Nada parece salir según lo proyectado. Después de las elecciones en Santa Fe el PRO entró en alerta amarillo. ¿Qué pasaría si Horacio Rodríguez Larreta no gana en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Por qué los políticos de la oposición no consiguen construir una oferta sólida y consistente en las urnas?

Se pueden ensayar varias respuestas para ese último interrogante pero a gusto de este cronista esa carencia de una propuesta consistente es el resultado de, al menos, un par de errores centrales: se hace análisis político a partir del microclima de un estudio de televisión que transforma las expresiones de deseo en una realidad de autoconvencimiento y –producto de ese microclima concéntrico- no se tiene en cuenta a la tercera Ley de Newton.

Isaac Newton fue un físico, matemático e inventor inglés autor de los Principios Matemáticos de la Filosofía Natural. El tercero de esos principios es conocido como la ley de la acción y reacción y determina que con toda acción ocurre siempre una reacción.

"No se gobierna con chamuyo y globitos", advirtió en Córdoba Cristina Fernández.

En política, el desconocimiento de esa ley, lleva a evaluaciones fuera de contexto que terminan siempre en pronósticos fallidos. Es por eso que dirigentes y analistas transforman la foto de un día en una realidad que se mantendrá inalterada y determinará el resultado electoral. No nos detendremos aquí a tratar de esclarecer el origen de esa falencia, aunque probablemente esté vinculada a las dificultades para concebir a la política como un elemento transformador de la realidad. 

Esa dinámica se percibe con mayor transparencia entre los economistas que ante un deslizamiento del tipo de cambio o cualquier otro desacople en los números anticipan la debacle inminente. En ese análisis está siempre ausente la segunda parte de la ley de acción y reacción que es precisamente la reacción que la gestión política desarrolla para intervenir en esa realidad.

Algo parecido se da desde la construcción política más pura. El resultado de una encuesta a un año de las elecciones transforma a un precandidato sin presencia territorial política nacional en el seguro presidente de la República. Esa mirada miope no tiene en cuenta la posibilidad de una recuperación de la imagen presidencial a partir de medidas de gestión, el trabajo político sobre los aliados circunstanciales que abandonan al candidato masivamente y la construcción de una fórmula integradora de todos los sectores del oficialismo que revierte las tendencias en los sondeos.

La Presidenta tendrá un rol protagónico en la campaña electoral.

Es precisamente a esa reacción a la que empiezan a temer ahora los estrategas del PRO que pensaron un calendario electoral con triunfos inexorables en Santa Fe, Mendoza, Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires para apuntalar la candidatura de Mauricio Macri. El alcalde porteño pudo festejar el domingo pasado en Mendoza, un crédito que debe en buena parte al radicalismo; pero Miguel del Sel reconoció esta semana la derrota del PRO santafesino y son pocas las chances de que el macrismo se imponga en Córdoba.

Entonces todas las miradas están puestas ahora en las elecciones del próximo domingo en la Ciudad. Las encuestas dan como ganador a Horacio Rodríguez Larreta, seguido de Martín Lousteau y Mariano Recalde; pero también muestran que sería inevitable la segunda vuelta, lo que abre un interrogante enorme sobre el futuro político de la fuerza municipal que encabeza Mauricio Macri. 

El debate de esta semana entre los tres candidatos a jefe de Gobierno porteño mejor ubicados en las encuestas sirvió para despejar varias dudas: Rodríguez Larreta no es un virtuoso de la palabra y Martín Lousteau comparte el mismo espacio político que Mauricio Macri a nivel nacional, esto es la alianza Cambiemos. Tal vez por eso es que hay mensajes cruzados de un búnker al otro para empezar a pensar un acuerdo que le permita al candidato amarillo gambetear la segura segunda vuelta.

En cualquier caso, no hay que despreciar la capacidad de reacción del PRO que no en vano lleva dos períodos al frente del gobierno cobijado por el voto popular. Esta misma semana anunció el proyecto para poner en marcha la "Subtrenmetrocleta", una iniciativa que ya había comunicado un mes atrás y que es impracticable por varios motivos. 

Nadie sabe qué puede salir de la mente de los estrategas del PRO en estos cinco días que quedan de campaña. Está claro que no tienen límites. Por si faltaban pruebas alcanza con rememorar la presentación de la fórmula presidencial del macrismo. Ayer, por lo pronto, Macri puso toda la carne en el asador con una "timbreada" por los barrios.

Lejos de las cavilaciones porteñas, el binomio del Frente para la Victoria debutó esta semana con un acto en Córdoba. La agenda de aquí al 9 de agosto será frenética y servirá también para comparar armados y estrategias de campaña. El FPV es la única fuerza política que puede garantizar la presencia masiva de militantes en varios actos por semana en todo el país. Para el resto de las fuerzas políticas quedan los globos, el "mate con los vecinos" y los set de televisión. La estrategia del equipo de campaña de Daniel Scioli es más tradicional. Inauguraciones en todo el país, encuentros con sindicatos, empresarios, científicos y líderes regionales. 

Son dos concepciones muy distintas de la política. El estratega del PRO, Jaime Duran Barba, sostiene que las estructuras partidarias ya no sirven para definir elecciones y los votantes optan estrictamente por los candidatos. Es el perfil de elección que más le cuadra a su asesorado. Como se ha mencionado en estas líneas anteriormente, la movilización no garantiza el triunfo electoral, pero es un elemento central a tener en cuenta.

"No se gobierna con chamuyo y globitos", advirtió en Córdoba la presidenta Cristina Fernández. La mandataria tendrá un rol protagónico en la campaña electoral. En este caso eligió al PRO y a Martín Lousteau –a quien recordó sus cálculos sobre las retenciones móviles que terminaron en la crisis de la Resolución 125- como focos de atención. 

La polarización parece definitiva. Tras el cierre de listas, Sergio Massa no consigue recuperar el protagonismo de otros tiempos. En el massismo aseguran que la estrategia es que el peso de la campaña recaiga sobre el candidato a gobernador Felipe Solá, de gestión reconocida en el distrito. Sería un caso de tracción inversa del voto. El futuro del Frente Renovador es un gran interrogante. Después de todo, habrá que ver si el diputado puede aplicar con alguna posibilidad de éxito la tercera Ley de Newton.