La extorsión económica y política que vive el pueblo griego llegó a niveles intolerables, especialmente teniendo en cuenta los años de ajuste que recaen sobre la mayor parte de los trabajadores de este país. La multitudinaria movilización de esta semana por el apoyo al "NO" al referéndum convocado para el día de hoy por el gobierno de Alexis Tsipras, se trató esencialmente de una manifestación del gran descontento popular que existe sobre la situación económica, lo que repercutió fuertemente el martes a nivel internacional con el incumplimiento del pago al FMI de 1600 millones de euros y luego la declaración oficial de default. Las obligaciones que Grecia debe asumir a lo largo de este año con la totalidad de sus acreedores superan los 25 mil millones de euros, donde la mayor parte le corresponde a los tenedores de bonos, luego al Banco Central Europeo y en menor medida al FMI. Es por ello que le decisión de no pagar al organismo internacional de crédito, forma más bien parte de un esquema de negociación aún más profundo entre el gobierno de Tsipras y la Unión Europea. El próximo 20 de julio Grecia debiera pagar al Banco Central Europeo 3,5 mil millones de euros.

Deuda

La deuda pública griega asciende a aproximadamente 280 mil millones de euros, de los cuales prácticamente la mitad corresponde al programa EFSF (European Financial Stability Facility) conocido en castellano como el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera destinado en parte al rescate de la deuda griega. Le siguen 53 mil millones que está en manos de gobiernos de la Eurozona, 49 mil millones en inversores privados y tenedores de bonos del tesoro (esto engloba a bancos privados, fondos buitres, y también individuos), 27 mil millones en el Banco Central Europeo, y 21 mil millones del FMI. 

Así la deuda pública griega se encuentra en torno al 177,7% de su PBI (datos 2014 Banco de Grecia). Pero por otra parte, cabe considerar que la deuda pública representa un poco más del 57% de la deuda externa total, que asciende a 434,4 mil millones de euros.

Extorsiones

Las idas y vueltas entre las propuestas de Tsipras y las del Eurogrupo, cuestionaron la realización del  referéndum hasta último momento y el impacto de sus resultados en las negociaciones posteriores. Pero lo relevante es que el alcance del referéndum es en sí mismo incierto, porque justamente forma parte del tironeo entre los diferentes intereses en pugna. 

El apoyo masivo al NO, demuestra en definitiva el pronunciamiento por el NO al ajuste por parte de la población. Pero ni los alcances del NO ni los del SI dejan en claro cuál es la escapatoria a que la crisis la pague el pueblo. La encrucijada y la confusión fue acrecentándose a lo largo de la semana: default sí o no, reestructuración de la deuda sí o no, ajuste sí o no, salida del euro sí o no, renuncia de Tsipras sí o no. El referéndum develó la encrucijada extorsiva que vive el pueblo griego, porque la unión monetaria exige ajuste; y su salida, la devaluación, implicaría la licuación al salario y los ahorros. También el pago de la deuda es inviable, pero su reestructuración, acarreará por su parte otros costos o su mero aplazamiento. 

Y la lección que se aprende de esta situación es típica, porque la prioridad frente a la crisis, parecen tenerla los bancos. El corralito implementado esta semana en Grecia, muestra que los ahorros de la gente, son ante toda eventualidad, dispuestos por las entidades financieras. 

La publicación inglesa de tinte liberal, The Economist, lo expresó claramente: "El primer problema es el sector bancario griego". Previo al corralito, el drenaje de depósitos llevó a que en un sólo día más de 1000 millones de euros fueran extraídos del sistema. En noviembre del año pasado, los depósitos privados se encontraban en 164 mil millones de euros, mientras que en mayo de este año se habían reducido en un 20%, fenómeno que se acrecentó con el llamado al referendum.

El ajuste igual se aplica

El tan mentado ajuste pretendido por la Troika y elevado el pasado 26 de junio, incluye una importante reforma fiscal que implica la suba del IVA y su extensión en varios conceptos, junto a la eliminación de ciertas exenciones impositivas y subsidios varios. En el marco de la propuesta de reforma del sistema de pensiones, se pretende un ahorro de entre el 0,25 y el 0,5% del PBI para este año y del 1% hacia el año 2016, en parte mediante el aumento de la edad jubilatoria a los 67 años y un incremento de las contribuciones. También se presentan propuestas de reforma en el ámbito de la administración pública, reducción del gasto militar, lo que de conjunto apunta a un achicamiento del gasto público y el aumento en la recaudación impositiva que permitan una reducción del déficit público. A su vez se propone la revisión de los convenios laborales existentes, y completar el proceso privatizaciones de activos públicos aún pendiente en torno a aeropuertos, puertos ytransporte. 

