La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció al 21 de septiembre como el Día Mundial del Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que afecta a millones de personas en el mundo, y una de las grandes preocupaciones sanitarias a nivel global.

Para conocer todos los detalles de este padecimiento, INFOnews entrevistó al doctor Diego Sarasola, médico especialista en Psiquiatría y Neuropsiquiatría, y Fundador y Director del Instituto de Neurociencias Alexander Luria (La Plata, calle 1 n° 1557 entre 64 y 65).

Además, es presidente de la Fundación para el Desarrollo de las Neurociencias (Fundanec), forma parte del staff médico de la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI), y es docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Recientemente, la Asociación Lucha contra el Mal de Alzheimer y Alteraciones Semejantes (ALMA), lo distinguió en su aniversario número 25 como figura destacada en el ámbito de la lucha contra la enfermedad de Alzheimer y otras demencias.

QUÉ ES Y CÓMO SE PRESENTA LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

Sarasola explicó que el Alzheimer “es una enfermedad neurodegenerativa, en la que las neuronas empiezan a morir generando atrofia en el cerebro y la aparición de síntomas que agrupamos en dos tipos: cognitivos y de conducta”.

"El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que genera la aparición de síntomas cognitivos y de conducta”

“Los primeros incluyen fallas de memoria, problemas en el lenguaje, en la orientación espacial, y todo lo relacionado con los procesos mentales. Mientras que los segundos, se manifiestan con depresión, alucinaciones, llantos, agresividad, apatía, desgano, y fallas funcionales, lo que hacen que el paciente sea cada vez más dependiente para las actividades diarias primero, luego para las más complejas y finalmente para las actividades básicas, como comer, bañarse o vestirse”, relató.

Ante esto, el neuropsiquiatra aclara que “esto no significa que todos los que tienen Alzheimer tengan necesariamente estos síntomas. Es un espectro de las posibles fallas que pueden aparecer y hay muchos pacientes con esta enfermedad que nunca desarrollan algunos de estos síntomas, por ejemplo, alucinaciones”.

Además, remarca que es un “error poner cómo sinónimos al Alzheimer y la demencia”, ya que “la demencia es un síndrome y la causa más frecuente es la enfermedad de Alzheimer, que en un punto de la evolución causa demencia”.

“Demencia es como decir fiebre: obedece a muchas cuestiones. Un paciente puede tener demencia por un accidente cerebro vascular (ACV), un traumatismo, problemas circulatorios y por enfermedad de Alzheimer, que sí es la causa más frecuente de todas las demencias”, agregó.

LOS INDICIOS DE LA ENFERMEDAD DEL OLVIDO

La frase “me agarró el alemán” es la más utilizada entre las personas para referirse a la enfermedad de Alzheimer, que normalmente se la asocia con “olvidarse” de las cosas.

“El modo más frecuente de inicio de esta enfermedad son las fallas de memoria, aunque hay que hacer dos salvedades. Si bien es el modo de presentación más frecuente, no es la única manifestación: puede empezar con alucinaciones o problemas de lenguaje. Segundo: no significa que cada paciente que tiene problemas de memoria tenga Alzheimer”, afirma Diego Sarasola.

“La actividad física aeróbica y la actividad intelectual son los grandes factores preventivos"

“En el Instituto de Neurociencias Alexander Luria recibimos a mucha gente angustiada porque tiene un familiar que se olvida las cosas y creen que tiene Alzheimer. Lo primero que hacemos nosotros es examinar la memoria con evaluaciones cognitivas para determinar si la falla realmente existe, porque a veces la gente cree tiene fallas de memoria y no es así”, explica el especialista.

“En caso que las fallas existan, nosotros buscamos otras causas: pueden ser por stress, por ansiedad, problemas hormonales, psiquiátricos, entre otros, ya que hay miles de motivos de fallas de memoria que no son Alzheimer”, agrega Sarasola.

En ese sentido, relata que “no hay que encasillar, hay que hacer un diagnóstico de causa, no de síntomas, la falta de memoria es un síntoma, hay que ver a que causa obedece. Es como ir al médico por un dolor de cabeza, hay miles de posibilidades y el médico tiene que ver a qué obedece. Esto es lo mismo”.

