En el marco de su estrategia de hostigamiento judicial contra la Argentina, los fondos buitre reiteraron su presentación ante tribunales norteamericanos para incluir la reciente emisión del Bonar 24 dentro de los alcances del fallo Griesa, que había dado lugar a la pretensión de los buitres de tomar como rehenes al país y a sus acreedores de títulos reestructurados imponiendo la imposibilidad de honrar los compromisos hasta tanto no se satisfaga la voracidad depredadora de esos fondos de cobrar el 100% del valor nominal de los títulos en default de 2001 adquiridos a precios de remate que tienen en su poder.

Tras el revés que ya habría anticipado Griesa, los buitres insisten pero se saben derrotados. Al mismo tiempo que la Argentina colocaba exitosamente en el mercado el Bonar 24 (reduciendo la tasa a un digito y triplicando los U$S 500 millones de la propuesta original hasta alcanzar los U$S 1500 millones finales) descolocaba a los buitres y al propio Griesa dejándolos sin herramientas para proseguir con su táctica extorsiva. Es que los títulos fueron colocados bajo ley local, al amparo de la irresponsabilidad del magistrado neoyorquino. Si ya habían anticipado estos depredadores de las finanzas globales que aguardaban mejores condiciones tras el traspaso de mandato, con Macri, Massa o Scioli, ahora más que nunca estarán pensando en financiar, a través de oscuras ONG, campañas opositoras a un gobierno que ha hecho de la vocación de la defensa de la soberanía nacional una muralla que hoy parece insalvable para los buitres. Con la Argentina retomando el sendero de una inserción financiera activa que los buitres añoraban vedada para el país, las aspiraciones de los que, como el alcalde porteño, argumentaban que estábamos obligados a arrodillarnos frente a los buitres, se vuelven una expresión del histórico deseo entreguista de la derecha doméstica sin anclaje en la realidad de los 40 millones de argentinos que habitan esta patria desendeudada, solvente y soberana.