A Roberto lo internaron de urgencia en el Hospital Argerich. El diagnóstico indicó: operación inmediata para extracción de vesícula. Pero todavía no ingresó a la sala de cirugías. Un día falta el anestesista, al otro no hay instrumentalista quirúrgico. Y al siguiente faltan insumos. Así la cosa, Roberto sigue internado. Desde hace un mes y medio y la familia está desesperada.

“No lo dejan ir porque tienen miedo que salga a la vereda y le reviente la vesícula”, dice su mujer.

La historia de Roberto es una de las tantas que suceden en el Argerich. En el hospital, ademá, se utilizan sillas de ruedas de plástico. 

INFOnews salió de recorrida por algunos de los 33 hospitales que tiene la Ciudad. ¿El objetivo? Saber si lo que pasa en el Argerich se replica en otros centros médicos.

Demoras y aparatos rotos en el Durand

Filas larguísimas es la primera postal de un hospital en pleno funcionamiento. Es por las colas que se arman para sacar turno. En promedio, pasan entre 4 y 6 meses desde que se saca el turno hasta que efectivamente se realiza la consulta. Para las operaciones programadas se registra una demora de seis a nueve meses. Y más también.

Susana tiene 46 años y se atiende en el Durand. Hace más de un año llegó al hospital con dolores: unas piedras en la vesícula hicieron que su organismo colapse. “Me dijeron que me tenía que operar. Pero como no había cama me anotaron en un listado. Y nunca más me llamaron. Pasó más de un año. Todavía estoy esperando” dice a INFOnews.

La Ciudad de Buenos Aires tiene el presupuesto en salud más alto del país. Para este año se destinaron más de 12 mil millones de pesos. La partida aumentó más de tres millones si se la compara con el ejercicio anterior. Sin embargo, ese montón de plata, no se traduce en el estado del servicio. 

La falta de insumos es cíclica: hay elementos que faltan una semana y a la otra semana faltan otros. “A veces la vida depende de 10 minutos, de media hora. Acá hay gente que se muere por falta de elementos básicos para salvar una vida” aseguró a INFOnews Héctor Ortiz, delegado del Durand.

Los trabajadores dicen que al hospital “lo pintaron por afuera, le hicieron un lavado de cara”. Pero, por dentro, tiene muchas carencias: en el área de cirugía cardíaca no tiene profesionales. El electromiograma –un aparato que se utiliza para estudios neurológicos- dejó de funcionar. Lo mismo sucedió con los potenciales y evocados. Los ecógrafos, tampoco andan.

La Ciudad de Buenos Aires tiene, en salud, el presupuesto más alto del país.

“Me encontraron un bulto en el pecho y tenía que hacerme una eco lo más rápido posible. Vine varias veces al hospital pero no conseguía turno con el ecógrafo. Me la tuve que hacer en un centro privado. Me costó $500 cada ecografía”, contó Fabiana, 42 años, ama de casa.

La aparatología de un centro médico es el celebro tecnológico: permite obtener información sobre el cuerpo a la que, de otro modo, es imposible acceder. Pero en la Ciudad hay un problema: los equipos no tienen mantenimiento. Y cuando se rompen, no hay quien los arregle.

Obra frenada en el Hospital Rivadavia

La Ciudad de Buenos Aires tiene, en salud, el presupuesto más alto del país. Sin embargo el sistema público funciona con problemas. En parte, se debe al alto nivel de subejecución: del total del presupuesto destinado al área de salud, que aprueba la Legislatura porteña todos los años, se utiliza sólo una parte. ¿Y el resto? Destino incierto. 

Ejemplo: del dinero para obras en los hospitales, se usó en 2013, sólo el 29,17%. Por eso hay tantas obras planificadas que nunca se iniciaron y otras que quedaron a mitad de camino. Como el Pabellón Cobos, en el Hospital Rivadavia.

El Cobos es un imponente edificio en el que se planea construir un centro quirúrgico de alta complejidad. Todavía no se movió ni un solo ladrillo. Y las obras no están siquiera contempladas para el presupuesto del año que viene.

“La obra se aprobó en el gobierno de Jorge Telerman. Se empezaron a hacer los arreglos y el macrismo lo paralizó” contó a INFOnews Rodolfo Arechea, delegado del hospital.

En donde debería funcionar un centro de alta complejidad, hoy hay un edificio en estado de abandono.

Por qué importa la salud pública

Cada diez habitantes de la Ciudad de Buenos Aires, ocho tienen obra social o prepaga. Ese dato refleja que, en promedio, dos de cada diez porteños recurren al hospital público. 

El Hospital Neuropsiquiatrico Moyano tiene 25 psicólogos para tratar a las más de 900 pacientes.

“Para el gobierno de la Ciudad no es una prioridad tener los hospitales funcionando como corresponde. Es la parte más postergada la que recurre a la salud pública. Saben que por este servicio no pueden sacar muchos votos” analizó el delegado del Hospital Rivadavia. 

Sin embargo, ante una emergencia o accidente, el primer lugar donde cae un porteño es en la guardia de un hospital público. Y sino funcionan, su vida corre peligro.

Fuentes del gobierno porteño, que trabajan en temas sanitarios fueron consultadas por este medio. “Nuestra gestión es la que más obras en hospitales realizó”, aseguraron.

“El Argerich y el Durand son hospitales de alta complejidad y le dan prioridad a las situaciones más límites. Quizá por eso puede haber demoras en una operación más simple como de vesícula. El caso del Argerich, es particular. El hosital está muy politizado”, aseguró la fuente.

Hospital Moyano: sin enfermeras

El Hospital Neuropsiquiatrico Moyano tiene 25 psicólogos para tratar a las más de 900 pacientes. Y en enfermería, la situación también es crítica: cada 40 internas, hay dos enfermeras por turno

“Si faltan enfermeras es como si faltara el pan o el agua” dice Tránsito Fernández, trabajadora y delegada del Moyano. “Acá el paciente es psiquiátrico, son mujeres grandes, se hacen pis, se pelean y necesitan atención”.

El año pasado, el Minsiterio de Salud aprobó 52 vacantes de enfermería. Eso implica que los puestos de trabajo fueron financiados, pero las nuevas enfermeras no llegaron nunca, denuncian los trabajadores.

Por falta de personal “lavamos la ropa, sacamos sangre, trasladamos insumos –incluyendo colchones- y buscamos medicamentos en la farmacia”, cuenta Tránsito. Ninguna de esas tareas corresponde al área de enfermería. Pero hay que tapar baches y seguir adelante.

Tanto olvido y despreocupación tiene un porqué: como los pacientes no votan, no hay ningún interés político en sostener la institución. Para los trabajadores “el hospital psiquiátrico es el cuco de la Ciudad. Lo que no se entiende es que acá hay seres humanos”.