Las largas colas de los colegios electorales y la informalidad de un ambiente reivindicativo más propio de una manifestación que de elecciones dentro de colegios electorales, marcaron la multitudinaria jornada de la consulta simbólica que celebró hoy Cataluña sobre su independencia. Pero las razones que enarbolan los independentistas se pueden sintetizar en los siguientes puntos:

Autogestión económica
"Queremos ser un país de Europa como cualquier otro. Queremos decidir qué hacer con nuestros recursos, cómo invertir, ser contribuidores netos para la Unión Europea, asumir nuestras deudas", resume para BBC Mundo Carme Forcadell, presidenta de la Assemblea Nacional Catalana, quien organizó la manifestación independentista del último 11 de septiembre.

La Constitución española recoge que España es un estado solidario, por lo que cada región aporta económicamente al gobierno central un determinado porcentaje según su nivel de renta. Uno de los temas centrales que enarbolan los partidarios de la independencia es que consideran que el Estado español abuso en cuanto a la carga impositiva a cambio de pocas inversiones. Eso genera un empobrecimiento progresivo de la Cataluña que aporta entre un 8% y un 9% de su PIB a España.

En Alemania, las regiones que más aportan no superan más del 4%. Los ahorros y gastos que supondría una Cataluña independiente quedarían reducidos al 2%, según un estudio reciente. Cataluña posee una capacidad de exportación amplia, y el mundo empresarial considera que si se pudiera abrir el control de puertos o vías ferroviarias sería más productivo aun.

Formulación política propia

Quieren decidir sus propias políticas sociales y desarrollar sus propias leyes.
"Un independentista le pediría al gobierno español que dejaran libertad para tomar las propias decisiones democráticamente y por cauces pacíficos. Que respete la voluntad de la mayoría de los catalanes", declara Salvador Cardús, Catedrático a favor de la independencia

Reconocimiento de identidad

"Aspiramos a alcanzar un reconocimiento internacional de realidad cultural de Cataluña. Tener presencia con voz propia, que seamos reconocidos como una cultura completa y con una lengua milenaria", declara Cardús. "No sentimos que haya un reconocimiento de nuestra identidad, nuestra lengua y nuestra cultura. Nosotros nunca hemos decidido que queremos ser españoles, lo somos porque perdimos una guerra", cuenta el catedrático. "La independencia es del pueblo, y la democracia está por encima de las leyes", considera.

Los cuatro partidos nacionalistas apoyan el referéndum para determinar la soberanía de los países catalanes y su eventual independencia.

Mientras que los que abogan por seguir siendo parte del Estado español sintetizan en 6 puntos sus principales sus motivos


La voluntad del separatismo es una la intoxicación ideológica basada en un fraude histórico fundamentalmente en convencer a los catalanes de que los demás españoles han sido sus enemigos

1. Cataluña no es sujeto de soberanía. La independencia catalana solo puede dictarla el pueblo español, del que los catalanes formamos parte. Aunque se decidiera por amplia mayoría en un referendo, eso solo valdría como dato a tener en cuenta por el depositario de la soberanía, España.

2. Ser nación, como ser persona, es algo relacional: las naciones lo son en la medida en que las demás naciones lo reconocen. Cataluña, ¿de qué país tendría avales?

3. El derecho de autodeterminación, base de la soberanía, se aplica automáticamente a las colonias. Ni Cataluña es colonia de España ni España lo es de Cataluña?

4 La historia suele ser decisiva: Cataluña nunca ha sido reino aparte. Al incorporarse a Aragón, Ramón Berenguer IV no era rey de Cataluña, sino conde de Barcelona, Gerona y Osona. No de Pallars, Ampurias ni Rosellón.

La implicación de Cataluña en España es muy fuerte a lo largo de la historia. Tarraco fue capital de la Hispania romana. Barcelona lo fue de la Hispania visigoda, antes de serlo Toledo. La única guerra separatista fue la de Els Segadors, 1640, en una monarquía en crisis (Flandes, Portugal, Andalucía). El separatismo actual es moderno, de apenas un siglo. Escocia, por ejemplo, fue un reino hasta 1707.

5 La separabilidad geográfica: las islas, por ejemplo, acceden más fácilmente a la independencia. No es el caso de Cataluña, cuya mitad pertenece a la cuenca del Ebro (el río que da nombre a Iberia). El territorio donde se dibuja Cataluña continúa hacia el Midi francés, hacia Aragón y Valencia, sin saltos abruptos.

6. El económico: Cataluña está integrada totalmente en España. El capital para la industrialización se ganó en las colonias americanas. Las leyes proteccionistas españolas preservaron España como mercado para Cataluña y el País Vasco. Cabe señalar el salto económico que supusieron las dos dictaduras (Primo de Rivera y Franco) para la burguesía catalana. O la implicación del capital catalán en la funesta aventura colonial de África (Marruecos y Guinea).

«El nacionalismo catalán es excéntrico e irresponsable, y sería catastrófico para España», afirma Mario Vargas Llosa


Testimonios

Por el independentismo

Agustin Andreu Prats, 47 años, nació en Barcelona en el seno de una familia catalana, de origen humilde y de fuertes convicciones republicanas y progresistas. Director de aduanas de una empresa multinacional dedicada al sector de la moda retail.
“Mi familia catalanoparlante, perdedores de la guerra civil. Mi abuelo luchó en el bando republicano y una vez finalizada la guerra huyó como tantos otros por la frontera francesa y estuvo internado en un campo de concentración en las playas de Argeles. No obstante, como mi abuela quedó en Barcelona embarazada de mi madre, mi abuelo regresó atravesando los Pirineos a pie y, tras tres largos años de guerra, tener que hacer un servicio militar de tres años más en Madrid; como perdedor. Rojo y además, catalán, circunstancia agravante en su caso. Creo que, en lo político le debo bastante. Socialista, antimonárquico y anticatólico aunque siempre respetuoso. En los bautizos y bodas, él nunca entraba a la iglesia pero nunca discutió que mi abuela, por ejemplo, sí lo hiciera”, recuerda.

