Cuando una red de tratantes secuestró y desapareció a Marita Verón en abril de 2002, su madre, Susana Trimarco, comenzó una búsqueda desesperada e interminable en pos de averiguar el paradero de su hija. Horas, días, semanas, meses y años de lucha la condujeron a visibilizar un delito del que, hasta hace poco tiempo, no se hablaba y poco se quería saber. 

Fue en ese proceso que, casi sin proponérselo, puso al descubierto las complicidades policiales, judiciales y políticas que enmarcan esta problemática y se puso al hombro la lucha por recuperar a  miles de mujeres víctimas de redes de trata con fines de explotación sexual. 

En ese camino, Trimarco creó en la ciudad de San Miguel de Tucumán la Fundación María de los Ángeles, que funciona desde octubre de 2007 brindando una asistencia integral a las víctimas de ese delito y que es único en el país: cuentan con un equipo de abogados, psicólogos y asistentes sociales que diseñan y planifican el abordaje y la intervención que reciben las jóvenes.

“En esa primer etapa nosotros brindamos contención, al igual que en los allanamientos de los que participamos".

El trabajo que realiza el equipo de profesionales comienza cuando desaparece una persona. En ese momento, se realiza un filtro para evaluar si se trata de un alejamiento del hogar o si puede llegar a ser una potencial víctima de una red de explotación sexual. Existen diferentes etapas en el proceso: la primera es la jurídica, que se articula con las tareas que llevan a cabo la División de Trata de Personas (de Tucumán) y Gendarmería que son las fuerzas que se encargan de buscar a la persona que se encuentra desaparecida. “Cuando se produce un alejamiento del hogar o cuando algún familiar se acerca a hacer una denuncia, el equipo jurídico está presente”, detalló Elisabeth Saavedra, una de las asistentes sociales que trabaja desde los inicios en la Fundación. Por otro lado, funciona también el equipo psicosocial que se encuentra enfocado en el acompañamiento a las familias cuyo miembro está desaparecido y, luego, en la asistencia a las víctimas. En esos casos puede tratarse de una persona que fue rescatada durante un allanamiento o que se acercó a la Fundación a través de un amigo o conocido sin necesariamente haber sido liberada durante un procedimiento. “En esa primer etapa nosotros brindamos contención, al igual que en los allanamientos de los que participamos  cuando hay una orden judicial que lo avala. En ese momento el rol del psicólogo o trabajador social tiene que ver con el  acompañamiento y eso marca una clara diferencia con el rol de la policía. Nosotros estamos ahí para que las mujeres puedan depositar su confianza en nosotros y así brindarles un espacio donde puedan apoyarse después porque consideramos que el momento clave es el que viene luego”, describió la profesional. Sin embargo, la instancia en que se lleva a cabo un allanamiento también es delicada ya que muchas personas quedan libradas, en situación de vulnerabilidad e incluso en riesgo de vida. “Hay veces que las mujeres no llegan a percibirse como víctimas pero una vez que comenzamos a trabajar se genera una situación de reconocimiento y  nos empiezan a relatar acerca de la situación vivida. En esos casos, el proceso es al revés porque la etapa judicial se inicia una vez que esta persona está dispuesta a denunciar”, afirmó Saavedra.

Luego, se inicia el trabajo de recuperación y posterior reinserción de las víctimas, un proceso que depende de cada caso en particular ya que intervienen los recursos internos y externos con los que cuentan las mujeres y del apoyo o no que haya de su familia. En ese sentido, Saavedra señaló que luego de un allanamiento deben evaluar muchas cuestiones como por ejemplo el núcleo familiar, que no siempre es el mejor espacio con el que cuentan las víctimas. “Hay que tener en cuenta si se trata realmente de un espacio que contiene y apoya ese proceso de recuperación porque hemos tenido casos en los que las familias han sido cómplices de la redes que las mantuvieron cautivas”, resaltó la asistente social.

Y agregó: “Es compleja la situación porque, en su mayoría, son jóvenes que tienen niños a cargo y que tienen problemas de adicciones. Las familias muchas veces no contienen ni acompañan, entonces para nosotros es muy importante tener todo este dispositivo para así poder hacerlo”. Con la intensión de cubrir esa necesidad, en abril de 2013, se inauguró en la Fundación un jardín maternal para los hijos de las víctimas que se encuentran en el proceso de recuperación.

