Borrando a papá se llama el polémico documental que denuncia un drama que se incrementa día a día en el interior de muchas familias: el de la obstrucción deliberada de los vínculos entre padres e hijos. "Quisimos mostrar una realidad que se oculta, o que no tiene la presencia pública que merece: la que sucede muchas veces en procesos o luego de divorcios conflictivos, donde la esposa denuncia a su ex como un padre peligroso para la salud, física y mental del hijo", dice Ginger Gentile, neoyorquina y una de las dos directoras del film (la otra es la argentina Sandra Fernández Ferreira), replicó Tiempo Argentino.

Ginger está en pareja hace más de una década con Gabriel Balanovsky, productor del documental y procesado por el secuestro de su propia hija. "Un juez me encarceló durante un año y dos meses en una prisión de máxima seguridad sin importarle que la jueza de familia me había otorgado la guarda provisoria de mi hija mientras se definía la tenencia", sostiene él. De esto se trata Borrando a papá, del castigo que ejerce la ex sobre el ex tomando de rehén a los hijos. "Entrevistamos a más de un centenar de personas, muchas de las cuales estaban en contra del documental: las cosas que nos dijeron fueron terribles, sólo por mostrar una dimensión del drama", cuenta Balanovsky.

El espectador verá en poco más de un hora el drama en primera persona de seis hombres –Héctor, Yura, Claudio, Guillermo, Diego y Sergio–, quienes protagonizan apenas la punta de un iceberg de una estructura compuesta por abogados, psicólogos, psicoanalistas, centros de revinculación y ONG que, según ellos, reciben subsidios millonarios por vehiculizar denuncias contra los ex. "Es una estructura que no busca soluciones sino mantener familias judicializadas y prolongar el conflicto de manera sistemática, para mantener a los padres alejados", asegura Claudio Barone, que aparece en el documental.

El documental ya tenía fecha de estreno, el 28 de agosto, pero debió posponerse, al parecer, según sostienen las directoras, por presiones de organismos de defensa de políticas de género. "Sin embargo, a pesar de estas presiones, el INCAA decidió seguir apoyando a este documental, desestimando incluso el pedido de censura de sectores sexistas avalados por un sistema que ve amenazado su negocio de judicializar familias", sostiene Balanovsky, y agrega: "Lo importante es que se hable de este tema, que se conozcan estos casos, que cada vez son más. Y que permanecen ocultos por un estereotipo que viene de lejos, pero que promueve cierta parte del sistema judicial argentino. Por suerte, por lo menos nos dejaron hacer público este documental, y aún más: yo quiero agradecer el respaldo y legitimación que da el Estado a una lucha que es de todos."

"Muchos padres no se resignan y se presentan en tribunales, en instituciones y ante profesionales a solicitar ayuda, muchas veces sin lograrlo debido a que dan por cierto todas las cosas malas que dicen las madres sobre ellos", cuenta otro protagonista, Yura, un joven ruso que se casó con una argentina y que hace dos años no sabe nada de Sasha, su hijo, porque su ex lo denunció, entre otras cosas, dice, por enseñar al niño a hablar en su idioma.

"​​La ruptura de vínculos entre padres e hijos es un negocio muy lucrativo para toda una estructura montada a su alrededor y a la que no parece importarle la resolución de los conflictos ya que, en realidad, los genera, vive y se alimenta de ellos. Nosotras, como documentalistas, intentamos exponer y desentrañar este negocio amparado y avalado por la justicia y tantos profesionales, para que cobre visibilidad y así, quizás, empiece a revertirse", dicen las directoras. Y concluyen: "Cuando una madre enseña a odiar a su padre, le enseña al niño a odiarse a sí mismo."

"Mi hija me pidió vivir conmigo"

"Con las falsas denuncias que realizan algunas esposas contra sus ex, desgraciadamente algo más habitual de lo que parece –y que no se penan si son denuncias falsas, como sí se penan en el ámbito penal–, logran dejar a un chico sin su papá porque la madre lo quiere únicamente para ella, o castiga a su ex, y el chico queda impedido emocionalmente para el resto de su vida", dice Claudio Barone, uno de los protagonistas del documental. "Me sucedió con mi madre, que cuando yo tenía 8 años me dictaba cartas en contra de mi viejo, una vez que mi viejo la dejó. Me decía que él me había traicionado a mí. Luego, fui padre. Amo profundamente a mis hijas, nadie en este mundo las va a querer como yo, y tengo el alma destrozada por tener lejos e incomunicada a una de ellas, porque me denunció mi ex. Mi ex me fue aislando de mi hija, tomaba las decisiones, y es como que la crianza era de ella. Hasta que la cosa se hizo insostenible: me separé y me pasó lo que me había pasado de chico. Estuve cinco años para que me den un régimen de visita para ver a mi hija. Me lo dieron en 2009. Pero cuando la fui a buscar a la casa de la madre, no había nadie. Al mes me enteré de que ella se había mudado a Bahía Blanca. Siete meses después, mi hija me pidió vivir conmigo. La madre no quiso verla durante meses, hasta que en diciembre de 2013, vinieron agentes de policía para llevársela."

Desvinculados de la asociación

La organización Documentalistas Argentinos (DOCA) comunicó su decisión de desvincular a Ginger Gentile y a Gabriel Balanovsky, tras la denuncia de la ONG Salud Activa, que logró postergar el estreno hasta el 2 de octubre. "Ni Gentile ni Blanaovsky forman parte de nuestra asociación y su película ha dejado de formar parte de los Estrenos DOCA", señaló la entidad a través de un comunicado, que agrega que Balanovsky "inició una campaña difamatoria sosteniendo que su película era censurada."

Seguiremos, como siempre, garantizando la transparencia en la asignación de los fondos públicos para documentales y repudiando todo intento de restringir la libertad de expresión."

"Somos estigmatizados"

"Participé en el documental porque ya no sé qué hacer", empieza Sergio González. "Lucho por la tenencia negada a pesar de que la madre de los chicos, luego de golpear con un palo a uno de ellos y ser acusada de intento de homicidio agravado por el vínculo, sigue en libertad y con mis hijos. El juzgado alega que es la madre, que deben estar con ella. Ahora puedo verlos, pero no por intervención del juzgado, sino porque la madre escuchó el pedido de mis hijos y permitió que volviéramos a tener contacto. Este documental debiera verse, porque ni siquiera nos dejan eso: expresar lo que sentimos. Los papás estamos estigmatizados con las palabras 'violencia de género', y sabemos que gracias a este estigma no se nos escucha. Y lo más lamentable es que tampoco los chicos son escuchados. Existe mucha injusticia detrás de muchísimas denuncias sobre violencia de género, y los hijos terminan siendo víctimas de las peleas entre padres. Y los papás que nada tenemos que ver con esta violencia, somos castigados. Yo lo viví en carne propia: mujeres que ejercen violencia no son tratadas de la misma forma."