Si comenzó la campaña con pretensiones más acotadas, el FPV de la Ciudad de Buenos Aires se va entusiasmando con el correr de los días. Los objetivos, las metas que se intenta alcanzar, son ahora más altos. Más allá de la certeza de que el PRO está muy consolidado, el kirchnerismo porteño –que se presenta con una oferta múltiple de cinco precandidatos a jefe de gobierno y dos listas de legisladores– comienza a registrar un escenario más favorable del esperado. El cambio de clima está asociado a un escenario nacional de crecimiento de la aprobación de la presidenta y del gobierno, según datos de Ricardo Rouvier y también de la consultora Poliarquía, aunque en la CABA los números sean menores al promedio del resto del país. "La campaña la vengo llevando con mucho entusiasmo, veo buena onda en la calle", contó ayer el precandidato a jefe de gobierno Mariano Recalde durante una entrevista con el periodista Marcelo Zlotogwiazda en el estudio de Radio Del Plata.

Durante el reportaje, Recalde se manifestó en desacuerdo con cierta conclusión silenciosa que circula entre sectores opositores al macrismo en el distrito porteño. Según esa lectura, la gestión de Mauricio Macri –a lo largo de sus dos mandatos– puede exhibir algunos logros que no coinciden con la visión tradicional de la centroderecha: la peatonalización del microcentro, la preferencia por el transporte público con los carriles diferenciados (el llamado Metrobus), el uso creciente de las bicisendas, los puestos sanitarios y las sombrillas y reposeras para tomar sol en las plazas. Recalde, sin embargo, no coincide con el diagnóstico de que Macri fue un buen gestionador. "Yo no comparto la visión de que fue un buen gobierno el de Mauricio Macri", subrayó y puso como ejemplo tres factores opacos de la administración del PRO: el elevadísimo endeudamiento (se multiplicó por siete en cinco años), el déficit en materia de vivienda y la parálisis en la extensión del subte, informó Tiempo Argentino.

"Macri asumió prometiendo diez kilómetros de subte por año, pero no cumplió. Inauguró sólo tres estaciones. Faltaron decisión política y presupuesto, que se fue por otro lado. Por otra parte, yo no aumentaría el ABL: la Ciudad cuenta con recursos suficientes", planteó el titular de Aerolíneas. Recalde también se refirió a la problemática de la vivienda en los sectores marginados de la Ciudad. "Hay que urbanizar las villas de la Ciudad", exhortó y cuestionó que en sus ocho años de gobierno Macri no haya urbanizado "ni una sola villa". En los últimos días, con la Ciudad vacía por la Semana Santa, el rostro del dirigente de La Cámpora y precandidato a jefe de gobierno apareció en una nueva campaña en la cartelería de vía pública: en los afiches de color azul lo acompaña el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, primer candidato a legislador. "Mariano Recalde es un gran candidato", lo elogió Tomada, quien además recordó que ningún ministro del kirchnerismo estuvo tanto tiempo en el cargo como él (y el titular de Planificación, Julio De Vido). "Desde 2003 se sancionaron 48 leyes a favor de los trabajadores", enumeró Tomada en un repaso de su propia gestión.

Los especialistas en campañas electorales que asesoran al FPV aseguran que el peor momento para el kirchnerismo en la Ciudad ya pasó y que el crecimiento de CFK en el distrito permite disputar con muchas chances el segundo lugar, e incluso ir por más. "Si bien la gestión del PRO cuenta con un porcentaje alto de aprobación, también es cierto que Cristina tiene una aprobación de entre el 35 y 40%: deberíamos tratar de expresar ese número en su totalidad", aseguró Mariel Baiardi, responsable de comunicación de la precandidata Gabriela Cerruti. "Nosotros pensamos que hay que encontrar un equilibrio interesante entre la propuesta política y la posibilidad de mostrar una candidatura más fresca, más joven, más espontánea, cercana a los vecinos y con menos estructura", analiza Baiardi. Otro especialista, el cordobés Marcos Caisutti (supo trabajar con el gurú brasileño Joao Santana), propone desmontar el discurso macrista, que intenta promover una dicotomía en la que "lo concreto y lo moderno" están del lado del PRO y "lo antiguo e ideológico" en el FPV y otros espacios de oposición a Macri.