En respuesta a ello, Tsipras convocó al referéndum, y días después no se le pagó al FMI. Pero el gobierno griego plasmó que cedería frente a algunas de las medidas propuestas, solicitando al mismo tiempo la renegociación de los vencimientos de este año y la reestructuración del rescate, lo que en principio fue denegado por el Eurogrupo a pesar de disidencias internas según los trascendidos a la prensa. Así, mediante una carta a sus acreedores, Tsipras entre otras cosas aceptó la mayoría de las propuestas sobre el IVA, la reducción en gastos de defensa, aplicar la reforma previsional pero en octubre bajo la nueva legislación y un nuevo marco laboral a ser legislado también hacia septiembre-octubre. Pero la respuesta del resto de Europa fue la espera. En definitiva,los alcances de las reformas y renegociaciones de deuda quedarán supeditadas al resultado del referéndum. 

Nuevamente la extorsión al pueblo griego, teniendo en cuenta que en el último tiempo ya hubo un recorte en las jubilaciones y aumento de impuestos, y aun así el desempleo se encuentra en un 25% siendo de cerca del doble en la juventud. Los costos laborales se redujeron desde 2012, la economía se encuentra estancada y el déficit fiscal persiste. 

El NO de la población griega es el NO a este empeoramiento en sus condiciones de vida, donde la interpretación ulterior sobre si esto se logra dentro o fuera de la eurozona, con un ajuste más chico o más grande, no son más que re-significaciones de una decisión popular que ya pareciera no ser escuchada. Toda una garantía de que las movilizaciones seguirán su curso y el conflicto social está lejos aún de cerrarse.

Contagio

A pesar del plan de inyección de liquidez del Banco Central Europeo, las bolsas del viejo continente se encuentran estancadas, y el temor al contagio dentro de Europa y a lo largo de los países emergentes no es menor. La caída de los bonos europeos fue la respuesta ante el fracaso de las negociaciones en Grecia. En Europa, el más afectado fue el mercado bursátil de Portugal, y también se vislumbró una caída de los bonos a diez años de España e Italia y su típica contraparte de mayor resguardo en los bonos soberanos de Alemania. Pero con la respuesta de Tsipras de un ajuste más moderado y las propias disidencias dentro del Eurogrupo, se espera que algún tipo de acuerdo exista, y así, hacia fin de la semana los mercados reflejaron una reducción en los temores. Por ahora evitaron el pánico en los mercados, queda por verse cómo se desenvuelve el temor social del desarrollo de la crisis.

La propuesta todavía ignorada de Thomas Piketty

Ya en su libro El Capital en el Siglo XXI, el economista francés Thomas Piketty se refirió a la amenaza latente del default griego y, para evitarlo, propuso la aplicación de "un impuesto bancario europeo". La idea, según publicara el 28 de junio de 2011, era reconocer la necesidad de que la crisis produjera una quita de la deuda con los bancos pero sin la necesidad de atravesar la traumática experiencia de una cesación de pagos. Allí explica que el default resulta "imprevisible en sus consecuencias" y que, además, como resultado de los mercados derivados, la especulación con los seguros de default y el acceso privilegiado a la información que ostentan los grandes grupos financieros, sería esperable que, el costo de la quita los transfirieran fácilmente a los tenedores más pequeños e incautos. Allí asegura que "nadie sabe quién va a terminar pagando la cuenta", y explica que los "jugadores más importantes siempre se deshacen de los productos tóxicos a tiempo". Pero además, la preocupación del economista se refiere al impacto en  el sistema financiero en su conjunto que tendrá el default. "Un default griego podría causar desastres terribles", concluye. Para evitar eso propone "una tasa de esta naturaleza (que) podría ser el embrión, modesto pero real, de una nueva fiscalidad europea: los impuestos se crean en períodos de crisis y, justamente, para responder a una necesidad precisa". La aplicación indiscriminada podría tener los mismos efectos que el default, por eso, "para asegurarse de que sólo aporten los bancos que tengan los medios para hacerlo, se podría decidir que la tasa se base sólo en los beneficios".