Luego de 30 años de democracia, los medios de comunicación en Brasil han mantenido su estructuración y posición relativamente sin grandes variaciones en lo que refiere a posibilidades de ingreso de actores menores al mercado. De hecho, la concentración progresiva y sostenida ha sido la norma, tanto bajo gobiernos militares como con gobiernos democráticos. Un ejemplo de todo esto, es el holding multimediático O Globo.

En TV, la Rede Globo se emite en más de 100 canales en Brasil; en TV paga, tiene participación minoritaria en Sky y en el sistema de cable e internet Net (perteneciente al mexicano Carlos Slim); posee la Productora Globosat, generadora de Globonews (noticias), Brasil (cultura y cine), Sport TV, Viva (archivo), GNT (generalista), entre varios. A la vez mantiene gran presencia en la prensa gráfica: controla O Globo (generalista), Extra (Río, popular) y tiene participación en Valor (económico), entre otras.

Una reciente investigación de especialistas vinculados a la comunicación, denominada Projeto Donos da Mídia (Proyecto Dueños de los Medios) encontró a 271 dirigentes políticos en puestos de relevancia de 324 medios de comunicación en todo Brasil, con resultados que resaltan la importancia de la política local en el país: la predominancia cuantitativa pertenecía a los intendentes y diputados estaduales. Entre los diez principales empresarios-políticos, se encuentran figuras reconocidas como el líder del conservador partido DEM (Demócratas), José Agripino Maia, la esposa del líder del PMDB Jader Barbalho, Elcione Barbalho, el ex presidente Fernando Collor, y el ex líder del PMDB (partido aliado de Dilma) en el Senado, Wellington Salgado.

La presencia de familias predominantes en el orden empresarial y político, es la adaptación de una histórica predominancia social, pero reproducida en un escenario competitivo y de apertura económica. Dicho proceso implicó una personalización de la política como de las conducciones económicas, siendo que los colectivos tradicionales, como las familias, se fueron heterogeneizando, no solo como producto de la dinámica de las relaciones de fuerza y los cambios en la sociedad brasileña, sino también con la llegada masiva de inversiones de empresas multinacionales al país.