Los dictadores, los golpistas, los que están dispuestos a todo con tal de derrocar un gobierno, incluso a bombardear una plaza pública llena de civiles, también cuidan sus espaldas. Porque los giros de la historia son imprevisibles. Y porque los derrocados de hoy pueden ser los que regresen mañana, con legitimidad proveniente de las urnas y ansias de justicia. La Argentina tiene varios ejemplos de esa tradición burocrática que consiste, invariablemente, en no dejar pruebas documentales de las acciones cometidas, en su mayoría delitos gravísimos, en el marco de una dictadura o durante el desarrollo de un golpe de Estado que finalmente fracasa. Y éste es uno de esos casos.

Según consignó Tiempo Argentino, el próximo martes se cumplirán 60 años de los bombardeos que la Aviación Naval realizó sobre la Casa Rosada y las áreas circundantes del centro porteño. La sangrienta rebelión de la Marina no logró su objetivo –matar a Juan Perón y liquidar a su gobierno- pero sí terminó con la vida de 308 argentinos, según la investigación realizada por el Archivo Nacional de la Memoria y difundida en 2009 por iniciativa del fallecido ex secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.

Bautizada “1955: golpean la Casa”, la exposición será inaugurada el próximo martes, en el Museo del Bicentenario.

El sangriento costo en vidas que tuvo la rebelión resultó en un principio difícil de dimensionar. Muchos de los pilotos huyeron al Uruguay, y tras la quema de las iglesias, Perón quiso frenar la conmoción. El número de muertos se publicó –parcialmente- en los dos días subsiguientes. Luego, por sugerencia oficial, el drama fue desapareciendo de los medios. Sí hubo un registro minucioso de los daños materiales que produjeron las bombas y la metralla. Sobre todo en la Casa Rosada y edificios cercanos. La Casa Militar elaboró, semanas después del intento de golpe, un minucioso informe técnico sobre el estado en el que había quedado la Casa Rosada. En el documento también se precisa cuántos muertos hubo entre el personal civil y militar que defendía la sede del Ejecutivo. De 85 páginas, el informe detalla a través de un anexo basado en fotografías, croquis y planos hechos a  mano los efectos de las ráfagas de ametralladora pesada, más las bombas de 50 y 100 kilos arrojadas.

El informe de la Casa Militar da cuenta de la lista de bajas entre las fuerzas leales y los civiles armados que defendían a Perón y su gobierno desde adentro de la Casa Rosada. Fueron 12 muertos -9 granaderos, 2 soldados de otros regimientos y un civil- y 55 heridos. La documentación comprometía a los organizadores: la sublevación había sido organizada por el contraalmirante Toranzo Calderón y el vicealmirante Benjamín Gargiulo (quien se suicidó el mismo 16 de junio) pero también por el entonces Ministro de Marina, el contralmirante Aníbal Olivieri. 

Miembro del gabinete de Perón, Olivieri no tardó en ser acusado y terminó siendo juzgado ante el Tribunal del Consejo Supremo de las FF.AA. ¿Quién se encargó de su defensa en aquel juicio militar? Isaac Francisco del Ángel Rojas, quien se convertiría –tres meses después- en el jefe operativo del golpe de Estado que sí logró derrocar a Perón.

Tras el golpe de septiembre de 1955, Isaac Rojas se convirtió en vicepresidente provisional del nuevo gobierno –asumió Eduardo Lonardi- en paralelo a su rol de comandante en jefe de la Armada. Lo que pocos saben es que Rojas, al asumir su nueva función en la Casa de Gobierno, se llevó varios documentos muy sensibles, algunos como botín de guerra: se apropió del original de las actas constitutivas del Partido Peronista y del original de las actas de conformación de la Rama Femenina. Pero también del informe técnico que había preparado la Casa Militar meses antes.

Ese material permaneció en su poder hasta que, tras su muerte, su familia lo donó al Archivo General de la Armada. Los papeles luego pasaron al Departamento de Estudios Históricos Navales (DEHN) hasta que, en 2012, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, y la directora del área de Derechos Humanos de esa cartera, Stella Segado, resolvieron que todos los documentos de interés público encontrados en el archivo personal de Rojas fueran publicados en el sitio web www.archivosabiertos.com y pasaran a formar parte de una muestra sobre los bombardeos de junio de 1955. “En el despacho que era de Perón y donde hoy está Cristina cayeron tres bombas. Y en lo que entonces era el Servicio de Informaciones, 20. Rojas se llevó cosas de los distintos lugares por los que pasó, como botín de guerra”, comentó Segado en diálogo con Tiempo.

Bautizada “1955: golpean la Casa”, la exposición será inaugurada el próximo martes, en el Museo del Bicentenario, por la propia presidenta Cristina Fernández. El documento robado por Rojas y devuelto por sus familiares será la pieza fundamental.