fácil. Son algunas de las conclusiones de una encuesta a presos realizada por el Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (CELIV) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

La investigación, que se desarrolló en los meses finales de 2013, abarcó a 1033 presos que cumplen condenas en el sistema penitenciario bonaerense y federal y a más de 6000 reclusos sentenciados en otros cinco países de América Latina: Brasil, Chile, El Salvador, México y Perú.

La flagrancia también está presente en el 81% de los detenidos por robo y en poco menos de la mitad de los delitos de homicidio.

El dato que se impone es la precocidad en el delito: el 57% de los internos tiene entre 18 y 30 años. La vulnerabilidad es, sin dudas, un factor determinante al revelarse que el 52% no asistió al colegio o sólo llegó al primario.

En ese sentido, un 71% trabajaba antes de ser detenido aunque más de la mitad contestó que eran empleos de baja calificación.

"Un problema que detectamos es la alta tasa de reincidencia. Los entrevistados te dicen que a los tres o cuatro meses están presos otra vez. La cárcel hace muy poco por rehabilitar, pero más grave que eso es la poca atención que se le brinda a quien acaba de ser liberado. A esa persona hay que monitorearla y no dejarla a su suerte. Si no lo que queda es acostumbrarnos a la idea de puerta giratoria", revela Marcelo Bergman, director del CELIV.

Con respecto a este punto, la mitad de los presos admitió haber recibido amparo por parte de organizaciones no gubernamentales mientras que un 25% reconoció haberse puesto a resguardo de patronatos de liberados.

"Es poco el apoyo institucional recibido por aquellos que fueron liberados de las cárceles, y relativamente rápido los reincidentes vuelven a la actividad delictiva", agrega Bergman.

El trabajo de la Universidad de Tres de Febrero demuestra que los delitos patrimoniales así como los relacionados con drogas son la constante en los penales de Argentina. Por ejemplo, el 52% de las mujeres detenidas (que representa apenas el 5% de la población carcelaria) cumple penas por tenencia y tráfico de estupefacientes. Si ampliamos la muestra incluyendo a los hombres, la cifra de los que purgan condenas por drogas asciende al 78% con el agravante de haber sido delitos cometidos en flagrancia (cuando el autor es sorprendido en el momento mismo de cometerlo).

La flagrancia también está presente en el 81% de los detenidos por robo y en poco menos de la mitad de los delitos de homicidio.

Con respecto a este tema, Bergman explica que "al observar las detenciones en flagrancia, se puede inferir que la calidad de la investigación penal es bastante dudosa. El desempeño de la justicia presenta numerosas deficiencias. Se han detectado muchas irregularidades en los derechos y garantías de los procesados relacionados a la corrupción policial. Las cifras prueban que si la captura no se concreta durante el hecho o a las dos o tres horas, el delincuente tiene grandes posibilidades de no ser capturado nunca más."

En ese sentido, el sistema apresa a pocos jefes de bandas o líderes de estructuras criminales, pero detiene mayormente a eslabones menores de la cadena delictiva: el 50% de los detenidos por drogas ganaba alrededor de 600 dólares con esta actividad y el 25% de los presos está por robos menores a 900 dólares.

Para el director del CELIV, "en la Argentina, como en el resto de los países de la región, la población carcelaria preponderante es la de menor peligrosidad: el transportista, el dealer, el que roba autos. Así nunca se va a desarticular el negocio porque es mano de obra rápidamente remplazable".

INTOXICADOS Y ARMADOS. El delito en el país tiene un par de características inherentes. La primera es la toxicidad: el 31% admitió haber consumido alcohol o drogas seis horas antes de cometer el delito.

La segunda es el acceso a las armas de fuego que, según el estudio, en la Argentina es más fácil que en el resto de los países analizados. Además es en donde más se utiliza para la comisión de delitos (casi un 80% de los presos reconoció haber tenido una en sus manos).

En cambio, resulta favorable la comparación respecto a las condiciones de vida en las cárceles: en el país el 94% de los presos tiene una cama para dormir.

El dato

Presentación. La exposición del informe completo se realizará mañana a las 10 en la sede que la Universidad Nacional de Tres de Febrero tiene en el Centro Cultural Borges, ubicado en Viamonte 525, auditorio Williams, piso 2, en la Capital Federal. Uno de los asistentes será el ex juez León Arslanian.