Poco queda de la euforia que exhibía en la foto de hace menos de dos años, cuando le ganó al kirchnerismo las elecciones legislativas con su flamante partido Frente Renovador en la provincia de Buenos Aires. Aquél espacio  político que nació en la primera sección del Conurbano, llamado Grupo de los Ocho, y que llegó a sumar a dirigentes de todo el país, se le va desmoronando a Sergio Massa. Desde el comienzo de este año perdió ocho intendentes que huyeron hacia el oficialismo y la oposición, y el contador sigue abierto. Por estas horas, el tigrense no está pudiendo retener a sus armadores más fieles, los intendentes de Olavarría, José Eseverri, y de San Martín, Gabriel Katopodis, y el poder político se le escapa como arena entre los dedos. 

Según Tiempo Argentino, primero fue Sandro Guzmán, pero a Sergio Massa no le importó su partida porque el intendente de Escobar era uno de los que se había mantenido cerca del Frente para la Victoria. Después fue su jefe del bloque de Diputados Darío Giustozzi, ex intendente de Almirante Brown, quien se fue dando un portazo porque Masa había sumado a Francisco de Narváez a la  lista de precandidatos a gobernador bonaerense. El gran acto de Vélez del  1º de mayo tampoco  sirvió para frenar la sangría de dirigentes. Por más que Giustozzi fue uno de los pocos mencionados en el discurso de Massa, esa misma semana firmó el pase al Frente para la Victoria, con Daniel Bolettieri, reemplazante en Almirante Brown, como primera señal de la reconciliación. Allí tejió lazos el sciolismo, en especial la ministra de Gobierno Cristina Álvarez Rodríguez. Hacia otro lado huyeron los intendentes Gustavo Posse, de San Isidro, y su par de Malvinas Argentinas Jesús Cariglino. Posse pegó el portazo en febrero cuando vio que no tenía chances de competir para la gobernación contra De Narváez y Giustozzi. Trató de colgarse de la boleta presidencial de Mauricio Macri pero no lo dejaron. Lo mismo le pasa a Cariglino, por lo que ambos quedaron a mitad del río, en búsqueda de un sello para renovar las intendencias de sus propios pagos.

Según cuentan sus ex aliados, por estas horas Massa sólo escucha a su mujer Malena Galmarini, la diputada Camaño, y su marido, el sindicalista Luis Barrionuevo.

Los capitanes de la operación rescate del kirchnerismo son el jefe de Gabinete Aníbal Fernández, el ministro de Planificación Julio De Vido y el secretario general de la Presidencia Eduardo "Wado" De Pedro. Estos tres interlocutores fueron los encargados de lograr esta semana que las partidas del massismo redunden en regresos al Frente para la Victoria. Hasta el momento, lograron el retorno de los intendentes Raúl Othacehé de Merlo, Huberto Zúccaro de Pilar y José Eseverri de Olavarría, uno de los más cercanos a Massa hasta ayer. Es que desde el kirchnerismo no querían perder iniciativa en la recuperación de intendencias, ya que el sciolismo y el PRO también estaban a la pesca. De hecho, Scioli iba a mostrarse con Othacehé en Merlo, luego de haber compartido un acto por la policía rural, pero "El vasco" se sacó primero la foto con Wado y De Vido. Scioli llegó un día después y logró el apoyo del jefe comunal del oeste a su precandidatura presidencial. Algo parecido pasó con Eseverri, quien posó junto a Florencio Randazzo en el acto de la llegada del tren 0 KM a Olavarría. 

A medida que los intendentes vuelven, se van pronunciando a favor de uno u otro precandidato nacional y provincial. Si bien el principio de jugar "todos con todos" se mantiene, comenzaron a aparecer algunos pronunciamientos, como el del intendente de Lincoln, Jorge Fernández, quien militará para que Aníbal Fernández sea gobernador (según anunció ayer en un acto con el diputado Omar Plaini), o Francisco "Barba" Gutiérrez, jefe comunal de Quilmes, quien anunció que jugará con Julián Domínguez. 

Ayer las reuniones en el partido de San Martín se sucedían una tras otra. La señalética municipal y las pintadas de campaña ya perdieron los colores massistas y todo volvió a ser celeste y blanco. Sin embargo, el regreso del intendente Katopodis es uno de los más difíciles, ya que el propio Massa y una de sus pocas figuras fieles, Graciela Camaño, son oriundos de ese partido y sus dirigentes y familiares están ubicados en todas las áreas de  gobierno. Si cae Katopodis, el intendente de San Miguel Joaquín de la Torre también puede seguir su camino y será el que apague la luz. 

Según cuentan sus ex aliados, por estas horas Massa sólo escucha a su mujer Malena Galmarini, la diputada Camaño, y su marido, el sindicalista Luis Barrionuevo. Cuando comenzó la caída libre, le aconsejaron manotazos de ahogado. En ese derrotero, primero golpeó las puertas del PRO para pedir una gran PASO de presidenciables de la oposición y nadie contestó. Luego empezaron a evaluar la posibilidad de que se baje a la provincia y juegue como candidato a gobernador en una alianza con el PRO, o que dispute el territorio bonaerense en la boleta presidencial de José Manuel de la Sota, su adversario en el espacio UNA. Ahora, incluso, están creciendo las versiones de que, tras una reunión familiar que tendría lugar este martes, Sergio Massa se iría a su casa.