La noticia sobre el femicidio de la joven Chiara Páez produjo al fin una novedad. A través de las redes sociales, y gracias al impulso de periodistas y escritoras comprometidas con el tema, se organizó ayer una movilización al Congreso para el próximo 3 de junio, exigiendo que la violencia machista no produzca más muertes. Salvo casos muy puntuales, como el ofensivo fallo por la desaparición de Marita Verón, es raro que las cuestiones de género despierten algo más que indignación. Mucho más raro es que surja de esa indignación una marcha masiva. Y eso a pesar de que la Argentina se caracteriza por una larga tradición vinculada a la protesta y la movilización social, publica Tiempo Argentino

Esta dificultad podría interpretarse como una muestra de lo que falta. La violencia de género hoy está incluida en el lenguaje de los medios y por ende, también, en cierto sentido común. Aunque muchos todavía se resistan, la corrección política es parte del clima de época, y esa es una buena noticia, a pesar de la comodidad que guarda como amenaza. Sin embargo, todavía es difícil que esta violencia sea considerada un problema de orden público, un tema que involucra a la sociedad como conjunto. Mucho menos se cree que este sea un problema político, con la responsabilidad que le cabe por eso a nuestra dirigencia, sobre todo a aquella que responde a un proyecto popular.

El argumento cuantitativo no es el más fidedigno para representar las aristas de un tema tan denso, pero las cifras son brutales: 1800 mujeres fueron asesinadas en los últimos seis años. Cambiar la indignación por la salida a las calles es un gran augurio. Si la convocatoria espontánea para el 3 de junio fuera exitosa, estaríamos dando un paso extraordinario. Un paso que nos permitirá soñar con un futuro en el que la desigualdad entre hombres y mujeres no sólo nos conmueva cuando se trate de su faceta más cruel y dolorosa.