Según denunció ayer el diputado palestino-israelí Admed Tibi, alrededor de 1000 personas fueron asesinadas por los jihadistas. El "Estado Islámico es un movimiento fascista y ahora está publicando fotos de cabezas cortadas, incluida la decapitación del imán de la mezquita partidario de Hamas, acusado de ser un apóstata", detalló el legislador, según publicó el diario israelí Haaretz.

"Lo que sucede en el campo de Yarmuk es un crimen contra la humanidad", y tanto los países árabes como la comunidad internacional deben estar "avergonzados", añadió Tibi.

Hace una semana que el grupo jihadista controla gran parte del campo de refugiados y las milicias palestinas resisten de forma humanitaria. De acuerdo con fuentes palestinas, unas 2000 personas ya huyeron del campo. "La mayoría de ellos fueron llevados a albergues de emergencia del gobierno", dijo en Damasco Anwar Raya, vocero del Frente para la Liberación de Palestina-Comando General.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas manifestó su preocupación por la situación en el lugar y pidió acceso libre para poder suministrar ayuda humanitaria.

Por otra parte, la Unión Europea (UE) donará 2,75 millones de dólares en ayuda para los refugiados palestinos del campamento, según anunció ayer en Bruselas el comisario de Ayuda Humanitaria, Christos Stylianides. 

La Unicef calificó lo que ocurre como "una nueva Srebrenica", en alusión al exterminio de unos 8000 bosnios musulmanes en esa ciudad por parte de serbios bosnios, en 1995.

En el último tiempo, en Yarmuk vivían ya en condiciones difíciles 18.000 refugiados palestinos procedentes de las guerras árabe-israelíes de los años 40 y posteriores.

Los recientes combates hacen insoportable la vida en el campamento, debido a que ya estaba sometido desde antes a un bloqueo por parte del régimen sirio del presidente Bashar al-Assad, en medio de la guerra civil que azota al país.

Muchos residentes no pueden huir del lugar debido a los combates. Algunas personas que consiguieron salir relataron el incesante disparo de obuses, así como la falta de agua potable y alimentos.

"No podíamos dormir porque pensábamos que nos iba a caer una bomba encima", dijo una refugiada de 12 años. "Mis cinco hijos y yo comimos una rebanada de pan con un par de gotas de aceite porque no teníamos nada más", dijo una mujer.

El gobierno sirio prometió ayer combatir a los terroristas dentro del campo.