Además de asistir integralmente a las víctimas durante el proceso de recuperación, en la Fundación se ocupan de brindarles herramientas que, progresivamente, las ayudan en la creación de nuevos vínculos, espacios, amistades a través de actividades de recreación que generan un mayor fortalecimiento y empoderamiento de la situación. Cuentan con la posibilidad de terminar sus estudios y de tener una salida laboral ya que allí se dictan cursos de auxiliares en ventas, enfermería, fabricación de pastas y talleres de computación y radio que no son únicamente para las chicas asistidas por la organización sino que están abiertos al resto de la población, sobre todo a los jóvenes.

“Además del apoyo psicológico y psiquiátrico nosotros también realizamos un abordaje social de manera individual con la víctima implementando diferentes acciones que tengan que ver con lo sanitario y lo productivo. Tenemos convenios con el ministerio de Trabajo y con el de Desarrollo Social. Nosotros estamos trabajando de manera integral con la gente de Acceso a la Justicia en cuanto al abordaje del caso y en cuanto a la realización de diferentes acciones”, enumeró Saavedra.

En cuanto al rol de las profesionales que trabajan en la Fundación, Saavedra señaló que la figura de la mujer es “indispensable” ya que el profesional de la Fundación no sólo tiene que estar preparado y formado sino que tiene que tener una sensibilidad para abordar estos temas.  “No cualquiera se va a sentar en una cama o va a entrar a un prostíbulo. Las víctimas registran mucho todo lo corporal y expresivo por eso creas el vínculo con ellas desde el momento en que, por ejemplo, le agarrás la mano. Ella tiene que saber que vos estas ahí para defenderla y que puede confiar en vos, es en ese momento que marcás la diferencia. Entonces, tener la sensibilidad es fundamental te marca la pauta del vinculo habilitante, es lo que le permite al otro confiar en vos. Una puede ser una gran psicóloga o trabajadora social pero si te dan miedo o asco esas cosas que son visibles ante el otro se obstaculiza todo el proceso”.

La especialista remarcó que el trabajo que realizan con las mujeres no es a partir de su victimización sino todo lo contrario. “Trabajamos con ellas como sujetos activos siempre. Las ponemos en ese rol que no es de pasividad ya que, si bien cuentan con nuestro acompañamiento, el 90% del proceso depende de ellas. Sin embargo, sí tenemos que hablar de víctimas porque lo que vivieron fue un flagelo. A la hora de reclamar para que sus derechos  sean restituidos es importante poder hablar en estos términos porque si no se termina minimizando la situación”, puntualizó Saavedra. 

–¿Se sienten apoyados por otros organismos?

–El trabajo acá es en red. No podemos asumir el compromiso de que alguien salga adelante si no podemos lograr que otros también lo asuman y sobre todo el del Estado. Hoy en día hay más apertura y eso tiene que ver con la envergadura que ha tomado la Fundación pero desde el día uno estuvimos golpeando puertas para que se reconozcan los derechos de las víctimas.

El trabajo con las mujeres en situación de prostitución

La Fundación tiene una postura muy clara y es que estamos en contra de considerar a la prostitución como un trabajo porque consideramos que esa persona está en riesgo. Perfectamente puede haber sido una persona explotada o una víctima de trata, el límite es muy delgado. Por eso, el equipo plantea el trabajo también con las mujeres que se encuentran en situación de prostitución, que en estos últimos dos años incrementó mucho ese número en la población.

Muchas veces las víctimas no se reconocen como tales y por eso no sienten que han sido explotadas, pero siempre hay un proxeneta o un “fiolo” detrás de ellas. Eso se va dilucidando a medida que va avanzando el proceso en conjunto. 

El punto de trabajo con estas mujeres tiene que ver con generarles nuevas alternativas, que quizás nunca tuvieron, y que ellas puedan elegir. Algo que realmente hay que tener en cuenta es que la mayoría empezó estando en la situación de prostitución siendo niñas, por lo tanto, hablamos de una real situación de explotación y de una persona que es víctima. 

La Fundación tiene las puertas abiertas para poder trabajar con ellas y generarles nuevas alternativas porque consideramos que no tiene que ver sólo con lo económico, sino que tiene que haber un abordaje psicológico, un acompañamiento familiar y de la Fundación.