Fue desgarrador. Sólo así se puede describir el testimonio de una madre que recuerda entre lágrimas los últimos momentos con vida de su hija. María Elena "Jimena" Aduriz declaró en el juicio por el crimen de su hija Ángeles Rawson, la adolescente de 16 años asesinada en junio de 2013 en Palermo. El acusado, Jorge Néstor Mangeri, estuvo presente en la sala y escuchó todo el testimonio con la mirada perdida y algo somnoliento, publica Tiempo Argentino.

La audiencia comenzó alrededor de las 13:30 en el 6 piso del Palacio de Tribunales. Además del testimonio de Aduriz, los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 9, Fernando Ramírez, Ana Dieta de Herrero y Jorge Gettas, escucharon a el padre de Ángeles, Franklin Rawson. A la mañana se había realizado la inspección ocular en el edificio de Ravignani 2360 (ver aparte).

Durante más de dos horas, Jimena, que iba vestida de negro y un rosario de madera al cuello, fue recordando lo que ocurrió el día 10 junio de 2013 y los días siguientes hasta la detención de Mangeri. En varios momentos la mujer se quebró en llanto e incluso el abogado de la defensa, Adrián Tenca, pidió un cuarto intermedio –que duró 25 minutos– antes de su turno para hacer preguntas.
Aduriz indicó que el día del crimen ella salió más temprano que de costumbre de su vivienda y "desde el auto llamé a casa y ella me atendió… (se quebró en llanto) fue la última vez que hablé con ella. Le recordé que había que comprar café, la salude y seguí a la oficina".

"No quería pensar lo peor. Porque iban 12 horas de desaparecida y ella era muy responsable".

"A las 21:20 me percaté de que no había vuelto. Pasaron diez minutos y le mandé un mensaje. Como no respondió la llamé 21:50. El celular sonó, alguien atendió y cortaron. Después me dio el contestador", contó Aduriz.

Entonces la preocupación dio paso a la desesperación. La chica no estaba en la casa del padre, no había ido a la clase de inglés y, por lo que le dijo una amiga a Rawson, tampoco a la tarde a la escuela.

Entre las muchas personas que llamó para ver si sabían algo figuraba Mangeri, con quien no logró comunicarse.
"No quería pensar lo peor. Porque iban 12 horas de desaparecida y ella era muy responsable. Siempre me avisaba si hacía un cambio de planes", dijo entre sollozos.

Lo peor llegó al día siguiente: "Cerca del mediodía, me llevaron a mi cuarto mi mamá y mi prima Cecilia. Al rato entró mi prima con la cara desencajada y me dijo que habían encontrado un cuerpo. No estaba confirmado, pero tenía uniforme. Me di cuenta que era ella porque lo escuché gritar a Jerónimo".

"A la mañana del miércoles fui a la morgue. Estuve ahí… haciendo lo que se hace en una morgue… la vi… estuve con ella un ratito… acomodándole el pelo y dándole besos…", recordó entrecortadamente.

Ante una consulta del fiscal Fernando Fiszer, representante del Ministerio Público junto a Julio César Castro y Sandro Abraldes, la mujer indicó que su hija cuidaba mucho sus uñas y que una uña femenina encontrada en el baúl del auto de Opatowski era de ella.

La consulta de los fiscales se debe a que la principal prueba contra Mangeri es el ADN encontrado debajo de una uña de Ángeles.

La mujer además se refirió a los procedimientos que se realizaron en su departamento la misma noche del velatorio de su hija y del viernes 14 cuando fueron a declarar ella y sus dos hijos a la fiscalía. Allí estuvieron 14 horas y eran seguidos por policías de civil hasta para ir al baño.

Allí se encontró con Mangeri y Diana Saettone: "Cuando llegó fue ver a una cara amiga, me levanté y lo saludé. Me dio el pésame, le puse la mano en el hombro y le agradecí."

El hijo mayor de Jimena, Jerónimo Arellano, declaró al mismo tiempo que el portero y llegó a escuchar parte de su testimonial. Consultado por el abogado de la querella, Pablo Lanusse, Aduriz señaló que su hijo le dijo al salir "fue Jorge, está hasta las manos".

"(Ángeles) era divina, muy respetuosa. Era el mejor promedio del colegio", expresó sobre su hija.

Luego le tocó el turno de declarar al padre de Ángeles, quien describió como fue la noche y la mañana antes del descubrimiento del cuerpo y los trámites que hizo para movilizar la búsqueda desde organismos oficiales.

"El martes vino a mi casa Pablo Lanusse y me dijo que tenía malas noticias. Que Ángeles había aparecido en la CEAMSE. Me puse a gritar y a llorar. Abracé a mi esposa. Llamé a la fiscal (Paula Asaro) y le pregunté si podía ser un error y me dijo que no, que todo coincidía", explicó.

Consultado por su abogado sobre qué sintió al enterarse que Mangeri era el principal sospechoso, contestó: "Mucha sorpresa. No sé cómo describir lo que siento. Todo lo negativo que una persona puede sentir… es lo que siento ahora".

Dormido

Durante el testimonio de la madre de la víctima, María Elena Aduriz, al acusado Mangeri se lo vio más de una vez a punto de dormirse.

No dejó ver un solo reflejo de emoción ante los momentos en que la mujer lloró recordando a su hija asesinada.

La escena del hecho

El juicio oral por el crimen de Ángeles Rawson se reanudó ayer con una inspección ocular en el edificio en el que vivía la víctima, en Ravignani 2360, de Palermo.

A las 10:35, apenas cinco minutos después de lo previsto, se ordenó el ingreso al edificio, el cual fue grabado en video y se tomaron fotografías para que queden incorporadas al expediente. Todos los presentes recorrieron el hall de entrada, el sótano y el departamento de la Planta Baja "A" (donde vivía Ángeles y ahora está alquilado por una mujer que vive sola).

Luego, subieron a la terraza e inspeccionaron el departamento de la portería en el 8 piso, donde vivía Mangeri junto a su esposa Diana Saettone.

De todos los que participaron en la inspección ocular el abogado de la querella Pablo Lanusse fue el único que conocía el lugar y había participado de una medida similar realizado por el juez de instrucción Javier Ríos durante la investigación del caso.
La de ayer no fue la única inspección que tiene previsto realizar el tribunal oral que juzga a Jorge Mangeri.