La semana que pasó, mientras el fiscal Alberto Nisman se convertía en uno de los personajes con más espacio en diarios, radios y TV, lectores usualmente informados –editores y periodistas, conductores de radio, dirigentes políticos, abogados y hasta jueces– redescubrieron el contenido de los cables secretos de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. Según consignó Tiempo Argentino, los dos libros publicados en la Argentina que cuentan la filtración masiva realizada por WikiLeaks, organización que encabeza el australiano Julian Assange, reflejan una relación poco habitual –al menos controvertida– entre un funcionario público de un país soberano, el fiscal especial del caso AMIA, Alberto Nisman, y un Estado extranjero: EE UU. El autor de ambos libros es el periodista Santiago O'Donnell, jefe de la sección El Mundo del diario Página/12 y director de la maestría de Periodismo en la UBA. 

Los dos libros en cuestión son ArgenLeaks y PolitiLeaks. En ambos, el autor reserva un espacio importante para mostrar el tipo de relación que mantenía el responsable de la investigación del atentado a la AMIA desde 2004 –Nisman– con los especialistas jurídicos de la embajada, oficiales provenientes del FBI, con otros delegados de la sede y hasta con diplomáticos de jerarquía, como el ex encargado de negocios Lino Gutiérrez o el ex embajador Earl Anthony Wayne. Entre 2004 y 2010, los cables que incluyen la palabra AMIA enviados a Washington desde la delegación estadounidense de la avenida Colombia, en Buenos Aires, fueron 196. Entre ellos hay 75 caratulados como "confidential" y 16 como "secret", clasificaciones que revelan su importancia. Los documentos más sensibles suelen ser encuadrados como "top secret": WikiLeaks no filtró ninguna comunicación de este tipo.

Los dos libros en cuestión son ArgenLeaks y PolitiLeaks. En ambos, el autor reserva un espacio importante para mostrar el tipo de relación que mantenía el responsable de la investigación del atentado a la AMIA desde 2004.

"Eso se debe, probablemente, a que la persona que filtró los cables, aunque a mí no me consta que haya sido él, el soldado Bradley Manning, no tenía el nivel de acceso como para llegar a los cables más sensibles. Si el filtrador hubiese sido un general o el secretario de Estado, sería distinto", comenta el autor de ArgenLeaks y PolitiLeaks. O'Donnell recuerda bastante bien el contenido de los cables, aunque terminó de escribir los libros hace unos años. En los últimos días, la imputación de Nisman lo llevó a repasar sus textos, a volver a leerlos con atención. "Que un funcionario judicial tenga el nivel de obsecuencia, obediencia, cercanía y faLos dos libros en cuestión son ArgenLeaks y PolitiLeaks. En ambos, el autor reserva un espacio importante para mostrar el tipo de relación que mantenía el responsable de la investigación del atentado a la AMIA desde 2004lta de independencia que reflejan los cables, en la causa más importante por terrorismo de la Argentina, no me parece correcto. Una cosa es consultar, pero otra muy distinta es pedir permiso o adelantar decisiones de la justicia. Porque los cables muestran que era Nisman el que llamaba (a la embajada) y adelantaba decisiones", dice O'Donnell en diálogo con Tiempo.

La frase del periodista que residía en Estados Unidos cuando se produjo el atentado a la mutual judía refiere a un cable de noviembre de 2006, en el que la embajada comunica al Departamento de Estado que Nisman les había adelantado –con tres semanas de anticipación– que el juez Rodolfo Canicoba Corral iba a procesar a los sospechosos iraníes. La subordinación de Nisman, que el fiscal justifica con el argumento de que no se puede investigar un atentado como el de AMIA sin información de servicios de inteligencia extranjeros, como la CIA, no se limita a un episodio puntual. Se mantuvo en el tiempo, en una constante. Lo reflejan cables posteriores, de diciembre de 2007 y mayo de 2008, en los que se cuenta que Nisman había escrito el pedido de captura de los iraníes en tándem con los asesores jurídicos de la Embajada y, luego, que había pedido perdón por no avisar que pediría la detención por encubrimiento de Carlos Menem, Hugo Anzorreguy y el ex juez federal Juan Galeano. "Los cables prueban que Nisman tomaba órdenes, recibía instrucciones", afirma O'Donnell. 

Consultado por este diario, el periodista cuenta un episodio que no forma parte de ninguno de los dos libros. Tras la publicación de ArgenLeaks, Nisman lo invitó a la fiscalía para tener una reunión. O'Donnell asistió. Allí conoció de boca del propio fiscal quién era su proveedor de información. "Me contó que la información que él usaba se la aportaba Stiuso (por Antonio Stiles, alias Jaime, el ex director de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia). Que era información muy buena, porque Stiuso era el contacto en la Argentina de la CIA y el Mossad, aunque se la traía en bruto y él debía chequear", explica.