Sobre los posibles indicios de la aparición del Alzheimer, el especialista explica que hay que prestar atención a “los cambios con respecto al funcionamiento anterior. Por ejemplo, la persona era independiente y ahora es mucho más temerosa, o era tranquila y de repente está agresiva e irritable”.

Sin embargo, hace una aclaración: “Nada de esto hace diagnóstico, son alarmas que llevan a investigar. Después el motivo puede ser otro. Lo que no hay que hacer es relativizar los síntomas y pensar que todo tiene que ver con la edad o con la jubilación”.

“El médico puede llegar a esa conclusión después anular otras cosas. Las fallas de memoria son un indicio, lo mismo que las dificultades en el lenguaje. Es importante remarcar la palabra indicio, y no diagnóstico”, explica.

FACTORES DE RIESGO

El médico y docente explica que “para esta enfermedad, el factor de riesgo más importante es la edad. Mientras más anciana es una persona, más posibilidades tiene de sufrir Alzheimer. Lo más frecuente es que los trastornos empiecen después de los 65 años”, aunque aclara que esto “no quiere decir que la gente que viva lo suficiente vaya a padecer esta enfermedad, pero sí sabemos que cuando más anciana, más chances hay”.

“El factor de riesgo más importante es la edad. Lo más frecuente es que los trastornos empiecen después de los 65 años”

“El segundo gran factor de riesgo son los antecedentes familiares, aunque no es una enfermedad hereditaria en el sentido estricto del término. Si un familiar, por ejemplo, el padre, tuvo Alzheimer, el hijo tiene más chances de padecerlo. Es similar al cáncer de mama en las mujeres. Es un dato estadístico”, detalla Sarasola.

“Otros factores importantes son los traumatismos de cráneo tempranos. Y además están los factores de riesgo vasculares. Está demostrado que la hipertensión, el colesterol y el sedentarismo aumentan la posibilidad de tener Alzheimer. Por ello la actividad física es fundamental”, agrega Sarasola.

PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

El presidente de la Fundación para el Desarrollo de las Neurociencias (Fundanec) relata que la prevención sirve para disminuir el posible impacto que la enfermedad vaya a tener en la vida de las personas y la “tasa de prevalencia”, es decir, la cantidad de casos.

Están los factores de riesgo vasculares: la hipertensión, el colesterol y el sedentarismo aumentan la posibilidad de tener Alzheimer

“La actividad física aeróbica y la actividad intelectual son los grandes factores preventivos. Nosotros fomentamos que el paciente tenga lazos sociales y haga ejercicios físicos, porque además de mejorar la calidad de vida, mejora la actividad cerebral y ayuda a bajar el stress”, explica Sarasola.

Respecto al tratamiento de la enfermedad, el neuropsiquiatra explica: “No hay vacunas, pero tiene tratamiento para ir frenando su evolución. Hay dos vertientes que son complementarias”.

“Por un lado está el tratamiento farmacológico. Nos referimos a medicamentos que de alguna manera mejoran la conectividad cerebral y la neurotransmisión. Además, están aquellos que trabajan sobre los trastornos de conducta, como antidepresivos y tranquilizantes”, dice Sarasola.

“Y por otro lado está el tratamiento no farmacológico, por ejemplo estimulación cognitiva, fonoaudiología, terapia ocupacional, músico terapia, apoyo neuropsicológico, entre otros”, agrega.

Sobre este tipo de tratamiento, el especialista explica el trabajo que realiza el grupo médico del Instituto de Neurociencias Alexander Luria: “Nosotros contamos con todas las especialidades. Una de las principales es la estimulación cognitiva, porque el paciente hace prevención de mayor daño y mejora su condición. Hoy sabemos que el cerebro es plástico, y lo es hasta edades avanzadas de la vida. Lo que hacemos es fomentar y estimular esa plasticidad”, detalla Sarasola.

