Algunas caras nuevas entre las chicas del barrio de la literatura
Algunas caras nuevas entre las chicas del barrio de la literatura

Nos convencemos de que el tiempo pasa. Tenemos muchas pruebas alrededor. Los hijos crecen y abandonan el nido, las casas se vienen abajo y alguien se ocupa de mantenerlas en pie, las canas aparecen como invasiones y las arrugas de la piel que devuelve el espejo recuerdan que cada día falta menos para el saludo final. 

En el mundo de la literatura, la demostración más contundente del paso del tiempo es la aparición refulgente de "los nuevos". De pronto, el panorama de expande y las generaciones encargadas de renovar el ambiente reclaman su espacio. A veces ese lugar se gana por el respaldo de algún dinosaurio, otras por el reconocimiento de los pares, y a veces, o casi siempre, son los lectores los que marcan el camino de la novedad.

Cualquier libro bueno o malo que escriba una chica interesa menos y es irónico porque las mejores poetas y narradoras argentinas son mujeres.

Hay una opción más. Están los editores y editoriales que apuestan su dinero a mostrar las voces que faltaban, que perciben que no están puestas en las vidrieras adecuadas. Es así como las editoriales (mal llamadas independientes) asumen riesgos financieros pensando en beneficios estéticos que después disfrutan y aprecian todos los demás. 

Lo que nos lleva directamente al tema de esta nota. 

LAS CHICAS. Hay una nueva generación de escritoras dando vuelta por las mesas de novedades. Nombres que de a poco, muy lentamente, como son los tiempos de la literatura, se van haciendo reconocibles para los merodeadores de lecturas, presentaciones y happenings varios. La circulación, por supuesto, se da por espacios poco transitados pero cuando estas voces llegan al papel ya empieza la puja por la atención de los compradores. 

Les presentamos a Clara Anich, Flor Codagnone, Malén Denis, Ana Inés López, Acheli Panza, Verónica Yattah y Marina Yuszczuk. Un grupo de mujeres que de alguna manera representan al conjunto chicas que están dando cuenta de un recambio femenino en nuestra literatura. Y, además, se estuvieron destacando este último tiempo por las obras, pocas pero atractivas e interesantes, que pusieron a disposición de la gente lectora que se corre del lugar previsible y de los nombres de escritores que ya son lugares comunes. ¿Se puede hablar de futuro acá? Es aventurado arrojar pronósticos sobre el devenir de nuestra literatura. Lo que sí es posible decir es que cada una de ellas tienen sus textos que las respaldan. Lo demás lo dirá, ya lo sabemos, el tiempo.

CLARA ANICH. Nací en Buenos Aires en 1981. Soy psicóloga, escribo teatro, narrativa y poesía. Publiqué Privado en la colección Laura Palmer no ha muerto de editorial Gárgola; Bendita desgracia en la colección de Grupo Alejandría, 2013; y el poemario Juego de Señora por El Suri porfiado en 2008. 

Mi escritura surge en la adolescencia, si bien antes escribía algunos cuentos y poemas, recién a los 16 empecé a tomármelo en serio. Siempre disfruté de la lectura, y creo que la escritura vino de la mano.

Lejos estoy de escribir "de taquito"; me lleva tiempo y corrijo mucho. Aunque suelo escribir los cuentos de una sentada, después tengo largos perÍodos de corrección. 

No sé si quiero lograr algo más que mi placer. Escribo porque me gusta aunque sea laborioso. 

Me gusta la escritura no pretenciosa. Creo que de alguna manera me influencian más ciertas historias, temáticas, escenas, que la forma que su autor encuentre para narrarlas.

No sé por qué, pero los universos familiares, las parejas, el deseo, la sexualidad, siempre me resultan tentadores, es como si encendieran en mi imaginario.

Siento que todavía estamos en un momento en que parece necesario resaltar un género sobre otro, sea para llegar a una equidad o para anularla. La literatura es literatura, y el género no implica ni un tipo, ni un modo. Mucho menos un aspecto calificable. Es verdad que muchas veces somos las mujeres las que marcamos esa diferencia. Lo que me pregunto es si esa equidad puede llegar a ser real, y no lo sé. Los seres humanos somos diferentes y no creo que haya que anular esa cualidad de por sí fabulosa. Para mí el problema de categorías como "literatura femenina", es que parece que el énfasis cae más en "femenina" que en literatura. Y no creo que eso beneficie a nadie. 

FLOR CODAGNONE. Nací en Buenos Aires en 1982. Escribí con Nicolás Cerruti Literatura ∞ Psicoanálisis: El signo de lo irrepetible (Letra Viva, 2013). Traduje Los Beatles y Lacan: Un réquiem para la Edad Moderna (Galerna, 2013) y Antes de decirnos adiós (Galerna, 2014). Publiqué los poemarios Mudas (Pánico el Pánico, 2013) y Celo (Pánico el Pánico, 2014).

Para mí, la escritura está profundamente ligada al inconsciente. Creo que hay algo de eso que el psicoanálisis llama "atención flotante", de no querer fijarse en nada particular y prestar igual atención a todo lo que se escucha. Así, de pronto, algo de lo que veo o siento o escucho me dispara escritura. 

