El "No" a la extorsión planteada por la troika europea (FMI, BCE y CE) ha sido contundente. El pueblo griego se ha manifestado por el futuro. Como señaló la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Grecia decidía si seguía teniendo sueños para su porvenir o si se sometía a vivir cada vez más de rodillas. La respuesta democrática no ofrece dudas: a pesar de la intensa campaña mediática opositora avalada por la derecha griega y el bloque liberal-conservador europeo, del intento de sembrar pánico en la población, de las encuestas hechas a medida que hablaban de empate técnico, la voluntad popular se impuso.

"Tenemos un programa económico fiable, con un único criterio: la justicia social", ha sostenido Tsipras. Las palabras del primer ministro suenan esperanzadoras. Porque si el pueblo griego ha decidido seguir soñando, habrá que construir ese camino, que no será un lecho de rosas. Pero hay algunas lecciones que Syriza parece haber aprendido de la historia económica: no hay posibilidad de salir de la crisis sin justicia social, sin demanda efectiva. La otra cuestión inocultable, que el propio FMI reconoce en su último informe, es la insostenibilidad de la deuda griega, que supera el 175% de su PBI. Sobre esos pilares deberá pararse el gobierno griego frente a los acreedores, ahora con una carta cargada de futuro a su favor: el mandato popular. 

Qué otra cosa podríamos anhelar los argentinos más que esa también sea una lección histórica que los pueblos de Grecia y Europa hagan propia.

Si, por un lado, es indudable que la intención política de la troika apuntaba al debilitamiento y potencial caída del gobierno de izquierda griego, hoy ha quedado claro que la fortaleza de ese gobierno emana de la voluntad democrática de su pueblo. El mensaje democrático ha atravesado, asimismo, las fronteras griegas. La francesa Marine Le Penn afirmó que "este No del pueblo griego debe facilitar el camino para un nuevo planteamiento... Los países europeos deberían aprovechar lo ocurrido para juntarse en la mesa de negociación, tomar nota del fracaso del euro y la austeridad, y organizar la disolución del sistema de la moneda única." Desde España, los referentes de Podemos interpretaron que el mensaje de las urnas griegas es que "se quiere una Europa de justicia social, democrática, solidaria y de los pueblos, que respete los derechos de todos". 

Con un gobierno griego que alienta la vocación de alcanzar un nuevo pacto con Bruselas, donde puedan coexistir "una moneda común y la democracia", habrá que ver cómo responden la troika y, en particular, el BCE, a la solicitud del Banco de Grecia para una ampliación del límite de la línea de asistencia de liquidez de emergencia (ELA), que le permitiría tener liquidez, ya que una de las prioridades del gobierno heleno sería la reapertura de los bancos. 

El determinismo, en la historia como en la política, no existe. Pero de lo que podemos estar seguros hoy es de que el pueblo griego ha tomado en sus manos la opción de construir su propio destino despojándose de las ataduras que las instituciones europeas pretendieron imponer sobre su gobierno. Alguna vez sostuvo Eva Perón: "Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos." Qué otra cosa podríamos anhelar los argentinos más que esa también sea una lección histórica que los pueblos de Grecia y Europa hagan propia. Porque los argentinos sabemos, con 12 años de experiencia, que es posible levantar a una Nación sobre las cenizas del neoliberalismo cuando la política es guiada por el interés popular.