En la entrada del 30 de octubre de 1966, el escritor polaco Witold Gombrowicz, desde Francia (donde se lo reconocía como un consagrado), habiendo ya abandonado para siempre la Argentina (donde lo idolatraron y lo odiaron por igual, mayoritariamente sin entenderlo demasiado) escribió en su Diario: "El escándalo es que no tenemos todavía una lengua para expresar nuestra ignorancia". A poco, poquísimo menos de 50 años, la frase sigue sonando tan inquietante como entonces. Y "entonces" quiere decir que no había ocurrido el Mayo Francés ni la caída del Muro ni tantas otras cosas que convulsionaron el mundo. Hoy, cuando todo parece haber ocurrido, cuando, como señaló Ricardo Piglia en un texto de 2002, "el exceso de información produce un efecto paradojal, lo que no se sabe pasa a ser la clave de la noticia", la lengua, los discursos, los relatos que intentan explicar el mundo parecen no poder expresar ni siquiera los elementos más primitivos de ese mundo.

"No se trata de sumar una información más que no dé cuenta de nada, sino de realizar una noticia donde la clave sea lo que se sabe, aunque lo que se sepa es que hay que dudar".

Por eso, para dar cuenta al menos de lo dificultoso de la tarea, Miradas al Sur entrevistó a dos filósofos, Slavoj Zizek y Gianni Vattimo, y rescató la voz de Zygmunt Bauman de un libro recientemente publicado por Paidos: ¿Para qué sirve realmente un sociólogo?

El capitalismo y sus lacras modernas (fondos buitre incluidos), el derrumbe encadenado de Europa al ritmo de los dictados de Alemania, las nuevas formas de gobierno que lograron en América latina una unión que parecía imposible, el debate sobre la actualidad del marxismo y la vejez inmediata de los neomarxsimos, el futuro y sus problemas de repetición, el pasado y sus problemas del mañana, el presente. Nada quedó para otra oportunidad. Todo fue ensayado, en el sentido estricto del término. Bucear, pensar, intentar, buscar caminos, no dar nada por sentado ni dar nada como verdad absoluta. Es, parafraseando a Gombrowicz, la búsqueda de una lengua que pueda expresar y expresarnos en nuestras dudas más atroces. Zizek, Vattimo y Bauman se enojan, con los demás pero fundamentalmente consigo mismos. Y de ese enojo sacan provecho: lo valoran valorando la palabra que expresa una idea. Una idea que, como se dijo, no intenta determinar lo absoluto sino, lisa y llanamente, poner en cuestión.

Porque no se trata de sumar una información más que no dé cuenta de nada, sino de realizar una noticia donde la clave sea lo que se sabe, aunque lo que se sepa es que hay que dudar. Y nada mejor que estos tres pensadores, fieles a la duda como conducta, como ejercicio y como punto de partida.