El 11 de septiembre de 1977 el lema no era ni mucho menos independencia, sino “llibertat, amnistía i estatut d’autonomia”. Es decir, desde el punto de vista catalán se reclamaba democracia, amnistía para los presos políticos del franquismo y sobre todo, la recuperación de las instituciones catalanas y el autogobierno en el marco de un estatuto de Autonomía.

Ya adolescente, se juntó con chicos y chicas de una cierta clase media catalana. Hijos de profesionales más que obreros, educados en las escuelas catalanas y muy metidos en la sociedad civil; asociaciones de vecinos, grupos de teatro, centros excursionistas. Todo ello impregnado siempre de un sentimiento catalanista, de defensa de la lengua catalana, de reinvidicación y recuperación de tradiciones y costumbres, muchas de ellas prohibidas durante el franquismo (el carnaval, por ejemplo). Como todo adolescente que se precie y que debe rebelarse ante los padres, el suyo era necesariamente un discurso más radical: "¿Autonomía? …pequeño consuelo burgués". Cataluña debía ser independiente; España era una ocupadora y además de todo ello, había que iniciar una revolución socialista. “Independència i socialisme”. El enemigo era España como ente y su policía y ejército, fuerzas de ocupación. Pero enemigos eran también los partidos tibios; el PSC, “botiflers” (traidores), CiU, burgueses vendidos. En esos años, aunque nunca milité, me acerqué y tuve amigos en organizaciones de extrema izquierda independentista. Fue un coqueteo con cierta clandestinidad de opereta. Manifestaciones de 200 personas y carreras ante los antidisturbios.

"Sin embargo la vida me llevó a conocer otros ambientes. Por razones de estudios dejé el barrio y acabé en otro entorno absolutamente distinto. Barrio obrero con un 95 % de inmigración española (la mayoría eran hijos de andaluces, extremeños, de las partes más pobres de España). El catalán no se oía en la calle, solo en la escuela y por supuesto, el tema “nacional” era la menor de las preocupaciones de aquellos barrios. Paro, drogas, delincuencia, etc. Digamos que fue un choque de realidad. Aquello también era Catalunya”, relata.

“Catalunya es una nación. Ese es el punto de partida. Es una nación básicamente porque así lo sentimos la inmensa mayoría de los catalanes. Una historia de más de mil años, unas instituciones que son de las más antiguas de Europa; el primer parlamento con ciertos aires de democracia no fue el inglés, fue el catalán. Una lengua propia. Un derecho civil propio. El problema es que una gran parte del pensamiento español Catalunya no es una nación. Es simplemente una parte de España. Una parte que, además debe ser uniformizada con el resto. Y ahí radica el choque”, enfatiza.

En el independentismo se mezclan temas identitarios con temas económicos. Pues bien de allí nace este fervor que hoy se vive. Y hace tres años nos lanzamos en masa en la calle a protestar. Cientos de miles de personas en las calles que no fueron convocadas por ningún partido en concreto. Cientos de miles que empezaron a decir en voz alta que si no nos queréis como somos, entonces mejor nos vamos. Y allí empezó todo”.

El movimiento pro consulta es tranversal. Derechas e izquierdas, catalanes de nacimiento y de adopción, catalanoparlantes y no. Asociaciones de vecinos, clubs deportivos, gremios de comerciantes, colegios profesionales, etc., sociedad civil den general empieza a manifestarse en favor de votar sobre qué debe ser el país. Unos defienden la independencia, otros la permanencia en España y algunos, soluciones de tipo federal. Hay que votar para saber qué quiere la población. Y yo estoy ahí. Quiero votar”.

Los que quieren seguir siendo españoles

Laura Robecchi, 55 años, funcionaria de Justicia y licenciada en Derecho por la Facultad de Barcelona comenta “ este movimiento descontrolado se ha producido porque ante las protestas de los catalanes, que de entrada querían un independentismo "de butxaca" (de bolsillo): mismo trato fiscal que Navarra y el País Vasco entre otras prebendas. El gobierno central se negó de plano, sin justificación y sin negociación de ningún tipo”.

“El catalanismo provinciano de la barretina, y els castellers (gorra típica y castillos humanos, emblemas del nacionalismo) ya había cuajado profundamente en estos 30 años de autonomía y de enseñanza en catalán como lengua principal y ahí empezó el movimiento, que actualmente se ha vuelto preocupante en mi opinión. Todo esto se hubiera podido evitar con dialogo y algunas concesiones.”

“Ahora que el Parlament Català ha aprobado la Ley de Consultas (hecha a medida) intentaran sacar las urnas a la calle el 9 de noviembre. Lo que pasa es que tan pronto como se publique el gobierno central anunció que interpondrá un recurso de inconstitucionalidad cuya admisión provoca la inmediata suspensión de la ley autonómica. O sea, que la consulta del 9 de noviembre será ilegal de todas formas”, subraya la funcionaria judicial añadiendo “Como decía Baudelaire en el poema L'Étranger, cuando al hombre extraordinario le preguntan por la patria, responde: Ignoro bajo qué latitud está situada. Esa es la esencia de mi opinión”.