Me siento más cómoda con la poesía o, mejor, creo que no hay nada que me sea tan propio, ni que se escuche tan íntimo. Podría decir que me siento cómoda con lo autobiográfico porque sospecho que mi poesía e, incluso, mi escritura ligada a lo ensayístico forman parte de ese registro.

No sé si escribo con una intención, pero más allá de la escritura, sé qué quiero lograr con la poesía: que llegue a todos lados, a muchas personas, que se democratice. Sé que en mi poesía hay algo de lo femenino que es muy fuerte. Del cuerpo, del deseo, de la voz. Por otro lado, sé que algunos elementos o símbolos empiezan a recurrir en mi poesía: el tren, el bosque, las aves, los sexos, los cuerpos, las canciones, los ojos, la sangre, la mirada.

Las escritoras ocupamos un lugar diferente porque hombres y mujeres somos distintos. Yo busco la igualdad del hombre y de la mujer desde la diferencia y no desde una pretensión camaleónica, fálica. Además, de ningún modo pienso a la mujer desde la falta. ¿Si hay prejuicios con la escritura femenina? Sí. ¿Si estamos en un medio machista? Sin duda. Por eso estoy convencida de que pensar, dar voz a lo femenino es una práctica política y una responsabilidad.

MALÉN DENIS. Nací en 1989. Cuando terminé el colegio, lo único que tenía claro era que quería hacer películas pero no supe cómo y entré en un pantano vocacional. Empecé a trabajar en medios y surfeando mundos que no me convencían, ingresé al mundo de la poesía. Con una remera de Sonic Youth fue mi primer paso. En  2014 publiqué Buscar drogas en Wikipedia, mi segundo libro. 

Escribir no estaba en mis planes, pero nunca lo dejé. De ahí en más seguí haciéndolo, lo consideré un comienzo algo accidental pero sentí que tenía que asumir el compromiso de devolver una mejor escritura. Le di continuidad a esa escritura que aparece como un aparente accidente en parte por culpa: sentí que tenía que trabajar más. 

No me siento cómoda escribiendo. Creo que todo el tiempo estoy cansada, intentando probar algo y que por eso sigo escribiendo. Lo que más escribo es poesía pero no por eso me siento cómoda dentro del género, más bien siento que es el que más transité hasta ahora. 

Estoy obsesionada con mi generación, con entender dónde estoy. Hay una búsqueda por evidenciar cierta dualidad que tiene que ver con los sacudones económicos e ideológicos. Me obsesiona ser el resultado de todas esas influencias y entender cuál es el rasgo que me toca. 

Creo que tenemos la suerte de vivir en un país en el que la lucha por la igualdad de géneros es muy activa, por lo tanto algunas diferencias que podían verse hasta hace algún tiempo se fueron amalgamando. Sin embargo distamos de un sistema ideal y justo. Que yo no sienta en sí una diferencia por ser mujer o que nunca haya sentido que tengo menos posibilidades tuvo siempre que ver más con mi educación que con las posibilidades reales de nuestra contemporaneidad. Creo que tengo suerte, me rodeo de gente que no perpetúa estereotipos genéricos. Pero esa "suerte" también tiene que ver con una militancia clara: huyo de cualquiera que atine a hacerme sentir menos por ser mujer.

ANA INÉS LÓPEZ. Nací en Lobos en 1982. Publiqué Estas deben ser épocas felices pero me daré cuenta más adelante, Tammy Metzler, 2013 y El campeón existencial, Determinado rumor, 2014. 

La escritura surge de forma bastante inconsciente y cuando ya había terminado mi adolescencia. Empecé la facultad con la intención de entender cómo funcionaba el mundo. Estaba muy confundida y caótica, no tenía ni idea qué era el arte ni la literatura. Alguien me pasó un link de fotolog y de ahí llegué a Mariano Blatt, era el año 2003. Estaba fascinada con eso que él hacía. A partir de ahí descubrí un montón de gente que escribía en Internet y me dieron ganas genuinas de hacerlo.

Lo que quiero lograr con mi escritura debe ser muy parecido a lo que quiero lograr con mi vida: alejarme del sufrimiento, hacer más clara y visible la estructura movediza de la que no se salva nadie.

Antes de publicar creo que escribía de forma más libre, sin demasiada conciencia y eso fue lo que quedó publicado. Ahora siento otra presión, que me la impongo yo pero que ya no puedo eludir y de la que debo hacerme cargo. En cuanto a las temáticas puedo enumerar a mi familia, mi lugar de origen, lo anecdótico del pasado desde el presente. Sobre mí, pero como un muestreo de la percepción de esta época hecho para un estadista imaginario del futuro. 

Las mujeres ocupamos un lugar diferente en casi todos los espacios. Si hablamos de zonas de poder representamos una minoría oprimida, como muchas otras. En la literatura encontré y encuentro un lugar donde el "actuar" de mujer me pesa mucho menos que en cualquier otro espacio de la vida.

