Prudente, decidido, sereno y sin rencor. Así suena Ignacio Guido cuando habla. Casi un espejo de Estela de Carlotto. Después del tsunami emotivo que le significó conocer que no era quien era. Luego de entender que no solo sus padres habían sido víctimas de la dictadura, sino que era el nieto de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Ignacio Guido Carlotto Montoya, tal su nombre recobrado, trata de retomar lentamente su actividad de siempre (“Ya volví a los ensayos”), aun sabiendo que ya nada será igual. La recuperación de su verdadera identidad se convirtió en una noticia mundial, mal que le pese a este muchacho simple de Olavarría que prefiere tocar el piano o jugar con su perro antes que dar una entrevista.

Pasaron varias semanas de la noticia y de la enorme exposición pública que eso te generó. ¿Cómo estás? 

Todavía estoy pasando por la onda expansiva, la réplica del impacto. Y tratando de acostumbrarme a la sensación de perder el anonimato, que es bastante fuerte. Pero la estoy llevando bien.

Se conoce poco de tu vida anterior a recuperar tu identidad. ¿Cómo asimilaron la noticia tus padres de crianza?

Ellos están bien. Shockeados, como yo. Pero se han alegrado de que pueda reencontrarme con mi familia biológica. Tienen esa grandeza.

¿Evaluaste a la hora de hacerte el análisis la posibilidad de que la Justicia investigara a tus padres de crianza? La jueza Servini de Cubría los considera “apropiadores”.

Todo el mundo lo evalúa. Es una contradicción a la que uno se enfrenta en ese momento, la sensación de ponerlos en riesgo. Pero cada caso es diferente…

Quiere decir que lo pensaste…

Claro, ¿cómo no lo voy a haber pensado?  Cuando arrancás con el análisis o la investigación pensás en un montón de cosas. Pero a mí me pareció que la búsqueda de la verdad estaba por encima de las otras consideraciones. Y más allá de que la Justicia actúe, los finales, en general, han sido conciliadores. En la mayoría de los casos, es una suma: las familias se terminan ensamblando y triunfa la situación amorosa de la crianza. Cuando la hubo, como fue en mi caso.

Hubo casos emblemáticos, donde los apropiadores pertenecían al aparato represivo. Tu situación es distinta. ¿Esto te deja tranquilo?

Ellos, Clemente y Juana, actuaron de buena fe. Es un caso particular por su situación laboral. Hay que ponerlo en su contexto: en el ámbito rural, ellos actuaron bajo una presión bastante grande. Existían muchos condicionamientos. Hasta ahora me criaron ellos, y seguramente me van a seguir apoyando y retando en lo que les quede de vida.

¿Ellos te dieron las explicaciones que les pediste antes de tomar esta decisión?

Sí, ellos hablaron muy bien conmigo.

Si Estela de Carlotto es la abuela ideal, cuando uno te escucha hablar se puede decir que es como si vos fueses el nieto ideal de Estela. Sos igual de sensible y prudente sin renunciar a tus convicciones. Es como si se tratase de una relación de espejos…

Es la maravilla de este encuentro. Yo siento que aquí hubo apenas una interrupción en la relación, como pasa con esos amigos que dejaste de ver mucho tiempo y, cuando los ves, todo se continúa en el punto donde lo dejaste. Acá es similar, con las dos familias.

Hay una frase de los sicilianos que a mí me gusta mucho: “La sangre no es agua”. En tu caso la carga genética es evidente…

Sí, tal cual. Y no solo en los rasgos físicos: hasta mi gusto por la música, que está tan instalado en mi familia. Es una situación que se repite con otros nietos recuperados, pero muchas veces la crianza con la que fueron educados y los valores transmitidos eran opuestos a los de la familia biológica. Pero en este caso no sucedió eso. Todavía es más fácil el encuentro y el ensamble.

¿Cómo imaginás tu futuro desde ahora?

Excelente pregunta. Hace un mes te hubiera respondido otra cosa. Mis objetivos eran tocar como lo venía haciendo y no mucho más. Y eso va a seguir igual. Se suman cosas, dos familias que hay que conocer en profundidad, no como obligación sino como un deseo profundo. Pero eso es algo que no tenía pensado. Y también, a partir de la notoriedad, se abren algunas puertas profesionales que no tenía pensadas.

¿Sentís la responsabilidad de asumir un compromiso político?

Siento la responsabilidad de la lucha de Abuelas, pero no el compromiso político, más allá de que no se disocian fácilmente.

Algunos nietos recuperados se dedicaron a la política…

Yo siento que mi actividad musical también es una política, no creo que la política partidaria sea la única manera desde la que se puede generar consciencia. No cuestiono a los otros, ni tampoco puedo decir: “Nunca lo voy a hacer”, pero hoy tengo esta convicción: soy solamente un músico, y me siento muy bien con eso.

¿No te queda un sentimiento de bronca por el hecho de que te hayan cambiado de identidad y de historia?

Si esto lo viviera en el cuero de otro, estaría enojado. Pero yo no. Soy un agradecido, tuve una infancia súper feliz con dos personas que me quisieron mucho, en un ambiente natural, y me dejaron hacer lo que yo quería, que era vivir de la música. Y ahora recibo esta noticia  y en lugar de una, tengo tres familias. Pero esto viene a sumar. No viene a revolver nada sino esta historia: con verdad, justicia, sin dejar pasar por alto a los responsables, pero sin ningún tipo de persecución y siempre dejando en claro que el amor va a triunfar. El caso de mi abuela, como el de las demás, de incansable búsqueda a través del amor, es un ejemplo del que me gustaría aprender. Bronca, entonces, no tengo; sí gratitud. Todo lo que está pasando es muy bueno. Es un regalo que no esperaba.

¿Conocías a la persona que te entregó a tus padres de crianza?

Lo traté, pero no formaba parte de mi familia. Era una situación patronal.

¿Tenés un ánimo adverso hacia él?

No. Pero me gustaría que se sepa bien que pasó. Fue muy doloroso lo que pasó con mis viejos.