François Hollande no asumirá su cargo de presidente de Francia hasta este próximo martes 15, pero ya ha podido comprobar que no contará con los cien días de gracia que se suele conceder al nuevo inquilino del Elíseo.

Los mercados financieros saludaron su triunfo en la segunda vuelta de las elecciones, el pasado 6 de mayo –en la que obtuvo el 51,67% de los votos frente al 48,33% de Nicolas Sarkozy– con un alza en las primas de riesgo y fuertes caídas en las Bolsas.

Los mercados, como tales, no son de un partido determinado, pero la forma en que recibieron el triunfo del primer presidente socialista en 17 años, es toda una muestra de qué tipo de perfil y programa no les gusta.

El líder del Partido Socialista Francés (PSF) tendrá que enfrentar desde el mismo martes dos asuntos que no permiten demora, uno en el frente interno y otro en el europeo.

A nivel nacional, Hollande tendrá que demostrar su firmeza para intentar frenar los despidos de miles de trabajadores que se disponen a anunciar multinacionales como Carrefour, PSA-Peugeot-Citroen, Air-France-KLM, General Motors y otras.

Con un nivel de desempleo de casi el 10%, una previsión de crecimiento del 0,5% para este año, con una balanza de pagos que arroja un déficit en cuenta corriente del 2% del PIB y un déficit público del 4,6% del PIB, el presidente electo no puede permitirse dilaciones para dar un brusco giro a la política económica, laboral y social en la que es la segunda economía de Europa.

Hollande prometió durante su campaña electoral crear 150.000 puestos de trabajo en barrios populares y 500.000 .de los que llamó “contratos de generación”, por los cuales se eximiría de pagar las cotizaciones sociales por tres años a las empresas que contraten a un joven y a su vez mantengan en su plantilla a un trabajador veterano.

Leé la nota completa en el sitio de Miradas al Sur - Hollande va por el cambio en Europa