ACHELI PANZA. Nací en Misiones, en 1974. Mi primer publicación fue la de unos cuentos en la antología Relatos Deliberados (Textos Intrusos, 2013). En 2014 salió mi primer libro: Santoral por Blatt&Ríos. Soy icenciada en Psicología y vivo en Buenos Aires.

Yo encontré la escritura casi de casualidad. En 2011 una amiga me ofreció hacer un taller de escritura, acepté porque me pareció buena idea pasar más tiempo con ella, aparte yo buscaba algo que me saque un poco de casa, así que la propuesta me cerraba. Después fui descubriendo que podía escribir y que me gustaba. 

Siempre escribí narrativa, cuentos. Me siento cómoda escribiendo narrativa, aunque siempre me apasionó leer poesía. Pero me doy cuenta que la profundidad y el nivel de perfección en cada palabra que exige la poesía, no me sale. Yo escribo como un todo, no soy detallista, no puedo pensar en cada frase o en cada palabra, escribo con una visión global. 

Nunca pensé en lograr algo con mi escritura más allá de mi propia liberación. Escribo intentando responder algunas preguntas que me hago con insistencia, son intentos de darles respuestas que nunca se terminan de construir, también me ocurre eso cuando escribo sobre cuestiones que me conmueven o me perturban: el abandono, la locura, la indiferencia, son algunos de los temas que insisten cuando escribo.

Hoy todos tenemos oportunidad de escribir de igual manera, hay muchas más opciones para poder publicar que antes y eso es muy positivo para todos.

VERÓNICA YATTAH. Nací en Buenos Aires en 1987. En 2009 publiqué Ella salta la espuma de las olas por Ediciones del Dock; en 2013 Allá es mañana por Funesiana y en 2014 Los perros también se van por Viajero Insomne. 

La escritura surge como el paso siguiente a una especie de latigazo en la mente, posterior a un impulso, a una necesidad de decir cosas de manera diferente a cuando hablo o pienso. Surge como un deseo de embellecer el pensamiento y la vida a través de un lenguaje que no es nunca del todo fiel a esa fuente de la que nace sino que tiene sus desvíos de sentido. 

Escribo poemas y cuentos. No creo que escriba lo que me resulta más cómodo, pero sí que escribo lo que puedo, como si no dependiera de mí. 

Carlos Battilana dijo una vez que la lectura de poesía es un acto físico, nos damos cuenta si un poema nos toca o no nos toca. Sería hermoso generar eso a través de un poema, de un cuento: un efecto en la emoción, darle cauce a la sensibilidad. 

En un texto de Silvina Giaganti leí que escribir es quedarse un poco más en un lugar en el que ya todos hicieron el bolso. Creo que en mi caso esos lugares son la infancia y las experiencias amorosas, volviendo a darle importancia a los instantes, reconociendo y combatiendo la fugacidad. 

Creo que es un buen momento para las escritoras en cuanto a visibilidad. Pero al margen de esto que tiene que ver con el talento y con ediciones que ponen en valor estas escrituras, no creo mucho en considerar en una especie de bloque a la literatura hecha por mujeres. No creo que entre la literatura escrita por mujeres y la escrita por hombres haya más diferencias que las que existen entre la de una mujer y la de otra, o entre la de un hombre y otro. Si por "femenina" entendemos que se trata de una voz o una mirada singular, propia, genuina, me pregunto entonces si no es esto lo que esperamos también cuando el que escribe es un hombre.

MARINA YUSZCZUK. Tuve y tengo una vida re normal y al mismo tiempo no, porque vivo con la literatura. Soy de Bahía Blanca, hice la carrera de Letras, escribo crítica de cine y estoy lidiando todavía con la idea de ser ama de casa. Publiqué Guía práctica de las mariposas, Cooperativa Editora El Calamar, 2004, Lo que la gente hace, Blatt & Ríos, 2012 y Madre Soltera, Mansalva, 2014.

Escribir es lo que sé hacer. Una vez escribí un poema que terminaba así: "yo me voy a morir/y entonces este amor zarpado por todo y por todos/se va conmigo/eso es lo que me llena de desesperación tan tranquila estos días." Esa desesperación la siento casi todo el tiempo cuando escribo, eso, y un placer increíble. Imaginate que esa mezcla es la droga más poderosa y no la voy a dejar ni cuando sea vieja.

Los géneros no importan tanto. Cuando me pasa algo intenso y breve eso toma la forma de un poema; cuando quiero contar una escena, o una época, empiezo algo que se le puede decir cuento pero muchas veces incluye cosas que ni sé qué son. Pero si yo pudiera cada vez más olvidarme de las cosas que aprendí y leí, sería hermoso. Es raro, porque a la vez uno escribe con eso. 

Me interesa cualquier cosa que me esté pasando: no tengo intereses previos. Más bien me van pasando cosas y empujan la escritura. Como cuando tuve un hijo y escribí un libro sobre eso. 

Cualquier libro bueno o malo que escriba una chica interesa menos y es irónico porque las mejores poetas y narradoras argentinas son mujeres. Desde hace un tiempo que no leo a ningún escritor que no sea una mujer. Las mujeres son más sinceras. Y las veo mucho menos pendientes de la literatura.