“Por supuesto que esa estimulación la puede hacer uno en su casa, pero nosotros la hacemos con mayor profesionalidad. Lo ideal es combinar ambas”, agrega.

Además, el médico remarca que “nosotros buscamos que la propia actividad laboral sea la estimulación. Así, matamos dos pájaros de un tiro: reinsertamos al paciente en su vida social, y esa reinserción además de venir bien psicológica y económicamente, también le sirve como un estimulo cerebral”.

UNA ENFERMEDAD QUE TAMBIÉN AFECTA A LA FAMILIA DEL PACIENTE

“Esta enfermedad saca lo mejor y lo peor de las familias. Cuando uno da un diagnóstico, esto tiene un impacto a nivel objetivo y otro a nivel subjetivo: cada uno de nosotros tiene una idea que puede ser un juicio formado o un prejuicio sobre esas enfermedades. Para mucha gente decir Alzheimer es sinónimo de locura, aunque sea un error ellos lo ven así”, dice Diego Sarasola.

“Ningún tratamiento es curativo, y eso hay que saberlo, pero se puede frenar notoriamente el avance del Alzheimer"

“Hay que manejar esto con mucho cuidado, y yo creo que hay que trabajar con el entorno. Particularmente dedico sesiones a la familia, sin el paciente, para evaluar cómo están y cómo se están manejando”, agrega.

En ese sentido, el neuropsiquiatra explica que “un paciente puede ser muy destructivo, sobre todo si tiene trastornos de conducta, entonces hay muchas tensiones en las familias además de procesar el dolor por tener a un familiar enfermo”.

“Nosotros dedicamos sesiones a la familia del paciente. Contamos con grupos de familiares que tienen a su cargo alguna persona con esta enfermedad e intercambian en experiencias y son asesoradas por nuestros profesionales. Los contenemos psicológicamente”, relata Diego Sarasola.

EL COSTO ECONÓMICO DE TENER UN FAMILIAR CON ALZHEIMER

Además de lo emocional, el especialista explica el costo económico que representa tener que cuidar a un familiar con esta enfermedad.

“El Alzheimer dispara costos directos, que son aquellos vinculados con la enfermedad, como internaciones y medicamentos, y además dispara costos indirectos, que son muy importantes y que no se suelen medir”, dice Sarasola.

En el tratamiento hay dos vertientes que son complementarias: el farmacológico y el no farmacológico

Para especificar qué son los costos indirectos, el médico usa un ejemplo: “Tu papá tiene Alzheimer y vos tenés que dejar de trabajar para cuidarlo, o tenés que pedir permiso para irte antes, o no pudiste dormir en toda la noche, o tuviste un infarto por el stress. Los costos se disparaban a todo nivel. Es una bomba de tiempo económica”.

NO ESTIGMATIZAR AL PACIENTE

Diego Sarasola explica que “normalmente, diagnosticarle Alzheimer a alguien equivale a invalidarlo”, aunque remarca que “ese es un error. Hay grados de afectación de la enfermedad, hay casos leves que no impiden trabajar, pero lo importante es ir caso por caso. Para ello, nosotros hacemos un análisis funcional”.

“Muchas veces la familia se altera con el diagnóstico, y la realidad es que el paciente es el mismo que antes de conocerse que padece la enfermedad. La palabra Alzheimer, como esquizofrenia o epilepsia, tienen mucha connotación negativa. Hay que ser muy cuidadoso y muy ético a la hora de comunicar la situación, es algo muy complejo”, dice Sarasola.

“No hay un manual para transmitir el diagnóstico. Soy partidario de no mentir al paciente, pero creo que hay que darle la información de manera cálida. Cuando uno comunica la enfermedad tiene que abrir la esperanza de los tratamientos que hay”, afirma Sarasola y hace una aclaración muy importante.

“Ningún tratamiento es curativo, y eso hay que saberlo, pero se puede frenar notoriamente el avance del Alzheimer. Ocurre lo mismo que con otras enfermedades, como la hipertensión, el hipotiroidismo o la artrosis. No existe cura, pero hay tratamientos más eficaces que otros”, concluye.