En el marco de un contexto de reformas profundas y consagración de derechos, la presidenta Cristina Kirchner impulsó la transformación más importante que se haya conocido en el país en materia de comunicación: el proyecto de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La norma clausuró un marco legal diseñado por los dictadores José Martínez de Hoz y Jorge Videla a la medida de las corporaciones económicas.

La iniciativa rescató una extensa lucha de movimientos mayormente nucleados en la Coalición para una Radiodifusión Democrática, que venían reclamando la sanción de una ley que pusiera fin a la concentración de medios generada al amparo de la dictadura y del menemismo. Con ese enorme respaldo popular, pudimos parir una ley que permitió el ingreso de nuevos actores sociales y económicos al mundo de la comunicación.

Semejante apertura a la diversidad tuvo y tiene la resistencia esperada de las corporaciones mediáticas, especialmente del Grupo Clarín, que habían dado una batalla sostenida durante muchas décadas para concentrar medios y ampliar su capacidad de extorsión sobre los poderes públicos. Especialistas de todo el mundo y hasta la propia Relatoría para la Libertad de Expresión de la ONU han ponderado la reforma argentina, destacando que la peor amenaza contra la libertad de expresión es la concentración mediática.

Pero la oposición del Grupo Clarín –cuya resistencia a la ley cuenta con el respaldo de una parte del Poder Judicial– excede a esta norma. La compañía se enmarca en su ambición de que los sectores concentrados no sigan perdiendo privilegios, como lo vienen haciendo desde el 25 de mayo de 2003, cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner e inició el proceso transformador más importante desde mediados del siglo pasado. Clarín ha sido un actor central de la política en los últimos 40 años y se malacostumbró a digitar gran parte de las acciones de los poderes públicos desde el despacho de su CEO. Cuando las decisiones democráticas sobre los destinos del país volvieron a la Casa Rosada y al Parlamento, la compañía inició una cruzada virulenta contra el kirchnerismo. En ese marco, el Grupo consiguió algunas medidas judiciales que le permiten transitoriamente estar al margen de los límites de la ley.

Mientras eso ocurre, el universo de medios de comunicación crece en pluralidad y diversidad. Todo ello constituye una transformación profunda que redunda en una Argentina con más voces, con nuevas miradas, que incluye en lugar de excluir y que permite que los argentinos y argentinas podamos escucharnos, conocernos, encontrarnos y construir un presente y un futuro mejor. De eso se trata.