El domingo 21 de septiembre del año pasado, el cuerpo de Paola Acosta, de 36 años, fue encontrado en una alcantarilla, en el barrio Alto Alberdi, en Córdoba. A su lado, lloraba Martina, su hija de un año y nueve meses.

En 2014, Martina y 329 chicos más quedaron sin madre después de que ellas fueran asesinadas por violencia sexista. Las víctimas colaterales del femicidio en ese periodo fueron 200 nenes menores de edad, 79 adultos y otros 40 de quienes no se tiene registro de su edad, según datos de la Casa del Encuentro.

La cifra casi se septuplica cuando se contemplan los hijos e hijas que perdieron a sus mamás durante los últimos siete año, entre 2008 y 2014: son un total de 2196, entre ellos 1403 menores de edad.

“La violencia hacia la mujer es dirigida, pensada y fundamentada en principios patriarcales que avalan la supremacía de varón. Es el sometimiento de la mujer, de los hijos e hijas, a quienes el violento considera de su propiedad”, explica la licenciada Silvia Gabriela Lommi en el libro “Por ellas”, del Observatorio de Femicidios en Argentina "Adriana Marisel Zambrano". 

Y agrega: “Los niños y niñas víctimas del Femicidio deben sobrevivir al horror, han sido víctimas de la violencia y testigos del asesinato de la propia madre. Han convivido con la violencia extrema, en muchos casos la han padecido físicamente, sexual y en todos los casos psicológicamente. Han estado en permanente situación de riesgo, en una alerta continua”.

Femicidas

El 80 por ciento de las mujeres que fueron víctimas de femicidio en 2014, tenían un vínculo con el agresor. Incluso el 34 por ciento de ellas, fueron asesinadas por sus esposos o novios, al igual que Paola.

“Los niños y niñas víctimas del Femicidio comparten características similares con la madre (mujer asesinada) que son la dependencia con el agresor, su posición de debilidad frente a él y el terror que genera la situación de violencia día a día”, detalla Lommi. “Pierden a la persona que amaban en manos de otra persona a la que también aman”, añade.

 

"Es el sometimiento de la mujer, de los hijos e hijas, a quienes el violento considera de su propiedad".

Gonzalo Lizarralde, de 33 años, está detenido en el penal de Bouwer y es el único acusado por el homicidio Paola. Él es el padre de Martina, aunque siempre se negó a reconocer la paternidad, incluso cuando un ADN confirmó que la beba era su hija.

El miércoles 17 de septiembre, Lizarralde le dijo a Paola que iba a pasar por su departamento para pagarle la primera cuota alimentaria. Ella salió de la vivienda con Martina en brazos y adentro quedaron acostados sus dos hijos adolescentes.

Después de ese encuentro, ambas desaparecieron y fueron encontradas cuatro días después en una alcantarilla. Paola muerta, Martina luchando por sobrevivir. 

Víctimas secundarias

Con un año y nueve meses, Martina pasó 80 horas en una alcantarilla, en la oscuridad, con frío, al lado del cuerpo de su madre.

Hoy, tiene dos años y cinco meses, y vive con sus abuelos y su tía. Desde el asesinato de Paola, recibe tratamientos médicos y  apoyo psicológico. Todas las semanas va a rehabilitación para curar un queloide, producido de los cortes que sufrió en el tórax, el cuello y la espalda.

“Hay que ver cómo le influyó lo que pasó. Todavía no habla, dice apenas unas palabras. Le tiene miedo a la oscuridad, así que dormimos con una luz prendida. A veces, a la noche se despierta llorando y ni quieren que la toquen”, contó su tía, Mariana.

La nena tiene dos hermanos, Agustín, de 17 años, y Tomás de 14, quienes ahora viven con el papá. También reciben tratamiento psicológico, aunque el más grande todavía se niega a hablar. “Yo tendría que haber hecho algo. Cuando a mi mamá la estaban matando yo estaba jugando en la computadora”, le dijo a su abuela hace unos días.

Justicia por Paola

El 6 de marzo, el Juez de Control Luis Nazis confirmó la elevación a juicio solicitada por la fiscal de instrucción Eve Flores contra Lizarralde. La familia Acosta espera que en el transcurso de esta semana, finalmente se confirme la fecha de inicio del juicio.

El próximo 3 de junio se sumarán a la marcha organizada bajo la consigna #NiUnaMenos, para pedir justicia por Paola y todas las víctimas de femicidios, y pedir que se termine la violencia de género.

“Queremos que se haga justicia. Lo que queremos como familia es que mis sobrinos vivan tranquilos. Y para eso a Lizarralde le tienen que dar perpetua, es lo que corresponde. Porque a Paola nadie nos la va a devolver”, dijo Marina, a ocho meses del asesinato de su hermana.