Desde Cartagena de Indias. 

La Cumbre de Cartagena deja enseñanzas diversas, algunas muy controvertidas. Mientras puede decirse que hubo buena organización y que el diálogo ayudó a que se ventilaran asuntos de suma importancia, por otra parte puede afirmarse que se pospusieron definiciones que ayudarían a formular políticas regionales conjuntas. El centro del encuentro, sin dudas, fue Barack Obama. Y es lógico, porque preside el país que hace medio siglo dejó a Cuba fuera del sistema panamericano y, como decía el mismo anfitrión –que no puede ser tildado de pro castrista– Juan Manuel Santos, “la Guerra Fría terminó hace décadas. 

Fue en la apertura de la Cumbre, el sábado, y arrancó cerrados aplausos. Hay que decirlo: ¿cuántos presidentes estadounidenses hubieran estado dispuestos a escuchar eso en medio de una campaña electoral con una porción del electorado latino en disputa con la derecha republicana? Pero se ventilaron más temas de peso. Uno es Malvinas, por el que la Argentina viene peleando en varios foros y con muy buena acogida. Tan buena es que había un párrafo destinado en el borrador que habían discutido los cancilleres y que fue rechazado por el funcionario de tercera línea que remplazaba a la secretaria de Estado Hillary Clinton en las reuniones del viernes pasado. Vale la pena mencionar los tres párrafos que provocaron el veto norteamericano (Canadá y Estados Unidos). Es decir, dos votos contra 32. Aunque pueda ser tomado como una vergüenza, la modalidad de estas cumbres inauguradas por Bill Clinton en 1994 es que basta uno que se oponga firmemente para que no salga un punto o, eventualmente, una declaración final. Este último fue el caso de la VI Cumbre de Cartagena. 
 
Veamos: los párrafos 17 y 18 comenzaban así: “Los jefes y jefas de Estado deciden invitar a la República de Cuba a participar de la próxima Cumbre de las Américas a realizarse en Panamá....” y “Los jefes y jefas de Estado recuerdan con interés las recientes resoluciones aprobadas por la Asamblea General de Naciones Unidas relativas a la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial a la República de Cuba...”. En cuanto al párrafo 19, el texto decía: “...Ratifican que la cuestión de las Islas Malvinas constituye un tema de permanente interés hemisférico y retoma la necesidad de que los gobiernos de la República Argentina y Reino Unido, reanuden cuanto antes las negociaciones sobre la disputa por las Islas Malvinas, Sandwich y Georgias.”
 
CRISTINA, OBAMA Y LOS MEDIOS. Este cronista, sentado en el Centro de Prensa de la Cumbre, puso especial atención al discurso de apertura de Santos. Pero Santos no dijo nada de Malvinas. Cuando el colombiano volvía a su silla pasó por al lado de Cristina Kirchner y la saludó con un beso. Ella le habló levantando una mano con un gesto que daba para imaginar sus palabras: “No dijiste nada de Malvinas”, imaginó este cronista en la tierra de uno de los mejores en la cuestión de imaginar cuentos, Gabriel García Márquez. El gesto de Santos fue levantar su mano –como atajándose– y luego la señaló. El libreto pudo haber sido: “Eso es lo que dirás tú.” El asunto pasó desapercibido hasta que ayer domingo, en diálogo con la prensa, el mismo Santos admitió esto. Son chisporroteos, conflictos, si se quiere, pero de bajísima intensidad. La Argentina no jugaba un partido a ganar o perder, necesitaba un foro donde hacerse oír y logró una ratificación importante de muchas naciones. Lo que falta se podrá trabajar de cara a la reunión del Comité de Descolonización, donde hablará Cristina el 14 de junio.
 
En cuanto a la cita con Obama, pedida por la Casa Blanca, tuvo un resultado más que confortable para la Argentina. Los analistas catástrofe auguraban que Obama podía mostrarse ofuscado o amenazante. La foto que distribuyó Presidencia de la Nación y que el domingo fue portada de todos los matutinos –incluyendo Clarín y La Nación– lo dice todo: Obama toma las manos de Cristina frente al fotógrafo. Además, todos los medios publicaron la información transmitida por el canciller Héctor Timerman. Lo central era que “Obama le aclaró a la presidenta que aunque puedan existir en algunos temas pequeñas diferencias comerciales, de ninguna manera serán el centro de la relación de los dos países”. Timerman citó otro detalle, dicho por Obama: “Si algún periodista le pregunta sobre el contenido de nuestro diálogo, dígale que no se planteó ninguna exigencia sobre ningún tema.” 
 

Al día siguiente, la presidenta vio los títulos de tapa de Clarín y La Nación. El diario de Héctor Magnetto titulaba: “Obama hizo un planteo por las trabas a las importaciones” y la bajada empezaba: “Las restricciones al comercio fueron ejes del encuentro. Los presidentes acordaron abrir una vía de negociación…” Por su parte, La Nación titulaba: “Obama expresó preocupación por las trabas comerciales”, y en la bajada decía: “El gobierno intentó minimizar el reclamo.” Ayer domingo, Timerman se cruzó con Obama en el momento previo a la fotografía final del encuentro y aprovechó que su acompañante, el vocero Alfredo Scoccimarro, tenía las tapas de esos diarios impresas para traducírselas al presidente norteamericano, quien le dijo: “¡No puedo creerlo!”, y se extendió en la ratificación de sus dichos. Un periodista de Clarín allí presente, sin perder el humor, dijo: “Hoy 6,7,8 tiene tema de apertura.” La realidad es que los artículos de los enviados especiales no contenían errores sino, en todo caso, interpretación sutil.

Los títulos, puestos por los editores, fueron, como dijo Obama, de no creerse. Lo de Clarín, con el uso de la palabra “planteo”, fue tomado de ningún lugar. Si vale la sutileza, La Nación puede escudarse en un texto distribuido por los voceros de la Casa Blanca y cuyo párrafo central dice: “…The interest of the President to work on constructive issues in a varied agenda with Argentina, but also reiterating our concerns regarding certain commercial issues -- but again, very much focused on the positive agenda…”, en lo cual –sin ser traductor titulado– este cronista no encuentra ningún soporte para las borrascas que vieron los editores de los diarios mencionados. Podría decirse: “…El interés del Presidente de trabajar en temas constructivos con Argentina en una variada agenda, pero reiterando nuestros intereses observando ciertos temas comerciales. Pero, de nuevo, muy focalizados en una agenda positiva…” La acepción de concerns para los editores mencionados fue “preocupaciones”. En cualquier caso, el párrafo de la Casa Blanca dijo dos veces positivo y alguien podría decir que dos veces más puede ser leído como menos. A propósito, la inglesa Emily Brontë escribió su novela Wuthering Heights sin pensar que los traductores al español iban a ponerle Cumbres Borrascosas, que iba a ser un gran suceso en el mundo de habla hispana. Nadie dijo que heights debía ser traducida como “alturas” en cambio de “cumbres”, y que eso cambiaba la esencia de la novela. Desde ya, tampoco Emily Brontë podía imaginar que un periodista, enviado a la tierra del Gabo García Márquez, iba a robar y manipular el nombre de su novela para titular su nota.

Claro, un título que queda a consideración de los impiadosos editores que puedan considerar que “una cumbre nada borrascosa” no tiene suficiente impacto; es decir, no alcanza a tirar bruma en la cantidad necesaria y distorsionar convenientemente los hechos.