Por @Diesampayo 

Conectacte a la realidad. Sí, tu teléfono nuevo es hermoso, saca unas fotos geniales, filma, escanea y baja la inflación. Pero a tu cita no le interesa. Mostrarse moderno e interesado con la tecnología y las nuevas tendencias siempre es algo atractivo, pero la vida está sucediendo ahí, no en Twitter. Háblense, mírense y, si los planetas se alinean, chápense.

Bienvenido a "Yolandia". No está bueno hablar todo el tiempo de uno mismo sin respiro. Es cierto que la otra persona acudió para conocernos, pero es probable que no tenga ganas de conocer nuestro récord en la cama, el nombre de todos nuestros sobrinos y aquella enfermedad hereditaria por parte madre. Es mejor dejar hablar y darle lugar al otro para que se luzca.

Pasado pisado. Lo único peor que hablar mucho tiempo de tu ex es hablar mal de tu ex. Todos tenemos un pasado, pero nadie en una primera cita quiere saber lo malo que era en la cama tu ex o si te engañó con un cuñado. En este punto es preferible pasar por tímido a sonar como un resentido.

Cuentas claras conservan la amistad, pero no el deseo. Joven argentino, macho alfa, tú debes pagar la cuenta en la primera cita. Es ley universal. Sólo se debe aceptar una colaboración si se logra mucha confianza y ella insiste, de otro modo no. Si estás flojo de liquidez es mejor posponer el encuentro, ella sabrá entender y hasta lo puede llegar a destacar.

Subite a mi proyecto. Mostrarse con iniciativa y proyectos habla de una persona organizada y que sabe lo que quiere, pero ojo; a nadie le gusta encajar en una vida armada, como una pieza más. Si ya definiste dónde vas a vivir cuando termines de estudiar, qué auto te vas a comprar, el nombre de tus tres hijos y el apodo de tu gato siamés, mejor no lo cuentes todo junto esa noche.

El interés y la desesperación son dos caminos que no deben cruzarse. Que se noten tu iniciativa y tus ganas de conocer a la otra persona, pero a no extralimitarse: es una buena actividad evitar frases al estilo de “Sabía que hoy iba a encontrar a la persona indicada”, “qué bien me hacés”, o “tengo mil planes para nosotros”. En definitiva, conviene no hacerle llegar una extensión de la tarjeta de crédito tras la primera cita.

El arte de desaparecer a tiempo. A veces, cuando la noche no da para más o simplemente no hubo onda entre ambos, lo mejor es huir. Extender una cita infinitamente por el afán de ganar y elevar los niveles de amor propio no sirve de nada. Antes de pecar de denso, es mejor irse con las manos vacías y dejar un halo de misterio. Total, si queremos forzar un reencuentro, siempre nos quedará un Whatsapp de madrugada.

Se puede hablar de sexo y no morir en el intento. Hablar de temas picantones en una cita es hasta necesario y sano, siempre y cuando ambos lo deseen y tengan una mínima conexión desde el arranque. Es mejor sugerir que mostrar, insinuar que provocar, apelar a la picardía y no al chiste chabacano. Eso sí: ojo con el tenor de las anécdotas personales. ¿Viste las letras de las canciones de Romeo Santos y Nene Malo? Bueno, se debe hacer todo exactamente al revés.

Comentar y comparar citas pasadas es un error. Detallar que se viene de fracaso en fracaso sólo suma presión y mal clima en el otro. Ostentar el derrotero amoroso post separación es algo feo para cualquier receptor con una milésima de amor propio. Otro buen tip: evitar las argumentaciones que comiencen con la frase “mi psicóloga me dijo que debo empezar a conocer gente”. Alerta locura.

Conflictos familiares fuera. Evitemos hablar de la separación de los papis y de la relación conflictiva con nuestro hermano mayor. Del grupo familiar se habla de modo somero y siempre evitando la oscuridad. A nadie le gusta oficiar de terapeuta en una primera cita. La empatía siempre está buena, pero pecar de loquito nunca es buena noticia.